La vieja y sabia lechuza
Hace años, un autor anónimo escribió un breve poema sobre los méritos de medir nuestras palabras:
El lenguaje del silbido
En La Gomera, uno de los islotes de las Islas Canarias, está resurgiendo un idioma que suena como el canto de un pájaro. En una tierra de valles profundos y grandes desfiladeros, los niños en las escuelas y los turistas aprenden sobre los silbidos que, hace tiempo, se usaban para comunicarse a más de tres kilómetros de distancia. Un cuidador de cabras que ha vuelto a usar este antiguo idioma con su rebaño, declaró: «Ellas reconocen mi silbido tanto como mi voz».
Urgencia del espíritu
En marzo del 2011, un devastador maremoto azotó Japón, y se llevó casi 16.000 vidas al arrasar pueblos y aldeas a lo largo de la costa. La escritora y poetisa Gretel Erlich visitó ese país para ser testigo de la destrucción y documentarla. Cuando se sintió incapaz de reportar lo que veía, escribió un poema sobre la situación. Más tarde, en una entrevista, declaró: «Mi viejo amigo William Stafford, un poeta ya fallecido, señalo: “Una poesía es una urgencia del espíritu”».
Advertencias repetidas
«Cuidado, la pasarela termina. Cuidado, la pasarela termina». Si alguna vez usaste una pasarela deslizante en un aeropuerto, tal vez hayas oído con frecuencia este anuncio.
Comida medieval
Hace poco, asistí a una conferencia sobre la Edad Media. En uno de los seminarios, preparamos varias comidas propias de la época medieval. Usamos morteros para triturar la canela y fruta para hacer jalea. Cortamos cáscara de naranja y la asamos con miel y jengibre para obtener una colación dulce. Machacamos almendras con agua y otros ingredientes para preparar leche de almendras. Por último, cocinamos un pollo entero para servirlo con arroz, como plato principal. Mientras probábamos todo, disfrutamos de una sabrosa experiencia culinaria.
Arraigado
Es probable que Joás se haya sentido confundido y atemorizado cuando le contaron sobre las maldades de su abuela Atalía, que había asesinado a sus hermanos para usurpar el poder del trono de Judá. Pero al bebé Joás lo habían escondido y mantenido a salvo de sus tíos durante seis años (2 Crónicas 22:10-12). Mientras crecía, disfrutó del amor y las enseñanzas de quienes lo cuidaban. Cuando tenía solamente siete años, lo coronaron rey secretamente y su abuela fue derrocada (23:12-15).
Ser conocido
Uno de los conflictos internos más difíciles que tenemos es nuestro deseo de ser conocidos y el temor a que nos conozcan. Como seres creados a la imagen de Dios, somos hechos para ser conocidos, por Él y por los demás. Sin embargo, debido a nuestra naturaleza caída, todos tenemos debilidades y pecados que no queremos que los demás descubran. Usamos la frase «lado oscuro» para referirnos a aspectos de nuestra vida que mantenemos escondidos. También empleamos dichos, tales como «trata de causar una buena impresión», para alentar a otros a revelar su mejor lado.
Contar su historia
Cuando el destacado autor Studs Terkel buscaba un tema para su próximo libro, uno de sus amigos le sugirió que escribiera sobre la muerte. Aunque al principio se resistió, la idea fue tomando gradualmente forma, pero su voz se volvió extremadamente real cuando su esposa, con quien había estado casado 60 años, falleció. Entonces, el libro se convirtió en una investigación personal: un ansia de saber qué hay después de la muerte y adónde acababa de ir su amada. Las páginas del libro son un conmovedor recordatorio de nuestra propia búsqueda de Jesús, y de las preguntas y preocupaciones que tenemos sobre la eternidad, mientras recorremos el sendero de la fe.
Dárselo a Dios
Heroína para una generación que creció después de la Segunda Guerra Mundial, Corrie ten Boom dejó un legado de piedad y sabiduría. Víctima de la ocupación nazi en los Países Bajos, sobrevivió para relatar su historia de fe y dependencia de Dios durante su horrendo sufrimiento.
Corazón de oración
Mientras viajaba en un avión con sus hijas de dos y cuatro años, una joven mamá se esforzaba por mantenerlas ocupadas, para que no molestaran a los demás. Cuando se oyó la voz del piloto por el intercomunicador dando los anuncios, la más pequeña dejó lo que estaba haciendo e inclinó la cabeza. Cuando el piloto terminó, ella susurró: «Amén». Como un tiempo antes se había producido una catástrofe natural, quizá la niña pensó que él estaba orando.