Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
ROMANOS 5:8
En el dulce libro infantil de Lisa McCourt —Te quiero, carita sucia—, una madre le dice a su hijito que lo ama. Pero él tiene preguntas. ¿Y qué pasaría si fuera un simio? Ella le asegura que, si fuera un simio, le haría un pastel de cumpleaños con bananas y le diría que lo ama. El niño tiene más preguntas. ¿Y si fuera una mofeta apestosa? ¿Un cocodrilo con dientes afilados? ¿Un dinosaurio? ¿Un monstruo del pantano? ¿Un extraterrestre? Una y otra vez, su respuesta dócil es la misma: lo amaría completamente y siempre lo cuidaría.
Casi todos podemos identificarnos con ese niño. Hemos escuchado que Dios nos ama, pero tenemos preguntas. ¿Podría Dios amarnos de verdad, aun con todos nuestros defectos?
En Romanos 5, el apóstol Pablo enfatiza que el amor de Dios vino a salvarnos «siendo aún pecadores» (v. 8). Este es un amor verdaderamente incondicional que nos resulta difícil comprender. El mayor amor humano que conocemos es cuando «pudiera ser que alguno osara morir por el bueno» (v. 7).
Dios no nos ama menos en nuestras imperfecciones. Al contrario, cuando estábamos más alejados de Él, Jesús nos amó lo suficiente como para morir por nosotros. Gracias a ese sacrificio, nos ha dado el Espíritu para llenar nuestros corazones con el amor de Dios (v. 5); un amor en el que podemos confiar plenamente.
Monica La Rose
¿Cuándo experimentaste un amor incondicional semejante al de Cristo de parte de otras personas? ¿Cómo puedes asegurarles a otros que los amas?
Padre amoroso, te agradezco porque, gracias a Cristo, no necesito preguntarme si me amas realmente. Por favor, ayúdame a descansar en tu amor.