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Deuda de gratitud

Dave Randlett fue alguien del cual puedo decir: «Por causa de él, mi vida nunca será igual». Dave, que se fue al cielo en octubre de 2010, se convirtió en mi mentor cuando yo estudiaba en la facultad y estaba empezando a seguir a Cristo. Él no sólo invirtió tiempo en mi vida, sino que se arriesgó a darme oportunidades de crecer y aprender en el servicio para el Señor. Fue el instrumento de Dios para que yo tuviera posibilidades de predicar y viajar con un conjunto musical durante mis años de estudio. Como consecuencia, ayudó a moldearme y prepararme para una vida como maestro de la Palabra de Dios. Me alegra haber podido darle las gracias en varias ocasiones.

La manera de andar

Un programa de televisión que me gusta ver tiene un segmento llamado «cambio radical». Se eligen dos mujeres para acicalarlas durante tres horas y renovarles el peinado, el maquillaje y la vestimenta. La transformación suele ser asombrosa. Cuando la mujer aparece de detrás de una cortina, la audiencia da un grito sofocado y queda boquiabierta. A veces, los amigos y los familiares empiezan a llorar. Después de todo eso, la mujer con la nueva apariencia finalmente puede verse a sí misma. Algunas quedan tan estupefactas que siguen mirándose al espejo como si buscaran probar que son ellas realmente.

¿Ocupado para conocer a Dios?

Un día, mientras esperaba para abordar un avión, un extraño que me oyó decir que era capellán empezó a describirme cómo era su vida antes de conocer a Cristo. Dijo que estaba marcada por «el pecado y el ensimismamiento. Pero después, conocí a Jesús».

Quedarse sin fuerzas

Cuando era adolescente, solíamos ir con mi papá a cazar y pescar. En la mayoría de los casos, los recuerdos son agradables, pero, una vez, un viaje casi se convirtió en un desastre. Subimos en el automóvil a una montaña alta y acampamos en un lugar remoto. Después, papá y yo bajamos con dificultad por la ladera del cerro hasta una corriente de agua, para pescar. Después de una larga jornada de pesca bajo el sol ardiente, llegó la hora de volver al campamento, pero cuando emprendimos el regreso, papá se puso pálido. Estaba mareado y con nauseas, y se había quedado casi sin fuerzas.

El Dios olvidado

Cuando citamos el Credo Apostólico, decimos: «Creo en el Espíritu Santo». El escritor J. B. Phillips declaró: «Cada vez que expresamos [esto], queremos decir que creemos que [el Espíritu] es un Dios viviente, capaz de entrar en la personalidad humana y cambiarla, y dispuesto a hacerlo».

El gozo de recordar

Un amigo que tengo desde hace mucho describía los días próximos a su cumpleaños número 90 como «un tiempo […] para reflexionar un poco, mirar el espejo retrovisor de mi vida y dedicar muchas horas a lo que yo llamo “la gracia de recordar”. ¡Es tan fácil olvidar todos los caminos por los que el Señor me ha guiado! “No olvides ninguno de sus beneficios” (Salmo 103:2)».

El costo de pelear

En un documental sobre la Primera Guerra Mundial, el relator dijo que, si las bajas británicas ocasionadas por «la guerra para terminar con todas las guerras» marcharan en columnas de cuatro frente al monumento de guerra en Londres, la procesión llevaría siete días. Esta pasmosa descripción me perturbó al pensar en el terrible costo de los enfrentamientos bélicos. Si bien estos costos incluyen gastos monetarios, destrucción de propiedades y problemas económicos, nada se compara con la pérdida de seres humanos. Los que pagaron el precio más alto fueron los soldados y la población civil; precio que se multiplicó en forma exponencial con el dolor de los sobrevivientes. La guerra es costosa.

Libertad de elección

Cuando se supo que la fecha programada para el juego de fútbol americano más importante de 2011 coincidía con Yom Kippur (Día del Perdón), el departamento estudiantil de la Universidad de Texas les solicitó a los funcionarios de la escuela que cambiaran de día. Dijeron que era injusto hacer que los alumnos judíos tuvieran que elegir entre la competición clásica contra sus rivales de Oklahoma y la celebración del día más importante y sagrado del año para ellos. Pero la fecha no se modificó. Incluso en sociedades donde la gente goza de libertad religiosa, todavía se exige que las personas que profesan una determinada fe tomen decisiones difíciles.

Política: Sin sonrisas

Por lo general, nos dicen que sonriamos cuando alguien nos toma una fotografía. Pero en algunos lugares, se aplica la política de no sonreír en las fotos para el carné de conducir. Debido a los robos de identidad, estos departamentos de vehículos automotores verifican las fotografías nuevas que se toman para asegurarse de que no coincidan con otras que ya están en el sistema. Si alguien se fotografía con un nombre falso, un operador recibe una alarma. Entre 1999 y 2009, en un estado de los Estados Unidos se impidió que 6.000 personas obtuvieran licencias falsas. Pero ¿por qué no se puede sonreír? La tecnología reconoce una cara más fácilmente si la expresión facial de la persona es neutra.

¡Brilla!

Estaba frustrada de que, a pesar de mis repetidas solicitudes, las luces de la calle en el frente de mi casa seguían apagadas. Como no tenemos aceras y hay tanta distancia entre una luz y la otra, es importante que cada una funcione para iluminar en la oscuridad. Estaba preocupada porque temía atropellar a algún niño que iba a la escuela mientras yo salía del garaje temprano por la mañana.