En lugar de preocuparnos
Un hombre honesto y cumplidor de la ley recibió un mensaje de voz que decía: «Habla el oficial _________, de la seccional de policía. Por favor, llame a este número». De inmediato, el hombre empezó a preocuparse, por temor a haber hecho algo mal. Tenía miedo de devolver la llamada, y pasó noches sin dormir. El oficial nunca volvió a llamar, pero pasaron semanas antes de que aquel hombre dejara de preocuparse.
Un hombre común y corriente
William Carey fue un muchacho enfermizo, nacido en una familia humilde, cerca de Northampton, Inglaterra. Su futuro no prometía ser demasiado brillante. Pero Dios tenía planes para él. Contra todo pronóstico, se mudó a la India, donde realizó reformas sociales increíbles y tradujo la Biblia a varios idiomas. Amaba a Dios y a las personas, y logró mucho para el…
La gloria más grande
Augusto César es recordado como el primero y más grande emperador romano. Con habilidad política y poder militar, eliminó a sus enemigos, expandió el imperio y transformó la desordenada Roma en una ciudad de templos y estatuas de mármol. Los romanos se referían a él como el padre divino y el salvador del género humano. Al concluir sus 40 años de reinado, sus últimas palabras oficiales fueron: «Encontré Roma una ciudad de arcilla, pero la dejé una ciudad de mármol». Sin embargo, según su esposa, sus últimas palabras fueron: «¿Hice bien mi papel? Entonces, aplaudan cuando salgo».
Transformado y transformador
Los doctores Tani y Modupe Omideyi habían crecido en Nigeria y fueron a estudiar al Reino Unido. Tras haber sido transformados por la gracia de Dios, nunca imaginaron que serían utilizados para transformar a una de las comunidades más pobres de Inglaterra: Anfield, en Liverpool. A medida que ambos seguían fielmente al Señor y servían a su comunidad, Dios devolvió la esperanza a muchos. Lideran una iglesia vibrante y siguen desarrollando numerosos proyectos comunitarios que han transformado las vidas de innumerables personas.
Andar en la luz
Cuando la luna desapareció, la oscuridad cayó sobre nuestra aldea en el bosque. A los relámpagos que surcaban el cielo les siguieron ruidosos truenos y abundante lluvia. Despierto y con miedo, ya que era un niño, ¡imaginaba toda clase de monstruos horripilantes a punto de lanzarse sobre mí! Sin embargo, al amanecer, los ruidos habían desaparecido, el sol salió y la calma retornó mientras las aves cantaban jubilosas. El contraste entre la terrorífica oscuridad de la noche y el gozo de la luz del día era marcadamente notorio.
Ojos bien cerrados
Mi sobrino sabía que no tendría que haberlo hecho. Me daba cuenta porque ¡se le notaba en toda la cara! Cuando me senté para hablar con él de su error, cerró los ojos con todas sus fuerzas. Sentado allí, pensó —con su lógica de tres años de edad— que si no podía verme, yo no podía verlo tampoco. Y si él era invisible para mí, podía evitar la conversación (y las consecuencias) que sentía venir.
Está bien preguntar
Mi padre ha tenido siempre un sentido de la orientación envidiable. Instintivamente, sabe dónde están el norte, sur, este y oeste. Y siempre tenía razón… hasta la noche en que no la tuvo.
Año nuevo, prioridades nuevas
Siempre quise aprender a tocar el violonchelo, pero nunca encontré tiempo para tomar clases. O más precisamente, nunca me hice de tiempo. Pensé que tal vez en el cielo, pueda dominar ese instrumento. Mientras tanto, quise enfocarme en usar mi tiempo en las formas específicas en que Dios me ha llamado a servirle ahora.
El mensajero
«¡Tengo un mensaje para ti!» Una mujer que trabajaba en la conferencia a la que asistí me entregó un papel, y me pregunté si debía ponerme nerviosa o emocionarme. Pero cuando leí: ¡Tienes un sobrino!», supe que podía alegrarme.
Todas las cosas nuevas
Me intrigan las chatarrerías. Como me gusta trabajar con autos, voy seguido a una que está cerca de casa. Es un lugar solitario, donde el viento susurra entre las pilas de cosas descartadas que, alguna vez, fueron posesión preciada de alguien, pero que se rompieron, se desgastaron o, simplemente, no sirven más. Mientras camino, algún auto suele llamarme la atención, y me encuentro preguntándome sobre las aventuras que habrá tenido durante su «lapso de vida». Como un portal al pasado, cada uno tiene una historia que contar.