Ser sanado
Las uvas de la ira, la novela de John Steinbeck, ganadora del premio Pulitzer, comienza con una escena en Oklahoma, una zona arrasada por la sequía durante la Gran Depresión. Entre las semillas resecas y la tierra ahogada por el polvo, las mujeres miraban a los hombres para ver si se derrumbaban bajo tanta presión. Al ver que ellos estaban dispuestos a seguir adelante, ellas cobraron ánimo. Steinbeck escribe: «En lo profundo de su ser, las mujeres y los niños sabían que, si los hombres se mantenían enteros, ninguna desgracia sería demasiado tremenda». El tema no era la felicidad, ni la prosperidad ni la satisfacción, sino la entereza. Esto es lo que más necesitamos todos.
Acercarlos a Jesús
La lectura bíblica de Lucas 18 que habla acerca de los niños parecía rara en el servicio fúnebre de David Holquist. Después de todo, tenía 77 años cuando murió.
Tecnología de punta
En lo que respecta a las comunicaciones, la tecnología de punta invade cada vez más nuestro mundo. La popularidad de ciertas cosas como mensajes de texto, Twitter y Facebook puede hacer que algunos piensen que la Biblia es un producto antiguo. Las personas con mentalidad tecnológica podrían sentirse afectadas porque la Palabra de Dios no emite sonidos ni tiene gráficos ingeniosos. Pero lo cierto es que hay más capacidad tecnológica en la Biblia que en cualquier avanzada herramienta comunicacional que nuestro mundo conozca.
Nada me faltará
Antes de cumplir una semana de vida, los aguiluchos se peleaban por la comida. Ninguno era lo suficientemente fuerte como para mantener la cabeza erguida más de unos segundos, así que, los dos parecían pompones peludos con cabezas pegadas semejantes a borlas. Aun así, cada vez que los padres llevaban comida al nido, el más grande se apresuraba para darle un picotazo a su hermano e impedir que tomara un bocado. Su agresión habría sido comprensible si la comida hubiese sido escasa o si los padres no hubieran sido capaces de proveer lo que necesitaban. Pero nada podría haber estado más lejos de la verdad, ya que estaban siendo alimentados con peces de tamaño mucho mayor que el de ellos, y tenían más que suficiente para los dos.
Yo, mi, mío
En 1970, los Beatles comenzaron a trabajar en un documental cuyo objetivo era mostrar cómo elaboraban su música. Sin embargo, en lugar de revelar el proceso de creatividad musical, la filmación ponía de manifiesto un despliegue de interés personal y de confrontación. Los miembros de la banda estaban más interesados en sus propias canciones que en el progreso del grupo. Poco después de concluir ese proyecto, el conjunto se disolvió y dejó como resultado amistades destruidas y disputas.
Ofrenda digna
Me alegré mucho cuando un amigo mutuo le regaló una Biblia a mi vecina. Sin embargo, ella me dijo que había dejado de leerla ya que no podía entender por qué Dios había sido tan injusto como para rechazar la ofrenda de Caín. «Después de todo —dijo ella—, como era granjero, simplemente le presentó a Dios lo que tenía. ¿Esperaba Dios que él comprara alguna otra clase de sacrificio para ofrecerle?». Es lamentable, pero ella no había entendido la idea.
Fe prestada
Cuando iba a la escuela en Singapur, recuerdo que algunos de mis compañeros que habían puesto su fe en Jesús eran echados de sus casas por sus padres que no creían en Cristo. Sufrían por sus creencias, y esto hacía que tuvieran convicciones más profundas. Por el contrario, yo nací y fui criado en una familia cristiana. Aunque no experimenté persecuciones, también tuve que hacer propias mis convicciones sobre la fe.
Derrotar gigantes
En 1935, el equipo de debate de Wiley College, una escuela de Texas, pequeña, sin categoría y con alumnos de raza negra, inesperadamente derrotó a los campeones, todos de raza blanca, de la Universidad de Southern California. Un caso clásico del desconocido que triunfa sobre un gigante nacional.
El origami de Dios
Hace poco, asistí a una clase de origami, donde me enteré de que el término proviene de dos palabras japonesas que significan «plegar papel». En este proceso, se realizan pliegues y rayas en un trozo de papel para transformarlo en un pájaro u otro formato singular.
La ascensión
Cuando el esposo de mi vieja amiga y colega en la labor editorial sufrió un colapso y, posteriormente, murió, no existieron dudas de que había quedado sin vida. Hubo testigos. Lo mismo sucedió cuando murió Jesús. Sin embargo, en ese caso, tres días después, ¡Él resucitó de entre los muertos! No tenemos dudas de que es cierto porque hubo testigos que luego lo vieron vivo.