Por Scott Duvall

 

Salmo 46:1-2a
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos… (rvr60).
Dios es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, nuestro amparo, el lugar donde acudimos cuando tenemos miedo. Y hay mucho miedo dando vueltas. Dios también es nuestra fortaleza o nuestro «poder». Es la misma palabra que Jesús usa en Hechos 1:8, cuando promete darnos «poder» con la venida del Espíritu Santo que ahora vive dentro de nosotros. Sin embargo, un lugar de refugio y una fuente de fortaleza no sirven de nada si no están a nuestro alcance. Es fácil pensar en cosas que podrían ser útiles pero que a menudo están sumamente lejos. Necesitamos una seguridad y una fortaleza cercanas. Gracias a Dios, Él es nuestro Ayudador siempre presente, quien se interesa lo suficiente como para compartir sus recursos ilimitados con nosotros. Siempre está cerca; incluso más cerca de lo que nosotros podemos estar.

Cuando todo va bien en la vida, no solemos pensar demasiado en nuestra vulnerabilidad. Damos muchas cosas por sentado, aun la oportunidad de estar juntos. Entonces, una crisis nos golpea y todo cambia. Las «tribulaciones» de las que habla el salmista son los «problemas» o «angustias» que enfrentamos. Sin duda, estamos atravesando una tribulación. «Tribulación» nos habla de una prueba extrema y terrible, como si nos persiguieran. En el resto del versículo 2, el salmista explica la gravedad de las tribulaciones. Eso es lo que estamos enfrentando hoy: una catástrofe natural caótica y de gran magnitud. Exactamente en esta clase de situación, encontramos a nuestro Ayudador que es aún más grande; a nuestro Dios, que es nuestro amparo y fortaleza. Él siempre está presente.
Oración: Señor, permite que podamos percibir ahora tu presencia consoladora y tu poder que nos sostiene. Muéstranos que estás cerca y que eres fuerte para sostenernos de cientos de maneras distintas, grandes y pequeñas. Gracias por prometernos tu presencia y tu poder cuando enfrentamos pruebas que nos afectan de cerca, tanto a los que nos rodean como a cada uno de nosotros. Nunca nos dejarás ni nos abandonarás. Estás con nosotros y a nuestro favor. ¡Gracias! Amén.