… Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él.
1 JUAN 4:16
Hace algunos años, compré dos adornos plateados en forma de luna creciente. Me quedé con uno y le envié el otro a mi hermana, aunque ella apenas me había hablado desde el funeral de nuestra madre. Con tristeza, leí la inscripción con palabras que nuestra mamá solía decirnos a menudo: «Te amo hasta la luna y de regreso». Reflexioné sobre el amor imperfecto pero incondicional de nuestra madre hacia nosotras, y cómo yo había fallado en mostrarle a mi hermana esa misma profundidad de amor. Entonces, pensé en el amor perfecto de Dios. ¿Por qué no podía mostrarle a mi hermana el amor que Dios me mostró a mí? Oré mientras le enviaba el mensaje. Sigo orando, acercándome y esperando.
La Pascua nos brinda oportunidades para reflexionar en el amor de Dios por nosotros y cómo su amor puede influir en nuestras relaciones. El apóstol Juan dijo: «si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros» (1 JUAN 4:11). Los hijos amados de Dios, en quienes mora el Espíritu Santo, tienen el poder de proclamar a Jesús como Salvador y representarlo (vv. 12-16). Podemos amar como Dios ama porque «Él nos amó primero» (v. 19). Sin embargo, Juan también dijo: «el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (v. 20).
Las relaciones son complicadas y no siempre se restauran en esta vida. Pero el Dios que salva también puede sanar y redimir. Hasta entonces, Él nos amará y nos capacitará para amar en todas las etapas de la vida.
Xochitl Dixon
¿Cómo reflexionar en el amor perfecto de Dios influye en tu manera de amar a los demás? ¿Qué puedes hacer para compartir el amor de Dios en tus relaciones imperfectas?
Jesús, gracias por amarme mientras me ayudas a amar en todas las etapas de mi vida.