Categoría  |  Nuestro Pan Diario

¡Abre bien la boca!

Al comienzo de la primavera, mi esposa y yo presenciamos por la ventana de nuestra cocina un fascinante espectáculo de unas aves. Una pareja de mirlos, con paja en sus picos, entraba por una pequeña abertura en la casa de al lado. Un par de semanas después, nos deleitamos al ver cuatro avecillas que asomaban la cabeza por el agujero. Mamá y papá se turnaban para alimentar a los hambrientos bebés.

«¿Qué estás haciendo?»

Mientras estuvo en casa durante un tiempo, mi nieta Addie empezó a preguntar una y otra vez: «¿Qué estás haciendo, abuelo?». Ya sea que trabajara en la computadora, me pusiera los zapatos para salir, me sentara a leer o ayudara en la cocina, ella se ponía a mi lado y me preguntaba qué estaba haciendo.

¿Cuestión de opinión?

Vivimos en una era dominada por toda clase de encuestas de opinión pública. La multitud influye en la toma de decisiones, y hasta cierto punto es bueno. Los sondeos pueden informarnos sobre las experiencias de la gente con determinados productos, y esto nos ayuda a comprar mejor. También brindan a los funcionarios gubernamentales una idea de cómo se reciben sus iniciativas políticas. Mientras que la información recogida es una cuestión de opinión personal, puede servir para determinar qué decidir en diversas cuestiones.

Objetos perdidos

Hasta el día en que fui hallada, no sabía que estaba perdida. Hacía las tareas, como de costumbre. Pasaba de una actividad a otra, me distraía con una cosa y con otra. Pero, entonces, recibí un correo electrónico con el título: «Creo que eres mi prima». Cuando leí el mensaje de mi parienta, me enteré de que ella y otra prima habían estado buscando mi rama de la familia durante casi diez años. Esta otra prima le había prometido a su padre, poco antes de que este muriera, que buscaría a sus familiares.

Dios es la única esperanza

En su libro El puente sobre el Río Kwai, Ernest Gordon escribió sobre sus años como prisionero de guerra durante la Segunda Guerra Mundial. Este hombre, de alrededor de 1,90 metros de altura padeció malaria, difteria, fiebre tifoidea, beriberi, disentería y úlceras tropicales. Además, el trabajo forzado y la escasez de comida lo hicieron adelgazar rápidamente, hasta llegar a pesar menos de 45 kilos.

Mirar hacia adelante

Durante la Guerra Fría (1947–1991), una época de tensión entre las superpotencias del mundo, Albert Einstein dijo: «No sé con qué armas se peleará la Tercera Guerra Mundial, pero la Cuarta será con palos y piedras». Fue un momento de perspicacia que se centró en las consecuencias de decidir llevar a cabo una guerra nuclear. Sin considerar los motivos de tal decisión, los resultados serían devastadores.

¿Como qué se te conoce?

En el Imperio Romano, los paganos solían invocar el nombre de una deidad cuando apostaban en un juego de azar. Una de las deidades favoritas de los apostadores era Afrodita, el nombre griego de Venus, la diosa del amor. Mientras el dado rodaba, decían: «¡Epafrodito!», que literalmente significa «por Afrodita».

Descansar en eso

La parte que más disfruto de mi clase de gimnasia son los últimos cinco minutos, cuando nos acostamos sobre las colchonetas, con las luces bien bajas, para relajarnos. Una vez, mientras lo hacíamos, nuestra instructora dijo suavemente: «Piensen en un lugar donde puedan descansar». Entonces, pensé en el mejor sitio para «descansar» que mencionan las palabras de un himno de Cleland B. McAfee:

Recalculando

En un viaje por carretera con un amigo, todos los días usamos su dispositivo de navegación GPS como guía mientras conducíamos. Después de colocar el destino en la pantalla, una voz nos decía qué camino seguir y también cuándo y dónde debíamos girar. En ocasiones, al salirnos accidental o deliberadamente de la ruta, la voz decía: «Recalculando…». Después, nos indicaba cómo volver al camino correcto.

Causa verdadera

Un día, mi hijito exclamó: «¡Mamá, te amo!». Sentí curiosidad por saber qué incentiva a un niño de tres años, entonces, le pregunté por qué me amaba. Contestó: «Porque juegas conmigo a los autitos de juguete». Cuando quise saber si había alguna otra razón, dijo: «No. Eso solo». Su respuesta me hizo sonreír, pero también me indujo a pensar en cómo nos relacionamos con Dios. ¿Lo amo y confío en Él por las cosas que hace por mí? ¿Qué pasa cuando desaparecen las bendiciones?