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Fuera de contexto

Cuando un amigo empezó a hacer afirmaciones desesperadas y sin sentido, la gente se preocupó por él y empezó a consolarlo y a aconsejarlo. Resultó ser que simplemente estaba divirtiéndose mientras citaba letras de canciones fuera de contexto, solo para iniciar una conversación. Sus amigos perdieron el tiempo ofreciéndole ayuda que no necesitaba y consejos que no quería. Las consecuencias de las declaraciones distorsionadas de este muchacho no fueron graves, pero podrían haberlo sido. Al ocupar tiempo para responder a su falsa necesidad, alguien podría haber descuidado una situación realmente grave de otra persona.

El mundo del Padre

Cuando Amanda Benavides cursaba el segundo año en la Universidad Nazarena Point Loma, en California, empezó a reconsiderar sus perspectivas sobre la mayordomía cristiana de la Tierra. Había crecido pensando que tomar conciencia del medio ambiente no tenía nada que ver con su relación con Cristo. Todo cambió cuando la desafiaron a considerar el papel del creyente en el cuidado del planeta; en especial, en lo que respecta a alcanzar a los más necesitados.

Demasiado pesado

Cuando encendí mi automóvil en las oscuras horas de la mañana, observé el indicador del cinturón de seguridad en el tablero. Revisé si la puerta estaba bien cerrada y volví a abrochar mi cinturón, para hacer una prueba, pero la luz seguía encendida. Entonces, después de pensar un poco, extendí el brazo y levanté mi bolso del asiento del acompañante. La luz se apagó.

Entrégalo

Hace muchos años, cuando un joven amigo nos pidió prestado el automóvil, mi esposa y yo dudamos un poco al principio. Era nuestro coche. Nos pertenecía y dependíamos de él. Pero de inmediato, sentimos que debíamos compartirlo con él porque sabíamos que Dios deseaba que nos ocupáramos de los demás. Entonces, le dimos las llaves y fue a una iglesia a unos 45 kilómetros, para dirigir una conferencia juvenil. El Señor utilizó la reunión para que los jóvenes conocieran a Cristo como Salvador.

Tener esperanza para…

Aunque trato de que lo que veo en la actualidad no me perturbe, me tomó desprevenido el mensaje en la camiseta de una mujer que pasó a mi lado en un centro de compras. Las letras resaltadas declaraban: «Solo los imbéciles tienen esperanza». Sin duda, ser iluso o crédulo puede tornarse insensato y peligroso. La frustración y el quebrantamiento pueden ser el resultado trágico de un optimismo infundado. Pero carecer de esperanza es una perspectiva triste y cínica de la vida.

Procurar el premio

Todos los años, en marzo, la carrera Iditarod Trail se lleva a cabo en Alaska. Los conductores sobre sus trineos tirados por perros especiales recorren casi 1.700 kilómetros desde Anchorage hasta Nome. Los equipos competidores cubren esta gran distancia en un lapso de entre 8 y 15 días. En el 2011, John Baker batió el récord al tardar 8 días, 19 horas, 46 minutos y 39 segundos en completar el trayecto. El trabajo de equipo entre los perros y el conductor es extraordinario, y los participantes se esfuerzan tremendamente para vencer. El ganador recibe dinero y una camioneta nueva como premio. Pero después de tanta constancia en condiciones climáticas extremas, los elogios y los galardones tal vez parezcan insignificantes y efímeros.

Con valor eterno

En su batalla contra el cáncer, Steve Jobs, cofundador de la compañía Apple, declaró: «Recordar que pronto estaré muerto es la herramienta más valiosa que he descubierto para ayudarme a tomar las decisiones importantes de la vida. Las expectativas externas, el orgullo, el temor al ridículo o al fracaso y prácticamente todo lo demás se desvanece al enfrentar la muerte, y da lugar a lo que en verdad importa». Su sufrimiento influyó en sus decisiones.

Pensar en la lluvia

Mientras las lluvias torrenciales golpeaban la cabeza de las petunias que acababa de plantar, sentí pena por ellas. Quería meterlas en la casa para protegerlas de la tormenta. Cuando la lluvia paró, sus caritas miraban al suelo, inclinadas por el peso del agua. Parecían tristes y débiles. Sin embargo, a las pocas horas, se reavivaron y levantaron la cabeza hacia el cielo. Al día siguiente, estaban derechas, firmes y fuertes.

Primero lo primero

Cuando nuestra nieta Sara era muy pequeña, nos dijo que quería ser entrenadora de básquetbol cuando creciera, como su papá. Pero que todavía no podía serlo porque, en primer lugar, tenía que ser jugadora, y una jugadora tenía que ser capaz de atarse los cordones de los zapatos, ¡y ella todavía no sabía cómo!

No puedo hacerlo todo

Eliana, de cuatro años, estaba ayudando a su mamá a recoger algunas de sus cosas antes de ir a dormir. Cuando la madre le dijo que guardara la ropa que había sobre la cama, la niña no aguantó más. Se dio la vuelta, puso sus manitos en la cintura y exclamó: «¡No puedo hacerlo todo!».