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Él me cuida bien

Durante un tiempo de silencio antes del culto del domingo, la organista tocó un himno que yo no conocía. Lo busqué en el himnario y leí las palabras: «El Señor, mi Pastor, me cuida bien», una hermosa paráfrasis del Salmo 23:

Hasta la vista

Mi abuelo se negaba a decir «adiós»; le parecía que esa palabra era demasiado definitiva. Así que, cuando nos íbamos después de visitarlo, su ritual de despedida era siempre el mismo: De pie, delante de los verdes helechos que delimitaban su casa, saludaba con la mano y exclamaba: «¡Hasta luego!».

Un corazón por vez

El cuáquero John Woolman fue un predicador itinerante que lanzó su propia campaña para terminar con la esclavitud en Norteamérica durante la época colonial. Se reunía con personas que tenían esclavos para hablar de lo injusto que era apropiarse de la vida de otros seres humanos. Aunque no erradicó por completo la esclavitud, ciertamente persuadió a muchos amos para que liberaran a sus siervos. Su éxito se debió a la persuasión individual y personal. El libro de Filemón contiene una apelación similar. Onésimo era un esclavo que se había escapado de su amo Filemón, que era creyente en Cristo. Onésimo había sido salvo por la fe a través del ministerio de Pablo, y ahora este lo mandaba de regreso a ver a Filemón, acompañado de estas palabras: «quizá para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado» (vv. 15-16). Aunque no sabemos si Onésimo fue dejado en libertad, su nueva fe en Jesús había modificado la relación con su amo cristiano. Ahora, él también era hermano en Cristo. Pablo influía en este mundo de a una persona por vez.

¿Mis uñas o Su mano?

Las dificultades pueden hacernos modificar nuestras perspectivas. Hace poco, recordé esto mientras conversaba con una persona que estaba sufriendo: una madre que, como mi esposa y yo, había perdido una hija adolescente en una muerte repentina y sin preaviso.

Invertir en el futuro

Jason Bohn era estudiante universitario cuando convirtió un hoyo en un solo golpe jugando al golf y ganó un millón de dólares. Aunque otros podrían haber despilfarrado ese dinero, Bohn tenía un plan. Como deseaba ser profesional de ese deporte, usó el premio como un fondo para vivir y entrenarse, y mejorar su talento deportivo. El efectivo se convirtió en una inversión para su futuro, la cual le dio sus dividendos cuando ganó el torneo B. C. Open de 2005 de la PGA (Asociación de Golf Profesional). Sin duda, su decisión de invertir a largo plazo en vez de vivir el momento fue sabia.

¡Papá no dijo «Ay»!

Tengo un amigo que, una noche, estaba trabajando en la oficina de su casa tratando de terminar una tarea impostergable. Su hijita, que en ese entonces tenía unos cuatro años, jugaba alrededor del escritorio entreteniéndose con una cosa y otra, moviendo objetos de un lado para otro, abriendo los cajones y haciendo bastante ruido.

Carácter en juego

Un entrenador de fútbol americano de una universidad en el Bronx (en Nueva York) formó su equipo sobre las buenas cualidades del carácter. En lugar de poner el nombre de cada uno en la parte posterior de las camisetas, los jugadores del Maritime College tenían palabras tales como familia, respeto, responsabilidad y entereza. Antes de cada competición, el entrenador Clayton Kendrick-Holmes les recordaba a los integrantes de su equipo que jugaran guiados por esos principios.

La regla de Wooden

Un legendario entrenador de baloncesto de la UCLA tenía una regla muy interesante para su equipo. Cuando un jugador marcaba una canasta, debía reconocer al miembro del equipo que le había pasado el balón. Cuando dirigía en una escuela secundaria, un jugador le preguntó: «Entrenador, ¿eso no va a restar mucho tiempo?». Wooden respondió: «No estoy pidiendo que vayas corriendo y lo abraces. Solo basta con hacerle un gesto de aprobación con la cabeza».

Deuda de gratitud

Dave Randlett fue alguien del cual puedo decir: «Por causa de él, mi vida nunca será igual». Dave, que se fue al cielo en octubre de 2010, se convirtió en mi mentor cuando yo estudiaba en la facultad y estaba empezando a seguir a Cristo. Él no sólo invirtió tiempo en mi vida, sino que se arriesgó a darme oportunidades de crecer y aprender en el servicio para el Señor. Fue el instrumento de Dios para que yo tuviera posibilidades de predicar y viajar con un conjunto musical durante mis años de estudio. Como consecuencia, ayudó a moldearme y prepararme para una vida como maestro de la Palabra de Dios. Me alegra haber podido darle las gracias en varias ocasiones.

La manera de andar

Un programa de televisión que me gusta ver tiene un segmento llamado «cambio radical». Se eligen dos mujeres para acicalarlas durante tres horas y renovarles el peinado, el maquillaje y la vestimenta. La transformación suele ser asombrosa. Cuando la mujer aparece de detrás de una cortina, la audiencia da un grito sofocado y queda boquiabierta. A veces, los amigos y los familiares empiezan a llorar. Después de todo eso, la mujer con la nueva apariencia finalmente puede verse a sí misma. Algunas quedan tan estupefactas que siguen mirándose al espejo como si buscaran probar que son ellas realmente.