Líderes en el frente
El libro de Stephen Ambrose, Banda de hermanos, sigue la historia de una compañía del ejército norteamericano desde su entrenamiento en Georgia, Estados Unidos, hasta la invasión de Normandía, en el Día D (6 de junio de 1944), y por último, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa. Durante la mayor parte de ese período, Richard Winters lideró esa compañía. Fue un oficial particularmente bueno porque iba al frente del grupo. Su expresión más habitual durante el combate era: «¡Síganme!». Tal vez otros oficiales buscaban la seguridad de la zona de retaguardia, pero si los hombres de Winters entraban en combate, él iba adelante.
Más que información
¿Cómo se modifica la conducta? En su libro El animal social, David Brooks señala que algunos expertos han dicho que la gente solo necesita que se le enseñe sobre los riesgos a largo plazo de la mala conducta. Por ejemplo, escribe: «Fumar puede producir cáncer, el adulterio destruye familias y mentir acaba con la confianza. Se suponía que, siempre que se les recordara a las personas cuán necia es su conducta, se sentirían motivadas a abandonarla. Tanto la razón como la voluntad son evidentemente importantes para tomar decisiones morales y ejercer dominio propio, pero ninguno de estos modelos de carácter ha demostrado ser muy eficaz». En otras palabras, la sola información no tiene suficiente poder para modificar el comportamiento.
Siempre avanzando
En una conferencia de hombres cristianos, hablé con un viejo amigo que me había alentado y enseñado durante años. Lo acompañaban dos jóvenes chinos, nuevos en la fe, y profundamente agradecidos por su amistad fiel y su ayuda espiritual. Clyde, de casi 80 años y con un entusiasmo rebosante, declaró: «Nunca he estado más entusiasmado de conocer y amar a Cristo que ahora».
Palabras sabias
Ahora que tengo más de 60 años, pienso en los sabios líderes espirituales que impactaron positivamente en mi vida. En el seminario bíblico, Dios utilizó a mi profesor del Antiguo Testamento para hacer que su Palabra cobrara vida. El profesor de griego aplicaba implacablemente sus elevados estándares para incitarme a estudiar el Nuevo Testamento. Y el pastor principal de la primera iglesia donde tuve un ministerio me pastoreó para que desarrollara ministerios vitales que ayudaran a otros a crecer espiritualmente. Cada uno me animó de diferentes maneras.
Mostrar y contar
Si asistes un curso de redacción o a una conferencia de escritores, probablemente oigas esta frase: «Muestra, no cuentes». En otras palabras: «muestra» a tus lectores lo que sucede; no solo se lo cuentes. No les digas lo que hiciste, sino descríbeselo.
Estoy aburrido
Cuando nuestros hijos eran adolescentes, muchas veces conversábamos después de la reunión de jóvenes en la iglesia. Yo preguntaba: «¿Qué tal estuvo el grupo juvenil esta noche?». Y ellos respondían: «Aburrido». Después de varias semanas así, decidí averiguar qué pasaba. Entré sigilosamente en el gimnasio donde se reunían y los vi participar, reírse, escuchar… disfrutar muchísimo. Esa noche, mientras volvíamos a casa, pregunté otra vez, y contestaron: «Estuvo aburrido». Entonces, dije: «Estuve ahí y los vi. ¡Se divirtieron mucho!». Y respondieron: «Tal vez no estuvo tan mal como de costumbre».
Seguidores inconstantes
¡Qué rápido puede cambiar la opinión pública! Cuando Jesús entró en Jerusalén para la fiesta de la Pascua, lo recibieron multitudes que querían que fuera su rey (Juan 12:13). Pero, cerca del final de semana, esa misma gente exigía que lo crucificaran (19:15).
Error trágico
En literatura, un error trágico es un defecto de carácter del personaje que causa la caída del héroe de una historia. Así sucedió con Uzías, quien fue coronado rey de Judá a los 16 años de edad. Durante muchos años, buscó al Señor; y mientras lo hizo, Él le dio grandes victorias (2 Crónicas 26:4-5). Pero las cosas cambiaron cuando «… su fama se extendió lejos, porque fue ayudado maravillosamente, hasta hacerse poderoso. Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina…» (vv. 15-16).
Calla, enmudece
Mi amiga Elisa tiene una manera maravillosa de poner la vida en la perspectiva apropiada. Una vez, le pregunté: «¿cómo estás?», y esperaba que me contestara con el habitual: «bien». En cambio, dijo: «¡Tengo que despertarlo!». Le pregunté qué quería decir, y bromeó: «¿No lees tu Biblia?». Después, explicó: «Cuando los discípulos se enfrentaron con un problema, corrieron a despertar a Jesús. ¡Yo también iré corriendo a verlo!».
Exhibe la gloria de Dios
Desde que era niño, me encanta el béisbol. En especial, me gustan los Tigers de Detroit. Sin embargo, hace poco, su mal juego y la cantidad de partidos perdidos al inicio de la temporada me frustraron terriblemente. Entonces, para mi bienestar personal, me tomé un descanso. Pasé cuatro días evitando todo lo que tuviera que ver con mi equipo favorito.