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Verdadero compañerismo

Usain Bolt y Yohan Blake, de Jamaica, hicieron historia cuando terminaron primero y segundo, respectivamente, en las carreras de 100 y 200 metros para hombres en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. A pesar de su rivalidad en la pista, Bolt elogió a Blake como compañero de entrenamiento: «A través de los años, Yohan me ha convertido en un mejor deportista. Sin duda, me ha incentivado y mantenido en actividad constantemente». Es evidente que ambos se estimularon mutuamente para destacarse en el atletismo.

Contarlo desde lo alto

Me sorprendió ver un artículo en un periódico de gran tirada que elogiaba a un grupo de jóvenes que practican snowboard y que tienen reuniones cristianas semanales en la ladera de una montaña. La historia escrita por Kimberly Nicoletti en un periódico atrajo una gran audiencia con su relato sobre este grupo que ama practicar este deporte y contar cómo Jesús les cambió la vida. A estos jóvenes los respalda una organización juvenil cristiana que los entrena para demostrar el amor de Dios.

Tapar grietas

A finales de mayo del 2010, la tormenta tropical Ágata golpeó América Central y produjo lluvias torrenciales y deslizamientos de tierra. Cuando terminó, en el centro de la ciudad de Guatemala se abrió una grieta de 60 metros de profundidad, que produjo un repentino movimiento del suelo y, como consecuencia, hizo que la tierra se tragara postes de electricidad y un edificio de tres pisos.

La hora undécima

Muchos han calificado la Primera Guerra Mundial como uno de los conflictos más letales de la historia humana. Millones perdieron la vida en ese primer enfrentamiento bélico global de la era moderna. El 11 de noviembre de 1918, se declaró un cese de hostilidades; a las once horas del día undécimo del undécimo mes. Durante ese histórico momento, millones de personas en el mundo entero guardaron unos instantes de silencio mientras reflexionaban sobre el costo terrible de la guerra: la pérdida de vidas y el sufrimiento. Se esperaba que «la Gran Guerra», como se la denominaba, pusiera fin a todas las demás.

Se necesitan ayudantes

Para algunos, la palabra ayudante tiene connotaciones de ser algo de segunda clase. Los ayudantes de cátedra asisten a los profesores capacitados. Otros ayudan a electricistas, plomeros y abogados entrenados en sus trabajos. Como no están tan capacitados en esa profesión, podrían ser considerados de menor valía. Pero cada persona es necesaria para llevar a cabo la tarea.

Sobre escuchar

«Dios te dio dos oídos y una boca por una razón», expresa el dicho. Escuchar es una capacidad esencial en la vida. Los consejeros nos alientan a escucharnos unos a otros, y los líderes espirituales nos enseñan a tener un oído atento a Dios. Pero casi nadie dice: «Escúchate a ti mismo». No estoy sugiriendo que tenemos una voz interior que siempre nos dice lo correcto ni que debemos escucharnos a nosotros mismos en vez de a Dios y a los demás, sino que debemos oírnos para averiguar cómo podrían estar recibiendo los demás nuestras palabras.

¿Por qué entristecer?

Los pastores son un blanco fácil para las críticas. Todas las semanas están en la palestra, explicando cuidadosamente la Palabra de Dios y desafiándonos a vivir en semejanza a Cristo. Pero a veces, buscamos razones para criticarlos. Es fácil pasar por alto todo lo bueno que hacen y centrarnos en nuestras opiniones personales.

El gran Creador y Sanador

Hace unos años, tuve un accidente bastante grave mientras esquiaba en la nieve y me desgarré un músculo de la pierna. El médico me dijo que el desgarro me había hecho perder mucha sangre. El proceso de curación fue lento, pero durante la espera, quedé asombrado ante la grandeza de nuestro Creador (ver Colosenses 1:16).

Amor verdadero

Durante el ensayo de la ceremonia de bodas de mi hermano, mi esposo tomó una foto de los novios mientras se miraban delante del pastor. Más tarde, nos dimos cuenta de que el flash de la cámara había iluminado una cruz de metal en el fondo, la cual aparecía como una imagen resplandeciente encima de la pareja.

¿Carácter o reputación?

El legendario entrenador de baloncesto John Wooden (1910-2010) estaba convencido de que el carácter es mucho más importante que la reputación. «Tu reputación es lo que otros perciben que eres —solía decirles a sus jugadores—, pero tu carácter es lo que eres en realidad. Tú eres el único que conoce tu carácter. Puedes engañar a otros, pero no a ti mismo».