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Ayudar en los obstáculos

Cuando mi hija Debbie era pequeña, tomó clases de danza clásica. Uno de los ejercicios consistía en saltar sobre una colchoneta enrollada. En su primer intento, tropezó contra ese obstáculo. Por un instante, quedó sentada en el suelo, perpleja, y después empezó a llorar. De inmediato, salí corriendo a ayudarla y le dije algunas palabras para tranquilizarla. Luego, sosteniéndola de la mano, corrí con ella hasta que pudo saltar por encima de la colchoneta. Debbie necesitó que la animara para superar ese obstáculo.

Seguir dando fruto

A veces, la cosecha llega tarde. En ocasiones, uno siembra semillas de esperanza sin darse cuenta. Otras veces, el fruto de tu vida llega de una manera y en un momento totalmente inesperados.

Baja las manos

Creo que tengo grabadas las huellas digitales de mi madre en la rodilla por tantas veces que me apretó la pierna en la iglesia y me susurró frases conocidas como: «Quédate quieto». De niño, era muy inquieto; en especial, en lugares como la iglesia. Por eso, durante años, cuando leía: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…» (Salmo 46:10), pensaba que se refería a no estar inquieto.

Los menos poderosos

En la publicación en línea de 24/7 Wall St. apareció una extraña lista de Las 100 personas menos poderosas del mundo. Entre ellas, había ejecutivos de empresas, deportistas, políticos y celebridades que tenían una característica en común: solían ser poderosos. Algunos fueron víctimas de las circunstancias, otros tomaron malas decisiones de negocios, y otros dejaron de ser influyentes debido a su inmoralidad.

El momento oportuno

Pasaron unos cuantos meses hasta que comprendí que lo que consideré un encuentro casual había sido oportunamente programado por mi futuro esposo.

El costo de vivir

Cuando era joven, pensaba que vivir en la casa de mis padres era sumamente difícil. Al mirar atrás, me hace gracia darme cuenta de cuán ridículas eran mis quejas. Mis padres nunca me cobraron un centavo por vivir con ellos. El único «precio» era la obediencia. Simplemente, tenía que obedecer las reglas, como ser ordenada, amable, decir la verdad e ir a la iglesia. Nada de eso era difícil, pero, aun así, me costaba hacer caso. No obstante, mis padres no me echaron de casa cuando desobedecía, sino que siguieron recordándome que todo eso era para protegerme, no para perjudicarme. Incluso, a veces me imponían reglas más estrictas para protegerme de mí misma.

Estar satisfecho

Es difícil lograr contentamiento. Aun el apóstol Pablo, un héroe de la fe, tuvo que aprender a sentirse satisfecho (Filipenses 4:11). No era una característica natural de su personalidad.

Álamos temblones

Mientras visitaba la Península Superior de Míchigan, me llamaron la atención dos árboles. Aunque las hojas de los otros árboles que los rodeaban no se movían, las de estos ondeaban con la más mínima brisa. Se lo mostré a mi esposa, y ella me dijo que se llamaban álamos temblones. Quedé asombrado ante el efecto visual que producían esas hojas. Mientras todos los otros parecían calmos e inmóviles, las hojas de los álamos temblones ondulaban, aunque el viento fuera sumamente débil.

Punto de partida

Si uno conduce hacia el sur, desde nuestro hogar en Boise, Idaho, verá un cerro volcánico que se alza detrás de los árboles al este de la carretera. Este es el punto de partida desde donde se trazaron los límites del estado de Idaho.

La verdad en un taxi

Un día, cuando estaba en el centro de Chicago, tomé un taxi. Cuando subí, observé varias propagandas de un gurú de la Nueva Era pegadas en el asiento delante de mí. El chofer declaró que este místico era el «enviado divino» para nuestra época. Creía que Dios había designado diversos líderes a través de las edades, y que Jesús había sido simplemente el elegido para su generación.