… Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados…
2 CORINTIOS 5:19
Tan tenía una familia ensamblada, con hijos de dos matrimonios. Las dos madres se odiaban y prohibieron que sus hijos se reunieran. Al tiempo, Tan falleció. En su funeral, sus hijos —ya adultos— se acercaron unos a otros con cautela, y se sorprendieron gratamente al descubrir que la mayoría de ellos ahora eran creyentes en Jesús. «Olvidemos el pasado —dijo uno de los hijos a sus hermanos—. Lo que haya ocurrido pertenece a la generación anterior».
La reconciliación es difícil, y el perdón puede parecer imposible hasta que se quitó la fuente de la discordia. Esto fue lo que ocurrió cuando los seres humanos pecaron. Nuestro pecado dañó nuestra relación con Dios, quien es santo y debía ocuparse de ese pecado.
Entonces, Dios envió a su Hijo Jesús para morir en la cruz, «reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados» (2 CORINTIOS 5:19). En la cruz, la muerte expiatoria de Cristo no solo quitó nuestra culpa y nos libró del castigo que merecíamos, sino que también nos hizo aceptables ante Dios, reconciliándonos con Él. Ahora podemos entrar en su presencia libremente y con gozo, completamente perdonados. La resurrección de Jesús nos hace una «nueva criatura» (v. 17), la cual ya no está manchada por los delitos del pasado. ¡Qué maravilloso es que Dios nos diga: «Olvida el pasado, estarás conmigo para siempre»!
Leslie Koh
¿Qué significa para ti estar reconciliado con Dios? ¿Cómo cambia tu manera de vivir y de relacionarte con los demás?
Padre Dios, gracias por enviar a tu Hijo a morir en la cruz por nosotros, para que podamos ser completamente perdonados, aceptados y amados por ti.