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Lo mejor de la vida

Un antiguo adagio dice: «Las mejores cosas de la vida son gratis». Hay mucha verdad en esto. No obstante, algunas personas creen que lo mejor de la vida es costoso o quizá inalcanzable. Hace poco, vi un cartel que me hizo sonreír y pensar. Decía: «Las mejores cosas de la vida no son cosas». ¡Qué forma tan maravillosa de expresarlo! El valor de la familia, los amigos y la fe hacen que nos demos cuenta de que lo que más importa en la vida se encuentra en las personas y en el Señor.

¿Qué problema hay?

Al césped de mi casa le pasaba algo raro. No podía descubrir qué era, pero sabía que alguna cosa lo estaba dañando.

Estudio del lenguaje

El Dr. Deb Roy, investigador en ciencia cognitiva del Instituto Tecnológico de Massachusetts, registró los primeros tres años de la vida de su hijo para aprender cómo adquieren el lenguaje los seres humanos. Junto con su esposa, equiparon su casa con dispositivos de grabación, los cuales usaron para compilar más de 200.000 horas de material de audio y video. Después de acumular, resumir y editar las grabaciones, pudieron oír que sonidos emitidos por el bebé, tales como «gaga», se convirtieron en palabras, como «agua».

Abrir nuestro hogar

En Más allá de tu vida, Max Lucado escribe: «La hospitalidad abre la puerta a una comunidad fuera de lo común. No es casualidad que hospitalidad y hospital procedan de la misma palabra en latín, porque ambas llevan al mismo resultado: curación. Cuando le abres la puerta a alguien, estás mandando este mensaje: “Nos importas a mí y a Dios”. Puede que pienses que lo que estás diciendo sea: “Ven a hacernos una visita”. Pero lo que tu invitado oye es: “Valgo la pena”».

Dos lecciones aprendidas

Unas semanas después de escribir un artículo para Nuestro Pan Diario sobre la importancia de obedecer la ley, emprendí un viaje de unos 1.350 kilómetros… decidido a mantenerme dentro de los límites de velocidad indicados. Mientras salía de un pequeño pueblo de Nuevo México, estaba más preocupado por desenvolver un emparedado que en mirar las señales de tránsito, y me aplicaron una multa por exceso de velocidad. Aquel día, mi primera lección fue que el no prestar atención cuesta lo mismo que pasar deliberadamente por alto la ley. ¡Y todavía me quedaban 1.200 kilómetros por recorrer!

Safari de hormigas

En su libro Adventures Among Ants [Aventuras entre hormigas], Mark Moffett reflexiona sobre cómo le fascinaban las hormigas durante su infancia… un interés que perduró hasta que se convirtió en adulto. La preocupación de Moffett lo llevó a obtener un doctorado en Harvard y, después, a embarcarse en un viaje por todo el mundo como experto en el tema. Sus estudios le han dado conocimientos profundos y maravillosos sobre estas laboriosas criaturas.

Invisible y misterioso

A menudo, en todo el mundo se experimentan los efectos dramáticos de algo que nadie puede ver. Por ejemplo, en 2011, varias ciudades fueron devastadas por tornados que arrasaron vecindarios y distritos industriales. Además, durante las temporadas de huracanes, cuando vientos de más de 160 kilómetros por hora amenazan con destruir todo lo edificado, nos horrorizamos.

Dulces sueños

La fotógrafa Anne Geddes ha convertido las fotos de bebés dormidos en una modalidad artística. Con ellas, provoca sonrisas. No hay mejor imagen de paz que la de un niño dormido.

Está bien preguntar

Es perfectamente natural que el temor y las dudas invadan a veces nuestra mente. «¿Y si, después de todo, el cielo no es real?» «¿Es Jesús el único camino a Dios?» «Al final, ¿importará cómo haya vivido mi vida?» Esta clase de preguntas no deben responderse de manera rápida ni trivial.

¿Quién está detrás?

En un espectáculo cultural en Bandung, Indonesia, disfrutamos de la interpretación de una orquesta maravillosa. Antes del final, a cada una de las 200 personas de la audiencia se le entregó un angklung, un instrumento musical hecho de bambú. Nos enseñaron cómo sacudirlo siguiendo el ritmo que indicaba el director. Al poco tiempo, pensábamos que estábamos tocando como una orquesta; ¡nos sentíamos tan orgullosos de lo bien que lo hacíamos! Pero después, me di cuenta de que no éramos nosotros los buenos, sino que todo era mérito del director.