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Se necesitan lágrimas

Después del terremoto en Haití, en el 2010, todos quedamos atónitos con las imágenes de la devastación y las dificultades de los habitantes de esa pequeña nación. Entre las numerosas fotografías desgarradoras, hubo una que me llamó la atención: una mujer con su mirada fija en la masiva destrucción… y llorando. Su mente no podía asimilar el sufrimiento de su pueblo; tenía el corazón deshecho y brotaban lágrimas de sus ojos. Era comprensible. A veces, llorar es la única reacción apropiada frente al sufrimiento.

El problema de los héroes

Cuando era niño, tenía un héroe: Pete Maravich, un jugador de baloncesto, con un alto porcentaje de anotación, que era un mago para manejar el balón.

Encontrar el libro

Un domingo, en la iglesia donde soy pastor, invité a tres niños a buscar varios rollos con versículos bíblicos que había escondido en el salón de cultos. Les dije que, cuando los encontraran y los leyeran en voz alta, les daría un premio. ¡Tendrías que haberlos visto! Corrían, movían las sillas, miraban debajo de los adornos y en las carteras de la gente (con permiso). No les resultaba fácil encontrarlos, pero lo hacían con entusiasmo. Su búsqueda diligente y su posterior hallazgo produjeron gozo en los niños, afianzamiento en la congregación y un sentimiento renovado de la importancia de la Palabra de Dios.

Un espíritu receptivo

Justo antes de que empezara el culto en la iglesia, oí a un joven detrás de mí que hablaba con la madre. Estaban mirando un artículo del boletín que desafiaba a leer un capítulo de Proverbios por día durante los meses de julio y agosto. Él preguntó: «¿Qué vamos a hacer con el capítulo 31 en agosto? Ese mes tiene solo 30 días». Ella le contestó que le parecía que agosto tiene 31 días. Él contestó: «No, solo tiene 30».

Cristo vive en nosotros

El triatlón Ironman [Hombre de hierro] consiste en nadar casi 4 km, recorrer 180 km en bicicleta y correr 42 km. Es una hazaña difícil de completar para cualquiera. Sin embargo, Dick Hoyt participó en la competición y la terminó acompañado de su hijo Rick que es físicamente minusválido. Mientras nadaba, arrastraba a Rick en un pequeño bote; en la bicicleta, este iba sentado delante de su padre; y durante la carrera, Dick lo empujaba en una silla de ruedas. Rick dependía de su padre para terminar la carrera, ya que no podía hacerlo solo.

Cuestión de perspectiva

¿Eres parte del problema o de la solución? Ya sea que esta pregunta se formule durante una junta de negocios, en una reunión de iglesia o en una discusión familiar, suele surgir de un sentimiento de exasperación al tratar de comprender por qué alguien ha actuado de determinada manera. Por lo general, la respuesta es una cuestión de perspectiva. Si hubiésemos estado entre los israelitas cuando salieron de Egipto después de 400 años de esclavitud, tal vez consideraríamos que Faraón era parte del problema… y lo fue. No obstante, Dios estaba viendo algo más.

Falta de disciplina

Vivimos en medio del bosque, así que, tenemos sol durante muy poco tiempo en el verano. Pero como nos encantan los tomates frescos, decidí intentar cultivarlos en macetas ubicadas en algunos lugares soleados.

Propuesta de matrimonio

Cuando estudiaba en la universidad, oí muchísimas historias sobre compromisos. Mis soñadoras amigas hablaban de restaurantes glamorosos, atardeceres en la montaña y paseos en carruajes tirados por caballos. También recuerdo sobre un muchacho que simplemente le lavó los pies a su novia. Su «modesta propuesta de matrimonio» demostraba que entendía que la humildad es vital en un compromiso para toda la vida.

La bondad del Señor

Hace algunos años, encontré un breve ensayo escrito por Sir James Barrie, un barón inglés. Allí describe íntimamente a su madre, la cual amaba profundamente a Dios y Su Palabra, y que, literalmente, había leído la Biblia hasta deshojarla. «Ahora es mía —escribió Sir James— y, para mí, los hilos negros con que la cosió son parte del contenido».

¡Métele!

Un programa de televisión en el Canal de Historia, mostraba los aeropuertos más peligrosos del mundo. El que me llamó la atención ya no opera, pero en una ocasión volé hacia allí. Coincido en que el Aeropuerto Kai Tak de Hong Kong era, sin duda, un recorrido estremecedor para los pasajeros y un desafío para los pilotos. Si uno llegaba desde una dirección, había que sobrevolar los rascacielos y, después, esperar que el avión se detuviera antes de caer al mar. Si se venía del otro lado, parecía que iba a chocar con una montaña.