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Angustia de la A a la Z

Jerusalén estaba envuelta en llamas, y el profeta Jeremías lloraba. Durante mucho tiempo, habían desoído sus predicciones sobre el juicio divino. Ahora, su terrible profecía se había cumplido de un modo vívidamente horrendo. El breve libro de Lamentaciones registra la angustia del profeta ante la destrucción de Jerusalén.

Sé tú mismo

Mientras esperaba para hacerme un análisis de rutina en un hospital local, noté que, en la pared, había una plaqueta de Cristo crucificado. Más tarde, una enfermera me hizo varias preguntas administrativas, y entre ellas: «¿Tiene alguna necesidad espiritual que le gustaría compartirle a un capellán?». Le agradecí por haberme preguntado, lo cual es inusual en el mundo actual. Ella respondió que era un hospital basado en la fe y que: «esa es parte de nuestra misión». Me impactó que no tuvieran miedo de ser quienes son en medio de una sociedad progresivamente secular y pluralista.

El camino a la bendición

Robin y Esteban desarrollan un ministerio de consejería que les proporciona muy pocos ingresos. Hace poco, un problema familiar los obligó a hacer un viaje de unos 8.000 kilómetros en su vieja camioneta.

Verdadera seguridad

Durante la Guerra Fría, un período de malestar entre las dos potencias mundiales más grandes en la segunda mitad del siglo xx, los estadounidenses vivían bajo la amenaza de una guerra nuclear. Recuerdo que, durante la crisis de los misiles en Cuba, en 1962, parecía que Estados Unidos estaba al borde del aniquilamiento. Para un alumno de sexto grado, era una situación muy angustiante.

Es todo por Él

Cuando Silvia se comprometió para casarse, su amiga Ana, que era soltera, lo festejó con ella. Organizó una fiesta para su amiga, la ayudó a elegir el vestido de novia, la escoltó por el pasillo de la iglesia el día de la boda y estuvo a su lado durante la ceremonia. Cuando Silvia y su esposo tuvieron hijos, Ana celebró el nacimiento de los niños y se regocijó con las bendiciones de su amiga.

Esperar…

En Michigan, en los Estados Unidos, el otoño es la temporada de caza. Durante algunas semanas, todos los años, los cazadores con licencia pueden entrar en los bosques para cazar diversas especies de animales. Algunos construyen casillas elaboradas en lo alto de los árboles y se sientan en silencio durante horas esperando que un ciervo se detenga donde puedan alcanzarlo con un disparo.

¡Qué gran vecindario!

El lugar donde vives demanda ciertas cosas en cuanto a cómo hacerlo. En mi vecindario, el camión recolector de basura pasa los martes por la mañana, así que, estoy encargado de sacar el cesto de residuos la noche anterior. A los vecinos les desagrada que se dejen pilas de basura en la acera durante días. Además, muchos niños juegan fuera de la casa; por lo tanto, hay carteles por todas partes que les recuerdan a los conductores que circulen lentamente. Esto significa que yo conduzco despacio y tengo cuidado porque los pequeños corren sin mirar tras los balones que se les van a la calle.

Surcos derechos

¡Es el primer día que subo al tractor! Una fresca brisa matinal corre por la planicie. Los grillos y el silencio del campo ceden ante el crujir del motor. Después de apoyar el arado en la tierra, empiezo a recorrer el terreno. Bajo la vista para mirar los indicadores y la palanca de cambios, aprieto el frío manubrio de acero y admiro el poder que tengo. Al final, me doy vuelta para ver los resultados: en vez de la línea perfectamente recta que esperaba encontrar, vi algo parecido a una serpiente que se deslizaba, con más curvas e inclinaciones que el Circuito de Indianápolis.

Aguas torrentosas

Mientras estaba en Brasil, fui a visitar las Cataratas del Iguazú, uno de los saltos de agua más maravillosos del mundo. Las masivas cascadas dejan sin aliento, pero lo que más me impresionó del lugar no fue ni el panorama ni el agua que salpicaba, sino el ruido. Era más que ensordecedor; sentí como si el propio sonido me hubiese estado envolviendo. Fue una experiencia asombrosa que me hizo recordar lo pequeño que soy comparado con todo eso.

Paz en las crisis

Ted, uno de los ancianos de nuestra iglesia, solía trabajar como oficial de policía. Un día, después de responder a un aviso de violencia, contó que la situación se puso difícil y su vida corría peligro. Un hombre había apuñalado a otro y, luego, con amenazas, lo apuntó con el cuchillo. Otro policía se había apostado en el lugar y le disparó al agresor cuando este atacó a Ted. El criminal fue atrapado, pero mi amigo recibió un disparo durante el enfrentamiento. Mientras lo llevaban al hospital en la ambulancia, sintió que el Espíritu Santo le inundaba el alma con grandes oleadas de paz. Estaba tan tranquilo que pudo expresarle palabras de consuelo al otro oficial encargado de hacer cumplir la ley que estaba emocionalmente consternado por la crítica situación.