Cuestiones del corazón
Nuestro corazón bombea a un ritmo de 70 a 75 latidos por minuto. Aunque suele pesar unos 300 gramos, un corazón saludable bombea unos 7.500 litros de sangre a través de casi 100.000 kilómetros de vasos sanguíneos cada día, y genera suficiente energía como para conducir un camión unos 30 kilómetros. En toda una vida, es el equivalente a un viaje de ida y vuelta a la luna. Un corazón saludable puede hacer cosas maravillosas. Por el contrario, si no funciona bien, todo el cuerpo se resiente.
¿De quién es el mérito?
Chris Langan tiene un coeficiente intelectual superior al de Albert Einstein. Moustafa Ismail tiene bíceps de casi 80 centímetros de diámetro y puede levantar 270 kilos. Se estima que Bill Gates tiene miles de millones de dólares. Los que tienen habilidades o posesiones extraordinarias pueden verse tentados a valorarse más de lo que deberían. Pero no hace falta ser increíblemente inteligentes, fuertes o adinerados para querer atribuirnos el mérito de nuestros logros. Cualquier hazaña, grande o pequeña, genera la pregunta: ¿De quién es el mérito?
Lágrimas de gratitud
En una reunión de la Cena del Señor a la que asistimos con mi esposa, se invitó a la congregación a pasar al frente a recibir el pan y la copa de mano de uno de los pastores o ancianos. Le hablaron a cada uno sobre el sacrificio de Jesús por ellos. Fue una experiencia conmovedora, durante un momento que a veces puede volverse rutinario. Cuando regresamos a nuestros asientos, observé cómo otros iban pasando lentamente y en silencio. Fue impactante ver cuántos volvían con lágrimas en los ojos. Para mí y para otros con los que hablé después, eran lágrimas de gratitud.
Me cambió la vida
Tras la muerte del pionero de la computación, Steve Jobs, en el 2011, más de 1.000.000 de personas en todo el mundo publicaron tributos en su nombre por Internet. El tema en común era el impacto que Jobs había producido en ellos. Afirmaban que sus vidas eran distintas gracias a sus innovaciones creativas, y anhelaban expresar su apreciación y su dolor. La pantalla de una tableta electrónica decía en letras grandes: iSad [Estoy Triste].
Árbol de reposo
El árbol solitario en el terreno frente a mi oficina era un misterio. Se habían podado hectáreas de árboles para que el agricultor pudiera cultivar maíz, pero uno seguía en pie, con las ramas extendidas. Pronto el misterio del árbol sin cortar se resolvió. Me enteré de que, tradicionalmente, los agricultores dejan un solo árbol en pie para que ellos y sus animales tengan un lugar fresco donde descansar durante el calor agobiante del verano.
«Si quieres»
Melina quería que su papá la ayudara, pero le daba miedo preguntarle. Sabía que cuando él trabajaba en su computadora, no quería que lo interrumpieran. «Quizás se enoje conmigo», pensó, así que no le preguntó.
Demasiado tarde
Sucede casi todos los semestres. Les digo a mis alumnos de primer año del curso de Lengua y Redacción en la universidad que tienen que mantenerse al día con las numerosas tareas, para aprobar la materia. Pero casi siempre, algunos no me creen. Son los que me envían desesperados e-mails después del último día de clase y me dan múltiples razones por no haber podido cumplir con el trabajo. Detesto hacerlo, pero tengo que decirles: «Lo siento. Es demasiado tarde. Reprobaste la materia».
Cristo en la tormenta
A los 27 años de edad, Rembrandt pintó la escena Cristo en la tormenta en el mar de Galilea, basada en la historia de Marcos 4. Con su distintivo contraste de luz y sombra, el cuadro muestra un bote pequeño que corre peligro de ser destruido por una furiosa tormenta. Mientras los discípulos luchan contra el viento y las olas, Jesús permanece impasible. No obstante, lo más extraño es la presencia en el bote de un décimo tercer discípulo, el cual, según los expertos en arte, se parece a Rembrandt.
Preguntas inquisitivas
Mientras viajaba en un tren, pocos años después de la guerra civil en los Estados Unidos, el general Lew Wallace se encontró accidentalmente con un colega del ejército, el coronel Robert Ingersoll. Este era uno de los agnósticos más notorios del siglo xix, y Wallace era un hombre de fe. Cuando la conversación entre ambos se centró en sus diferencias espirituales, el general se dio cuenta de que era incapaz de responder a las preguntas y las dudas del coronel. Avergonzado por su falta de conocimiento sobre su fe, Wallace empezó a escudriñar las Escrituras para hallar las respuestas. El resultado fue su exposición de la persona del Salvador en su clásica novela histórica Ben Hur: Una historia del Cristo.
Aprender a amar
Cuando Hans Egede fue a Groenlandia como misionero en 1721, no sabía el idioma inuit. Tenía un temperamento a menudo autoritario, y se esforzaba por ser amable con la gente.