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¿Por dónde empiezo?

Hace varios años, iba conduciendo por la autopista cuando mi coche dejó de andar. Estacioné al costado del camino, salí del auto y abrí el capó. Mientras miraba el motor, pensé: ¿De qué vale todo esto?… No entiendo nada de automóviles. ¡Ni siquiera sé por dónde empezar!

Una virtud especial

En su libro Food in Medieval Times [Comidas en la Edad Media], Melitta Adamson escribe sobre los deleites culinarios en la Europa de aquella época. Carne de animales salvajes, pasteles, budines y otras comidas exóticas ilustran el placer creativo de preparar alimentos. Pero con todos estos manjares maravillosos hay un problema: comer en exceso. Esta tendencia se agravaba con el calendario cristiano, colmado de ayunos y de fiestas. En general, la glotonería seguía a la abstinencia alimentaria.

Apunta alto

Cuando mi hija y su familia vinieron a visitarnos, tuve la oportunidad de invitar a una salida de «hombres» a mi hijo y a mis dos yernos.

Dios en la iglesia

Me encanta leer los letreros de las iglesias; esos que uno ve en las carteleras al frente de los edificios. Hace poco, observé uno que decía: «Entre y experimente la presencia de Dios». Esta frase me llamó la atención, fundamentalmente porque es una promesa importante de hacer y a veces difícil de cumplir. Difícil porque, si no tenemos cuidado, nuestras congregaciones pueden reflejar más la presencia de su gente que la de nuestro Dios.

¡Hazlo ya!

Hace varios años, un amigo me llevó a un seminario especializado en motivación, que disfruté muchísimo. En vez de centrarse en el dinero y en el éxito, los líderes nos guiaron para que entendiéramos la singularidad de nuestra identidad y el propósito que tenemos en la vida. Después, nos proporcionaron algunos métodos útiles para una existencia eficaz. Me quedó en la mente un lema: «Hazlo ya». El principio que nos enseñaron fue que evitar una tarea requiere tanta energía como hacerla. Dejar las cosas para más tarde consume la fuerza; concretarlas produce alivio.

Una marca duradera

Caerleon es una aldea galesa con profundas raíces históricas. Fue uno de los tres lugares del Reino Unido donde las legiones romanas se apostaron durante la ocupación de Gran Bretaña. Aunque la presencia militar terminó hace unos 1.500 años, la impronta de esa ocupación todavía se observa en la actualidad. Gente de todo el mundo visita el fuerte militar, las barracas y el anfiteatro, recordatorios de la época cuando Roma gobernaba el mundo y ocupaba Gales.

Recuerda a Juan

Juan es un hombre humilde y analfabeto; sin embargo, Dios lo utilizó para iniciar el proceso de paz en Mozambique. Su nombre no se menciona en ningún documento oficial; lo único que hizo fue organizar un encuentro entre dos de sus conocidos: el embajador de Kenia Bethuel Kiplagat y un mozambiqueño. Pero esa presentación desencadenó los acontecimientos que condujeron a un tratado de paz, después de diez años de guerra civil.

Nunca me va a pasar

En 1995, el actor Christopher Reeve quedó paralítico tras un accidente mientras cabalgaba. Antes de esa tragedia, había representado en una película el papel de un parapléjico. Mientras se preparaba, Reeve visitó varias veces un centro de rehabilitación. Luego recordaba: «Cada vez que me iba de aquel lugar, decía: “Gracias a Dios que esto no es para mí”». Después del accidente, el actor se lamentaba de lo dicho, y agregaba: «Me abstraía tanto de esas personas que estaban sufriendo, y no me daba cuenta de que un segundo más tarde podía tocarme a mí». Y lamentablemente, para él, así fue.

Bondad sin fronteras

Uno de los mayores obstáculos para mostrar compasión es prejuzgar sobre quién creemos que la merece. Jesús relató una parábola para responder la pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?» (Lucas 10:29). Es decir, ¿quién merece nuestras acciones bondadosas?

¿Acopiar o acaparar?

Alfombras, lámparas, lavarropas y secarropas, incluso alimentos en los anaqueles… ¡todo estaba en venta! Un día, con mi esposo nos detuvimos en una casa donde se vendía toda clase de cosas. Quedamos pasmados ante la cantidad de artículos que había. Platos de todas clases cubrían la mesa del comedor; decoraciones navideñas llenaban el pasillo delantero; herramientas, autos de juguete, tableros de juegos de mesa y muñecas antiguas inundaban el garaje. Cuando nos fuimos, me pregunté si los dueños se mudarían, necesitarían desesperadamente dinero o se habrían muerto.