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La lista de Charlie

En mayo del 2009, cuando Charles Hayward murió, a los 87 años, dejó un legado para sus hijos y nietos. Él y su esposa Virginia habían servido fielmente como misioneros en India y en Sudáfrica durante muchos años. De todos modos, cuando cumplió 73 años, él comenzó a seleccionar y memorizar pasajes de la Biblia con el propósito de «acabar bien», con su mente llena de la verdad de Dios.

Silencio y confianza

En una de las columnas semanales de Joe Morgenstern sobre películas, en el Wall Street Journal, se refería al impacto de las grandes estrellas cinematográficas en escenas tomadas en primer plano y donde no decían absolutamente nada. «Las estrellas de cine —escribía él— pueden darse el lujo de no hacer casi nada en momentos cruciales porque, al haber ganado ya…

No te olvides

A veces, cuando salgo de casa para ir a trabajar, mi esposa me dice: «No te olvides de…». Un rato más tarde, en el transcurso del día, me llama y me pregunta: «¿Te acordaste?».

El barco

Un grupo de jóvenes que visitaba Jamaica en un viaje misionero estaba disfrutando de un tiempo libre y jugando al frisbee [disco volador]. Sin embargo, cuando alguien vio que un barco se había volcado en una playa cercana, el juego de pronto terminó y los jóvenes se arrojaron rápidamente al agua para ayudar.

Dilbert

El caricaturista y humorista Scott Adams se hizo famoso por su cómic llamado «Dilbert». En la década de 1990, también escribió un libro titulado El principio de Dilbert. Allí se burla de la tecnología, de las modas pasajeras en el liderazgo y de los gerentes incompetentes. Muchos se ríen a carcajadas por la manera en que estos temas del libro se vinculan con su entorno cotidiano de trabajo.

Pedacito de cielo

Hace un tiempo, mi esposa encontró a una mujer que necesitaba transporte. Al pensar que quizá Dios había preparado la situación, aceptó llevarla. En el trayecto, la mujer le contó que era creyente, pero que estaba luchando contra un problema de drogadicción. Mi esposa escuchó a esta angustiada mujer y luego le habló. Mientras le daba esperanzas sobre un mañana mejor, creo que, en cierta medida, esa mujer experimentó un pedacito de cielo en la tierra.

Amor tangible

La biblioteca Chester Beatty, en Dublín, Irlanda, alberga una maravillosa colección de fragmentos antiguos de la Biblia. Uno de ellos, muy pequeño, es una porción de Juan 19. Esta parte del Evangelio de Juan describe el momento en que Jesús, durante Su crucifixión, le habló a Su madre demostrando el amor que sentía por ella y el interés en su bienestar. Las palabras pertenecen al versículo 26, donde leemos: «Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo».

Zona protegida

Cuando los horrores de la guerra asolaron a los habitantes de Nanjing, en China, ni las mujeres se salvaron de la creciente violencia, y muchas fueron atacadas y asesinadas. En este entorno amenazador, Minnie Vautrin tomó medidas heroicas para impedir que las mujeres chinas fueran heridas. Mientras servía como misionera y maestra en Ginling College, en Nanjing, Minnie colaboró con el pueblo chino, misioneros, cirujanos y empresarios, y convirtió la escuela en una «zona protegida», un lugar de refugio para miles de mujeres y niñas.

Inclinarse hacia Dios

El Hermano Lawrence, cocinero en un monasterio del siglo xvii, me ha enseñado muchas cosas sobre cómo recordar de manera consciente a Dios. En su libro La práctica de la presencia de Dios, Lawrence menciona formas prácticas de «ofrecerle a Dios tu corazón una y otra vez durante el transcurso del día», incluso mientras se realizan tareas como cocinar o reparar zapatos. «La profundidad espiritual de la persona —decía él— no depende de cambiar las cosas, sino de modificar las motivaciones; es decir, hacer para Dios lo que comúnmente haces para ti».

Tiempo para ti

El historiador Casio Dion registró un acontecimiento revelador de la vida del emperador romano Adriano, que gobernó en 117–138 d.C.: «En una ocasión, cuando una mujer le hizo un pedido [a Adriano] mientras pasaba por allí durante un viaje, al principio él le dijo: “No tengo tiempo”; pero después, cuando ella exclamó, “entonces, deja de ser emperador”, él se volvió y le concedió una audiencia».