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«¡Qué Dios tan poderoso!»

Un día, mi nieta Katie, de tres años, sorprendió a sus padres con un toque de sabiduría teológica. Les dijo: «Ustedes dos tuvieron hermanas que murieron. Entonces, Dios las llevó al cielo para que estuvieran con Él. ¡Qué Dios tan poderoso!».

A la izquierda

Al haber nacido en un país donde se conduce por la derecha, me resulta interesante que, en otros, los automóviles avancen por el lado izquierdo del camino. Una vez, estando en Inglaterra, oí a un guía turístico de Londres que explicaba una posible razón de esta ley: «En el siglo xix, los peatones y los carros tirados por caballos usaban los mismos caminos. Cuando un carro estaba a la derecha, podía ser que el látigo de un jinete golpeara a un peatón. Para evitar este peligro, se promulgó una ley que exigía que todos los carros anduvieran por el lado izquierdo del camino, para que los caminantes no sufrieran ninguna lesión».

Amado para amar

La vida de Dietrich Bonhoeffer corría peligro cada día que permanecía en la Alemania de Hitler, pero, de todos modos, se quedó. Supongo que, al igual que el apóstol Pablo, anhelaba estar en el cielo, pero sabía que seguir donde estaba era el propósito de Dios en ese momento (Filipenses 1:21). Por eso, no se fue, y como pastor, lideró reuniones subterráneas y se opuso al régimen perverso de Hitler.

Superación personal

Tengo un amigo que parece ser mejor que yo en todo. Es más inteligente, reflexiona con mayor discernimiento y sabe dónde encontrar mejores libros para leer. Incluso, juega mejor al golf. Pasar tiempo con él me desafía a convertirme en una persona mejor y más reflexiva. Su patrón de la excelencia me incentiva a cosas más importantes.

Frutillas por doquier

Poco después de que mi esposo y yo nos mudamos a nuestra nueva casa, un hombre dejó un cajón de frutillas en la acera del frente. Le había puesto una nota donde decía que quería que la compartiéramos con los vecinos. Sus intenciones eran buenas, pero unos niños descubrieron el cajón antes que nadie y decidieron hacer una fiesta arrojándose frutillas junto a nuestra casa blanca. Cuando volvimos, vimos que unos muchachitos conocidos nos miraban desde detrás de una cerca. Habían «regresado a la escena del crimen», para ver cómo reaccionábamos ante semejante caos. Podríamos simplemente haberlo limpiado, pero para restaurar nuestra relación, nos pareció importante hablar con ellos y pedirles que nos ayudaran a quitar las manchas de frutilla.

Elige la vida

¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida? Esta pregunta me atormentaba mientras crecía. ¿Qué pasaría si no la descubría? ¿Y si no la reconocía? Su voluntad parecía como una aguja en un pajar: escondida, confundida con cosas parecidas, detrás de un sinnúmero de posibilidades falsas.

Chequear el aceite

Cuando les enseñé a mis hijas a conducir, incluí algunas instrucciones sobre el mantenimiento básico del automóvil. Visitamos una gasolinera donde aprendieron a revisar el nivel del aceite cada vez que ponían gasolina al coche. Hoy, después de muchos años, suelen recordarme mi repetida frase: «El aceite es barato; los motores son caros». Agregar un litro de aceite no es nada comparado con cambiar un motor.

¿Qué encierra un nombre?

Un amigo mío le escribió una carta a su bebé recién nacido, la cual quería que leyera cuando creciera: «Mi querido hijo, papá y mamá desean que encuentres la Luz y que la sigas siempre. Tu nombre chino es Xin Xuan. Xin significa fidelidad, satisfacción e integridad; xuan quiere decir calidez y luz». Él y su esposa escogieron cuidadosamente un nombre basado en las esperanzas que tenían para el niño.

Tienes un amigo

Una de las consecuencias irónicas del arrollador crecimiento de los medios de comunicación social es que, a menudo, nos aislamos cada vez más. Un artículo de Internet advierte: «Los que se oponen a llevar una vida primordial o exclusivamente en Internet sostienen que los amigos virtuales no sustituyen en forma adecuada a los de la vida real, y que […] los individuos que reemplazan con amigos virtuales los de carne y hueso se vuelven aun más solitarios y depresivos que antes».

Tomates gratis

Mientras ponía las bolsas con alimentos en la cajuela de mi automóvil, miré de reojo el vehículo de al lado. Sobre el asiento trasero, vi canastos llenos de tomates bien colorados, brillantes y grandes… con mejor aspecto que todos los que había visto en el supermercado. Segundos después, cuando apareció la dueña del auto, exclamé: «¡Qué tomates hermosos!». A lo que ella respondió: «Tuve una buena cosecha este año. ¿Le gustaría llevar algunos?». Sorprendida ante su disposición para compartir, los acepté gustosa. Me regaló varios tomates para que llevara a casa, ¡y sin duda, el sabor era tan bueno como su aspecto!