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Gozo

El gozo se perdió cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios. Él los echó de su hogar en el huerto para evitar que sucediera algo peor. Si hubieran comido del árbol de la vida después de comer del de la ciencia del bien y del mal, habrían vivido en desgracia para siempre.

Veintisiete por ciento

La actitud de la gente frente a las profecías bíblicas varía muchísimo. Algunos creyentes están tan preocupados con ese tema que hablan permanentemente de los últimos acontecimientos mundiales y piensan que son señales bíblicas de que Cristo puede regresar en cualquier momento. A otros no les preocupa demasiado, y pareciera que la consideraran absolutamente irrelevante para la vida cristiana.

Yo lo inventé

Willard S. Boyle, premio Nobel de física, fue el co-inventor del «ojo electrónico» de la cámara digital y del telescopio Hubble. Un día, quería comprar una cámara nueva y fue a una tienda en Halifax, Nueva Escocia. El vendedor trató de explicarle la complejidad de la cámara, pero se detuvo porque le pareció que era demasiado complicado para que lo entendiera. Entonces, Boyle le dijo sin rodeos: No hace falta que me explique. Yo la inventé».

El círculo de los sabios

Hace tiempo, formaba parte del cuerpo de ancianos de una iglesia en California. Bob Smith, uno de ellos, era mayor que casi todos nosotros, y solía invitarnos a buscar la guía de la Palabra de Dios.

Sendero de lágrimas

Un suceso sumamente grave y trágico de la historia estadounidense fue el desplazamiento forzado de miles de aborígenes a principios del siglo xix. Después de haber cerrado acuerdos y luchado junto a la creciente población blanca, los echaron de sus tierras ancestrales. En el invierno de 1838, miles de indios cheroquis fueron obligados a marchar penosamente unos 1.600 kilómetros (1.000 millas) hacia el oeste; lo que se conoce como «El sendero de lágrimas». Esta injusticia causó la muerte de miles de personas, muchas de las cuales casi no tenían ropa, zapatos ni provisiones para semejante viaje.

Traición emocional

Hace unos años, otro hombre y yo leímos juntos Mateo 26, que habla de Jesús en el huerto de Getsemaní. «Estoy seguro de esto —dijo durante nuestra lectura—: si yo hubiera estado con Jesús en Getsemaní, no lo habría dejado solo. ¡Jamás me habría dormido!» Indignado, siguió: «¿Cómo podría alguien quedarse dormido al verlo tan turbado? ¡Prácticamente, estaba rogando que no lo dejaran!» (v. 38).

¿Por dónde voy?

Pedir que me indiquen el camino no es una de mis cosas favoritas. Siempre me parece que si sigo buscando, finalmente voy a encontrarlo. Por el contrario, mi esposa Martie siempre quiere preguntar de inmediato y no puede creer que yo no esté dispuesto a admitir que no tengo ni idea de dónde estoy. Al final, ella es la sabia. Llega a su destino rápidamente y sin angustia, mientras que yo termino perdido.

Por amor

El año pasado, recibí hermosos regalos de Navidad: pantalones para esquiar, una pulsera y un dispositivo electrónico de lectura. Pero lo que más disfruté fue el tiempo que compartí con otros… jugar con nueve sobrinos nietos que estaban de visita; asistir a la reunión de Nochebuena en la iglesia con mi sobrina, su esposo y su hijita de 18 meses; visitar a un compañero de trabajo jubilado y a su esposa que tienen algunos problemas de salud; celebrar la fiesta con viejos amigos; leer la historia de Navidad con mis seres amados. Todos estos fueron regalos especiales por el amor que compartimos.

¡Avanza! ¡Avanza!

Del otro lado de la calle, vi que un automóvil vacilaba cuando el semáforo se puso en verde. Entonces, de repente, una voz empezó a gritar: «¡Avanza! ¡Avanza! ¡Vamos, avanza!». El conductor pareció asustarse con los gritos, sin saber bien de dónde provenían. Entonces, lo vi… ¡el coche que estaba atrás tenía un altavoz que le permitía al chofer gritarles a los demás! Finalmente, el otro conductor recobró la calma y avanzó. Quedé pasmado ante la rudeza y la impaciencia de aquel hombre airado.

Simplemente niños

Cuando Darrel Blizzard terminó la escuela secundaria, dejó el orfanato donde creció e ingresó en el ejército norteamericano. La Segunda Guerra Mundial estaba en su apogeo, así que, pronto enfrentó responsabilidades que suelen darse a hombres mayores y más experimentados. Años después, le contó a un periodista que lo más grande que había conducido antes de convertirse en piloto de un B-17 de cuatro motores había sido un arado tirado por cuatro mulas. Ahora, con casi 90 años, afirmó: «Éramos simplemente unos niños volando esas cosas».