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Amor inalterable

El amor es la clave de las relaciones interpersonales que maduran. Las Escrituras revelan que debemos manifestar amor: amar a Dios con todo el corazón, amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y amar a nuestros enemigos. Pero es difícil hacerlo cuando no nos sentimos amados. Los hijos desatendidos, los cónyuges que se sienten ignorados y los padres distanciados de sus hijos, todos experimentan la angustia de una vida sin amor.

Amistad

La amistad es uno de los regalos más maravillosos de la vida. Los amigos verdaderos siempre procuran lo mejor los unos para los otros. ¡Y qué mejor que conozcan a Dios y que lo amen con todo el corazón, el alma y la mente! El pastor y mártir alemán Dietrich Bonhoeffer declaró: «La voluntad de Dios para la otra persona es lo que determina el objetivo de la amistad».

Sustituto innecesario

Mientras visitaba a mi hijo en San Diego, decidí ir a la iglesia Shadow Mountain a escuchar predicar al Dr. David Jeremiah. El domingo por la mañana, Esteban y yo nos levantamos temprano y viajamos durante una hora para llegar allí. Pero nuestra expectativa se convirtió en decepción cuando nos enteramos de que el pastor no había ido. Estaba predicando «otra persona», un sustituto.

¡Puedes triunfar!

El anuncio en la radio sobre un seminario sonó intrigante. El presentador dijo: «¡Puedes triunfar sobre la muerte… para siempre! Asiste a mi seminario y te mostraré cómo hacerlo». Por un instante, me pregunté qué método daría el orador para vencer la muerte y qué sugeriría. ¿Quizá algo relacionado con una dieta o ejercicios, o congelar el cuerpo? Sin embargo, después de escuchar un poco más, me di cuenta de que había dicho: «Puedes triunfar con la suerte… para siempre».

Grito de triunfo

Hace poco, leí sobre Aron Ralston, un excursionista que quedó atrapado solo en el fondo de un remoto cañón. Con escasas posibilidades de que lo encontraran y casi sin fuerzas, tuvo que tomar medidas drásticas para sobrevivir. En un momento de dolor insoportable, dio un grito agónico y de triunfo, ya que se había liberado y tendría la posibilidad de escapar y seguir viviendo.

Y era ya de noche

Durante un viaje de negocios, asistí a una reunión el jueves por la noche, durante Semana Santa; un culto de Comunión y Tinieblas, en una pequeña capilla iluminada con velas. Después de participar del pan y de la copa, se leyó en voz alta un pasaje del Evangelio de Juan, se apagó una vela y cantamos una estrofa de un himno sobre el recorrido de Jesús hacia la cruz. Esto se repitió catorce veces, hasta que la capilla quedó totalmente a oscuras. En silencio, nos arrodillamos para orar, y después, salimos uno tras otro sin hablar.

Fuera de contexto

Cuando un amigo empezó a hacer afirmaciones desesperadas y sin sentido, la gente se preocupó por él y empezó a consolarlo y a aconsejarlo. Resultó ser que simplemente estaba divirtiéndose mientras citaba letras de canciones fuera de contexto, solo para iniciar una conversación. Sus amigos perdieron el tiempo ofreciéndole ayuda que no necesitaba y consejos que no quería. Las consecuencias de las declaraciones distorsionadas de este muchacho no fueron graves, pero podrían haberlo sido. Al ocupar tiempo para responder a su falsa necesidad, alguien podría haber descuidado una situación realmente grave de otra persona.

El mundo del Padre

Cuando Amanda Benavides cursaba el segundo año en la Universidad Nazarena Point Loma, en California, empezó a reconsiderar sus perspectivas sobre la mayordomía cristiana de la Tierra. Había crecido pensando que tomar conciencia del medio ambiente no tenía nada que ver con su relación con Cristo. Todo cambió cuando la desafiaron a considerar el papel del creyente en el cuidado del planeta; en especial, en lo que respecta a alcanzar a los más necesitados.

Demasiado pesado

Cuando encendí mi automóvil en las oscuras horas de la mañana, observé el indicador del cinturón de seguridad en el tablero. Revisé si la puerta estaba bien cerrada y volví a abrochar mi cinturón, para hacer una prueba, pero la luz seguía encendida. Entonces, después de pensar un poco, extendí el brazo y levanté mi bolso del asiento del acompañante. La luz se apagó.

Entrégalo

Hace muchos años, cuando un joven amigo nos pidió prestado el automóvil, mi esposa y yo dudamos un poco al principio. Era nuestro coche. Nos pertenecía y dependíamos de él. Pero de inmediato, sentimos que debíamos compartirlo con él porque sabíamos que Dios deseaba que nos ocupáramos de los demás. Entonces, le dimos las llaves y fue a una iglesia a unos 45 kilómetros, para dirigir una conferencia juvenil. El Señor utilizó la reunión para que los jóvenes conocieran a Cristo como Salvador.