Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Sé como Jesús

El pasajero alto pareció desplegarse al ponerse de pie en el pasillo del pequeño avión. Entonces noté el título de su libro: Sé como Jesús. Más tarde, vi a ese mismo hombre empujar a otros para tomar su equipaje del carrito. ¿Sé como Jesús? No sabía si era un «hermano» en la fe, pero me desconcertó ese acto de egoísmo que representaba mal a Jesús.

Al alcance de Dios

Condenada a cincuenta años en una prisión de máxima seguridad, una joven de dieciséis años permanecía en confinamiento solitario. Durante casi un año, no recibió visitas. En una actividad de evangelización en la cárcel, los guardias permitieron que un pastor ingresara a su celda. La joven escuchó el evangelio, entregó su vida a Jesús y pidió ser bautizada. Al principio, consideraron usar botellas de agua, pero luego el personal de la cárcel cerró toda la instalación y la llevó a una piscina portátil. Mientras el pueblo de Dios oraba, ella lloraba.

Sobrevivientes por la misericordia de Dios

Charles Joughin era marinero, y en 1912, fue empleado en un barco que salía de Inglaterra: el Titanic, que chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte. Joughin ayudó a muchos a subir a los botes salvavidas, pero él permaneció en la popa del barco hasta que se hundió. Milagrosamente, sobrevivió.

Un anhelo cumplido

Blas Pascal dijo que hay un «abismo infinito» dentro de nosotros que solo un Dios infinito puede llenar. Agustín oró: «Nos has hecho para ti, oh Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». David expresó que, como personas sedientas en el desierto, nuestro ser «anhela» a Dios (Salmo 63:1).

Interrupciones divinas

Por la mañana, Sara escribió su lista de tareas para el día, pero fue interrumpida por una familia que necesitaba recibir con urgencia una tarjeta de gasolina de la iglesia. Sara estaba ocupada, pero sabía que Dios quería que ayudara, así que aceptó llevarles la tarjeta al hotel donde la iglesia los había alojado unas semanas. Miró la dirección y notó que era más lejos de lo que pensaba. Se quejó ante Dios: ¡Voy a gastar demasiado combustible para llevarles esto!

Nuestro derecho de nacimiento en Cristo

El dueño de los Dallas Mavericks, de la NBA, le ofreció 100.000 dólares a un locutor radial de deportes de Chicago para que cambiara legalmente su nombre a «Dallas Maverick». Además, dijo que donaría otros 100.000 a la organización benéfica favorita del hombre. Después de reflexionar, el locutor se mantuvo firme y dijo que no. Explicó: «Estaría diciendo que haría cualquier cosa por dinero, y eso me incomoda. Mi nombre es mi derecho de nacimiento. Quiero preservar mi integridad y credibilidad».

En toda nación

Londres es una ciudad cosmopolita donde conviven personas de muchas naciones. Esta diversidad puede traer gran riqueza, tanto en comidas increíbles como en desafíos. Por ejemplo, me entristeció saber que algunos amigos de un país europeo se sentían los menos respetados en Londres porque su nación acababa de ser admitida en la Unión Europea. Se sentían ignorados, culpados por problemas y objetos de resentimiento por los trabajos que conseguían.

Fe y acusación falsa

Impulsado por poderosos vientos, el incendio arrasó durante días. El historiador Tácito describe una escena llena de gritos y ciudadanos huyendo. Casi dos tercios de Roma fueron destruidos. El emperador Nerón acusó falsamente a los creyentes en Jesús de haber iniciado el fuego. Los odiaba y los escogió como chivos expiatorios de la catástrofe, la cual, se rumoreaba, había sido ordenada por él.

Valentía para mantenerse firme por Jesús

En el año 155 d.C., un padre de la iglesia primitiva, Policarpo, fue amenazado con morir en la hoguera por su fe en Cristo. Él respondió: «Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y no me ha hecho ningún mal. ¿Cómo puedo ahora blasfemar contra mi Rey que me salvó?». Su respuesta puede ser una inspiración cuando enfrentamos pruebas extremas por nuestra fe en Jesús, nuestro Rey.

Un corazón ensanchado

En sus Confesiones, Agustín luchó con la idea de cómo era posible que Dios se relacionara con él. ¿Cómo podía el que creó el universo entrar en algo tan pequeño y pecador como su corazón? Pero le rogó a Dios que lo hiciera posible: «La casa de mi alma es estrecha. Ensánchala para que puedas entrar. ¡Está en ruinas! ¡Repárala! Contiene cosas que ofenderían tus ojos. Lo confieso y lo sé. Pero ¿quién la limpiará, o a quién clamaré sino a ti?».