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Dios es la única esperanza

En su libro El puente sobre el Río Kwai, Ernest Gordon escribió sobre sus años como prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Este hombre, de alrededor de 1,90 metros de altura padeció malaria, difteria, fiebre tifoidea, beriberi, disentería y úlceras tropicales. Además, el trabajo forzado y la escasez de comida lo hicieron adelgazar rápidamente, hasta llegar a pesar menos de 45 kilos.

Mirar hacia adelante

Durante la Guerra Fría (1947–1991), una época de tensión entre las superpotencias del mundo, Albert Einstein dijo: «No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y piedras». Fue un momento de perspicacia que se centró en las consecuencias de decidir llevar a cabo una guerra nuclear. Sin considerar los motivos de tal decisión, los resultados serían devastadores.

¿Como qué se te conoce?

En el Imperio Romano, los paganos solían invocar el nombre de una deidad cuando apostaban en un juego de azar. Una de las deidades favoritas de los apostadores era Afrodita, el nombre griego de Venus, la diosa del amor. Mientras el dado rodaba, decían: «¡Epafrodito!», que literalmente significa «por Afrodita».

Descansar en eso

La parte que más disfruto de mi clase de gimnasia son los últimos cinco minutos, cuando nos acostamos sobre las colchonetas, con las luces bien bajas, para relajarnos. Una vez, mientras lo hacíamos, nuestra instructora dijo suavemente: «Piensen en un lugar donde puedan descansar». Entonces, pensé en el mejor sitio para «descansar» que mencionan las palabras de un himno de Cleland B. McAfee:

Recalculando

En un viaje por carretera con un amigo, todos los días usamos su dispositivo de navegación GPS como guía mientras conducíamos. Después de colocar el destino en la pantalla, una voz nos decía qué camino seguir y también cuándo y dónde debíamos girar. En ocasiones, al salirnos accidental o deliberadamente de la ruta, la voz decía: «Recalculando…». Después, nos indicaba cómo volver al camino correcto.

Causa verdadera

Un día, mi hijito exclamó: «¡Mamá, te amo!». Sentí curiosidad por saber qué incentiva a un niño de tres años, entonces, le pregunté por qué me amaba. Contestó: «Porque juegas conmigo a los autitos de juguete». Cuando quise saber si había alguna otra razón, dijo: «No. Eso solo». Su respuesta me hizo sonreír, pero también me indujo a pensar en cómo nos relacionamos con Dios. ¿Lo amo y confío en Él por las cosas que hace por mí? ¿Qué pasa cuando desaparecen las bendiciones?

Esencial y al revés

Los valores del reino que Jesús vino a establecer eran totalmente diferentes a los de Su época. Los fariseos y los maestros de la ley clamaban por ser el centro de la atención pública y buscaban que las multitudes los adularan. Muchos de nosotros todavía seguimos haciendo lo mismo.

Enfrentar el miedo

Una madre le pidió a su hijo de cinco años que fuera a la despensa a buscar una lata de sopa de tomate, pero él se negó y protestó, diciendo: «Está oscuro». La mamá le aseguró a Juancito: «Está bien. No tengas miedo. Jesús está ahí». Entonces, el niño abrió la puerta lentamente y viendo la oscuridad, gritó: «Jesús, ¿podrías alcanzarme una lata de sopa de tomate?».

Bendición inesperada

Noemí y Rut se unieron en circunstancias bastante desagradables. Para huir de una hambruna en Israel, la familia de Noemí se mudó a Moab. Estando allí, sus dos hijos se casaron con mujeres moabitas: Orfa y Rut. Después, su esposo y sus hijos murieron. En aquella cultura, las mujeres dependían de los hombres, lo que dejó a las tres viudas en circunstancias dificilísimas.

En resumen

Una vez, me puse a contar y descubrí que el Discurso de Gettysburg, de Abraham Lincoln, contiene menos de 300 palabras. Entre otras cosas, esto significa que no hace falta que las palabras sean muchas para que sean memorables.