No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido…
EZEQUIEL 33:16
Cuando estalló la guerra civil en Burundi, el mundo de Theo se trastornó. Por despecho, le robó una gallina a su vecina Jeane, quien pertenecía al grupo étnico gobernante. Pero después de escapar a Tanzania, lo que había hecho le pesaba en su conciencia. A pesar de los riesgos, regresó a Burundi para enmendar su error.
Cuando Theo encontró a Jeane, le pidió perdón y le ofreció dinero como restitución. Ella quedó atónita. «¡Perdóname a mí y a mi familia también! —dijo—. ¡Nosotros robamos las chapas de hierro del techo de la casa de tu padre!». Pensando en lo sucedido, Theo comentó: «Creí que Dios me había preparado para ser parte de un maravilloso intercambio de arrepentimiento y perdón».
La historia de Dios a lo largo de la Biblia es de perdón de pecados. Como prometió a través del profeta Ezequiel, no tomaría en cuenta los pecados de su pueblo «si […] se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia» (EZEQUIEL 33:14). Dios dijo: «si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, […] vivirá ciertamente y no morirá» (v. 15).
Dios extiende esa misma liberación a nosotros hoy. A través del poder del Espíritu de Cristo, nos ayudará a arrepentirnos de nuestros pecados. Y gracias al sacrificio de Jesús en la cruz, seremos liberados de nuestra maldad. Nosotros, como Theo y Jeane, seremos lavados.
Amy Boucher Pye
¿Cómo has experimentado el regalo del perdón de Dios? ¿De qué podría estar convenciéndote el Espíritu hoy?
Dios perdonador, gracias por darme el mejor regalo que haya existido: el amor y el sacrificio de Jesús. Ayúdame a poner en práctica tu amor y tu gracia.