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No alcanzó

Una de las modas de la década de 1970 en los Estados Unidos eran los saltos en motocicleta. Esta tendencia llegó a su punto máximo (y mínimo) el 8 de septiembre de 1974. Miles de espectadores se reunieron en el Cañón del Río Snake, en Idaho, para ver si Evel Knievel podía saltar el abismo en una «motocicleta del cielo» especialmente diseñada. Sin embargo, fracasó. Knievel solo había recorrido parte del trayecto cuando su paracaídas se abrió y lo depositó en el fondo del cañón. Algunos espectadores preguntaban: «¿Hasta qué distancia llegó?». Pero esa no era la idea. La realidad es que no llegó hasta el otro lado; es decir, no alcanzó su objetivo.

Rótulo de advertencia

Hoy todo viene con etiquetas de advertencia; desde artefactos nuevos hasta juguetes. Incluso los medicamentos contienen prospectos con letra pequeña sobre los posibles malos efectos.

Ojo en el cielo

Es complicado crear un sistema mediante el cual un «ojo en el cielo» ayude a guiar automóviles, aviones y barcos todo el tiempo. Por ejemplo, los GPS que la mayoría de la gente conoce funcionan porque hay entre 24 y 32 satélites girando permanentemente alrededor de la Tierra a una altura de poco más de 20.000 km (12.500 millas). Esos satélites deben mantener una velocidad y una altura constantes para proporcionar indicaciones precisas.

Cada día

En 1924, un chico llamado Johnny, al que le encantaba jugar al baloncesto, terminó la escuela primaria en una pequeña escuela rural. Su padre, rico en amor, pero con poco dinero para hacerle un regalo en su graduación, le dio una tarjeta donde había escrito su credo personal de siete puntos y lo alentó a empezar a cumplirlo diariamente. Tres de esos puntos decían: Bebe profundamente de libros buenos; en especial, de la Biblia. Haz de cada día tu obra maestra. Ora pidiendo dirección y da gracias diariamente por tus bendiciones.

Descripción de Dios

Las oraciones de los niños nos muestran lo que piensan de Dios. Aquí aparecen dos ejemplos que leí recientemente en un artículo:

Imposible esconderse

Sentí olor a quemado, así que, fui corriendo a la cocina. No había nada en las hornillas ni en el horno. Mi nariz me guió por toda la casa. Recorrí todos los cuartos hasta que, finalmente, bajé las escaleras. El olfato me llevó a mi oficina y, después, a mi escritorio. Miré hacia abajo y allí, mirándome fijamente con sus ojos grandes que pedían ayuda, estaba Maggie, nuestra perra, nuestra terriblemente «fragante» mascota. Lo que olía a quemado desde arriba era ahora un inconfundible olor a zorrino. Maggie había ido hasta el rincón más escondido de nuestra casa para huir del olor nauseabundo, pero no podía alejarse de ella misma.

¿Dijiste que no?

«Muy bien, estas son las reglas —dijo Marty—. Pueden hacer todo lo que quieran, donde quieran y cuando quieran, hasta que alguien les diga que no».

Arriesgarse por Jesús

Durante su entrenamiento, Desmond Doss irritó a su instructor y a los demás soldados. Pacifista por convicción, se negó a llevar un arma a la batalla, y esto hizo que sus compañeros dudaran de su valentía. Medico de oficio, el joven creyente no dudó en enfrentar el combate, pero su meta era salvar vidas.

Fiel hasta la muerte

La Galería de Arte Walker, en Liverpool, Inglaterra, exhibe un cuadro de un soldado romano que vigila con lealtad la antigua Pompeya. Está inspirado en un descubrimiento arqueológico en esa ciudad de un soldado romano con toda su vestimenta militar y cubierto de cenizas. La erupción del volcán Vesubio, en el 79 d.C., cubrió la ciudad de lava y atrapó en un instante a la gente y su cultura. La pintura Fiel hasta la muerte da testimonio de la permanente vigilia del centinela, aun cuando a su mundo lo envolvía una muerte atroz.

Ante el miedo

Nunca olvidaré mi temor cuando era niño de que la ropa puesta en mi silla se convirtiera en una especie de dragón después de que se apagaran las luces de mi cuarto. Mi temprana experiencia de insomnio producido por el miedo me recuerda que, cuando las dificultades golpean a nuestra puerta, el temor no es el mejor amigo. Impide que avancemos y que hagamos lo correcto… a menos que tengamos los ojos puestos en Jesús.