Sígueme
Los gimnasios ofrecen diferentes programas para quienes desean adelgazar o mantenerse saludables. Hay uno que solo se ocupa de personas que quieren perder, como mínimo, unos veinte kilos y desarrollar una vida sana. Una mujer que asistía a uno de esos gimnasios dijo que no iba más porque sentía que algunos la miraban y criticaban su cuerpo fuera de forma. Ahora hace ejercicio cinco días por semana y está logrando sus objetivos en un entorno positivo y acogedor.
Sorprendido por la gracia
Una mujer se quedó dormida en el sofá después de que su esposo se fue a acostar. Al rato, un intruso entró a hurtadillas en la casa por una puerta que habían dejado abierta; fue a la habitación donde dormía el hombre y cargó el televisor. En ese momento, el hombre se despertó y, al ver una figura, susurró: «Querida, ven a acostarte». El ladrón, asustado, dejó el televisor, tomó un montón de dinero del tocador y salió corriendo.
Dios es mi fortaleza
Los antiguos soldados babilonios no tenían nada de caballeros. Eran despiadados, fuertes y feroces, y atacaban como un águila atrapa su presa. No solo eran poderosos, sino que también estaban orgullosos de serlo. Podría decirse que adoraban sus habilidades para el combate. Como dice la Biblia: «[hacían] de su poder su dios» (Habacuc 1:11 LBLA).
¡Sorprendido!
El artista italiano Miguel Ángel era conocido por su temperamento exaltado y su técnica heterodoxa. Usaba obreros comunes y corrientes como modelos para sus santos, y lograba que quienes miraban sus cuadros se sintieran parte de la escena. La Cena en Emaús muestra a un posadero de pie entre Jesús y sus dos seguidores. Estos estaban sentados a la mesa cuando reconocieron que el Señor resucitado era quien estaba con ellos (Lucas 24:31). Uno de ellos va a ponerse de pie, mientras que la mano abierta del otro expresa su asombro.
Jamás olvidado
El escritor ruso Fyodor Dostoyevsky dijo: «El nivel de civilización de una sociedad puede determinarse al entrar en las cárceles». Con esto en mente, leí un artículo en línea que describía «Las ocho cárceles más temibles del mundo». En una de ellas, todos los presos están en confinamiento solitario.
Obituario de dos palabras
Antes de que Stig Kernell muriera, le dijo a la empresa fúnebre local que no quería un obituario tradicional. Este sueco, en cambio, indicó que solo publicaran una nota de dos palabras sobre su fallecimiento: «Estoy muerto». Entonces, cuando murió a los 92 años, eso fue lo que pusieron. La osadía y la sencillez de este aviso poco común captaron la atención de periódicos en todo el mundo. Con un giro extraño, la curiosidad internacional por el obituario de dos palabras de este hombre atrajo más atención sobre su muerte de lo que cabría esperar.
Prensa de aceitunas
Si visitas la aldea de Capernaum, junto al Mar de Galilea, verás muestras de antiguas prensas de aceitunas. Hechas de roca de basalto, tienen dos partes: una base y una rueda para moler. La base es grande, redonda y con una depresión circular. Las aceitunas se colocaban en esa depresión y se hacía girar la rueda, también hecha de roca pesada, para machacarlas y extraer el aceite.
Historias de una cabaña
La antigua cabaña de troncos era digna de una tapa de revista. Pero la estructura era solo la mitad del tesoro. En el interior, tenía las paredes adornadas con recuerdos de familia, y sobre la mesa había una canasta para huevos hecha a mano y una lámpara de aceite. De la puerta delantera, colgaba un desgastado sombrero de paja. El dueño dijo orgulloso: «Detrás de cada cosa, hay una historia».
Lo mejor está por venir
En nuestra familia, marzo significa algo especial, ya que comienza el torneo de baloncesto universitario. Nuestra gran afición a este deporte hace que miremos los partidos y alentemos entusiasmados a nuestros equipos favoritos. Si encendemos el televisor con tiempo, podemos escuchar a los comentaristas que hablan sobre lo que pasará y disfrutar de la sesión previa, donde los jugadores practican lanzamientos y calientan los músculos con sus compañeros de equipo.
Sol directo
A pesar de todo, lo sigo intentando. Las instrucciones de la etiqueta son claras: «Necesita sol directo». La sombra es lo que predomina en nuestro jardín; por lo tanto, no es apropiado para la planta que a mí me gusta por su color, la forma de las hojas, el tamaño y el perfume. De todos modos, la compro, la llevo a casa, la planto y la cuido muchísimo. Pero no está contenta allí. No basta con cuidarla y atenderla… necesita la luz del sol, cosa que yo no puedo darle. Pensé que podría compensar la falta de luz con alguna otra clase de cuidado, pero no sirve. Las plantas necesitan lo que necesitan.