Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.
LUCAS 6:28
Elena perdió a su hijo cuando él tenía apenas cuarenta años. Me contó que esa tragedia se había agravado por las palabras crueles de una «amiga». «Tu hijo murió de un corazón podrido», le dijo la mujer, enfadada por guardar rencor por un asunto ajeno. Una década después, a Elena aún le costaba dormir por la rabia que le causaban esas palabras. «¿Cómo me deshago de la amargura en mi corazón?», preguntó.
Cuando Pablo nos dice que «[quitemos] toda amargura” (EFESIOS 4:31), nos da algunas instrucciones sobre cómo hacerlo. Debemos hablar con sinceridad con quien nos ha ofendido (v. 25), con la esperanza de que se arrepienta (v. 32). Pero en el caso de Elena, algunos obstáculos le impedían encontrarse con la mujer que la había ofendido. ¿Qué más podía hacer? Gracias a Dios, podía seguir las palabras de Jesús: «orad por los que os calumnian» (LUCAS 6:28). Este acto poderoso nos coloca por encima de la ofensa, al participar en la obra redentora de Dios (vv. 35-36). Elena y yo inclinamos nuestras cabezas, agradecimos a Dios por perdonarnos a nosotros y pedimos que Él liberara a la mujer de su propia ira destructiva.
«Mi corazón está liberado», me dijo Elena después. Cuando reconciliarse con quien nos ha ofendido no es posible o incluso puede ponernos en peligro, su maltrato no tiene por qué ser la última palabra. Orar por su perdón puede ayudarnos a quitar la amargura al unirnos a la obra redentora de Dios en su vida.
Sheridan Voysey
¿Hay alguien con quien necesitas tener una «conversación sincera» en este momento? ¿Por qué es importante orar por los que te han ofendido?
Jesús, gracias porque orar por quienes me maltratan puede ayudarme también a quitar mi amargura.