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Amnesia de carácter

Al parecer, los jóvenes chinos están empezando a olvidar cómo escribir los caracteres que componen la hermosa caligrafía de su idioma tradicional. Algunos denominan este fenómeno «amnesia de carácter». El extendido uso de computadores y de teléfonos móviles suele significar que se descuida la escritura y que algunos ya no pueden recordar los caracteres que aprendieron en la niñez. Un joven dijo: «La gente ya no escribe más a mano, excepto el nombre y la dirección».

Bendita certeza

Mientras hablaba con un hombre cuya esposa había fallecido, me contó que un amigo le había dicho: «Lamento que hayas perdido a tu esposa». ¿Qué le contestó él? «Ah, no, no la perdí. ¡Sé exactamente dónde está!».

La misericordia de Dios

Hoy se cumple el décimo aniversario del ataque terrorista a los Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001. Es difícil pensar en aquella fecha sin que vengan a la mente imágenes de la destrucción, el dolor y la pérdida que inundó el país y todo el mundo después de semejante tragedia. La pérdida de miles de vidas iba acompañada de un profundo sentimiento de quebranto colectivo: la sensación de haber perdido la seguridad como nación. Esa angustia, tanto personal como corporativa, acompañará siempre el recuerdo de los sucesos de aquel día.

Buenos vecinos

Cuando el espacio aéreo en los Estados Unidos se cerró después del ataque del 11 de septiembre de 2001, los aviones tenían que aterrizar en el aeropuerto más cercano que se pudiera. Casi 40 aeronaves aterrizaron en Gander, Newfoundland. De pronto, esta pequeña comunidad canadiense casi duplicó su tamaño cuando llegaron miles de pasajeros horrorizados. Las familias ofrecieron sus hogares y los funcionarios convirtieron las escuelas, los hoteles, las iglesias y los auditorios en lugares para hospedarse. Los pasajeros que no podían volver a su casa quedaron pasmados ante la generosidad y amabilidad de la gente.

Nunca se sabe

Mientras estudiaba en el seminario, dirigí un campamento de verano para niños en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Cada mañana, empezaba el día con una breve historia en la que trataba de incluir un elemento del evangelio.

Relojes de carillón

En 1876, Henry Clay Work escribió la canción Mi reloj de pie. Describe un reloj de carillón que fielmente cronometra la vida de su dueño. La niñez, la adultez y la vejez, todo se observa desde la perspectiva de su amado reloj. El estribillo dice:

Centrarse en lo justo

Durante los últimos 135 años de la Liga Profesional de Béisbol de los Estados Unidos, solo 20 lanzadores completaron un juego perfecto. El 2 de junio de 2010, Armando Galarraga, de los Tigers de Detroit, habría sido el número 21, pero el error de un árbitro le negó el sueño de todo lanzador. La reproducción en vídeo mostró la verdad. Aunque el árbitro reconoció su error y se disculpó personalmente, la falta cobrada en el campo de juego no podía revertirse.

Medir el crecimiento

Cuando un alumno de una escuela secundaria trató de usar un termómetro para medir una mesa, su maestro quedó estupefacto. En 15 años como maestro, David había visto muchas situaciones lamentables y chocantes, pero no podía salir de su asombro al pensar cómo podía haber llegado ese estudiante a la escuela secundaria sin poder distinguir entre una regla y un termómetro.

Lo bueno de trabajar

Algunos cristianos crecen creyendo que el trabajo es algo malo, una maldición por el pecado de Adán y Eva. Si esta creencia equivocada no se corrige, puede hacer que la gente sienta que lo que hacen diariamente en su trabajo no es importante para Dios. O, al menos, que no es tan importante como la labor de los misioneros y los pastores. Génesis 1:26-31 nos enseña que esto no es cierto.

Mundo de las hormigas

Uno de los momentos más destacados de mi trabajo como rector de la universidad es la ceremonia de graduación. Un año, mientras caminaba hacia el salón de actos, me entusiasmaba pensar en que nuestros graduados estaban listos para salir a contarle al mundo sobre el poder transformador de la obra de Cristo. En el trayecto, observé unas laboriosas hormigas que se esforzaban por cumplir con su rutina. Pensé: ¡Hay cosas mucho más importantes que hacer que construir montículos de tierra!