Lección del jején
Durante una de mis caminatas diarias, sin darme cuenta, pasé entremedio de un pequeño tornado de diminutos insectos. En ese momento, no presté mucha atención a lo sucedido, pero más tarde, descubrí toda clase de picaduras en mis tobillos y en mis brazos. Al parecer, había atravesado un enjambre de jejenes que me produjeron mucha picazón y llagas molestas.
¿De qué se trata?
Hace poco, estaba en un centro de compras repleto de gente y vi una mujer que se abría paso entre la multitud. Lo que me llamó la atención fue el mensaje en la camiseta que llevaba puesta, escrito con grandes letras mayúsculas: lo único que importa soy yo. Su proceder reafirmaba las palabras de su ropa.
El mejor cuarto
En enero de 2009, durante un viaje de investigación a Alemania, me afligí mucho al saber que nos alojaríamos en un monasterio. Imaginé un lugar austero, sin calefacción, con pisos de piedra fríos y camas duras. Sin embargo, me encontré con un cuarto cálido, agradable y cómodo. Mi colega comentó: «Los monjes creen en el principio de tratar a sus huéspedes como lo harían con Jesús». Aunque ellos no viven con tantas comodidades, igualmente están contentos.
El diablo me obligó
En marzo de 2009, en el estado de Washington, una mujer de 62 años fue acusada de robar más de 73.000 dólares de la iglesia adonde asistía. Cuando los detectives la interrogaron, dijo: «Satanás tuvo una gran participación en el robo». Suena como si dijera que el diablo la obligó a hacerlo.
Fuera de órbita
Todavía me asombra que podamos lanzar sondas al espacio interplanetario. Sin embargo, pienso qué desperdicio sería si, camino a Marte, esa sonda quedara atrapada bajo la fuerza gravitacional de un objeto menor e insignificante. ¡Cuidado! Esto podría estar sucediendo en nuestra vida.
Virus del pecado
La pandemia de gripe A (H1N1) centró la atención del mundo en los virus. Estos son organismos vivientes que necesitan un huésped para sobrevivir y para causar estragos. En algunos casos, un virus está presente muchos años antes de que el huésped siquiera se entere. Durante ese tiempo, puede provocar daños incalculables en diferentes partes. Si se lo elimina de dicho huésped, el virus puede permanecer latente o morir.
Él ya sabe
Un amigo, que es piloto comercial, me contó acerca de un vuelo en el que se enfrentó con un grave problema mecánico, con peligrosas implicaciones. Cuando se produjo esa situación, las luces de alarma de la cabina de mando le informaron lo que ocurría, él monitoreó todo hasta llegar a destino y, finalmente, aterrizaron sin inconvenientes.
El dador desconocido
No sé en tu caso, pero yo tiendo a disfrutar cuando se me reconoce por haber hecho algo por otras personas. En realidad, no creo que sea el único al que le agradan las tarjetas y las palabras de agradecimiento.
Mi Señor
El día que Jesús resucitó, se les apareció a Sus discípulos y les mostró Sus manos y Sus pies. Se nos dice que, en un primer momento, el gozo que tenían les impidió creer, ya que parecía demasiado maravilloso para ser cierto (Lucas 24:40-41). Tomás no estaba con ellos, pero a él también le resultó difícil creer hasta que lo vio con sus propios ojos. Cuando Jesús se le apareció y le dijo que pusiera sus dedos en los agujeros de los clavos y la mano en Su costado, Tomás exclamó: «¡Señor mío, y Dios mío!» (Juan 20:28).
Isla de residuos
El otro día me encontré con un informe preocupante sobre personas que piensan que es correcto usar el océano como un basurero gigante. Esto es parte de lo que decía: «Si usted ve esta asombrosa pila de plástico flotando en el Océano Pacífico, se llama “El Gran Basural del Pacífico”. Representa tres millones de toneladas de residuos plásticos que flotan en una superficie mayor que la de Texas. ¡Un paisaje llamativo formado por 46.000 trozos de plástico flotando en alrededor de 2.500 kilómetros cuadrados de océano!». Otras fuentes estiman que la cantidad de basura es aun mayor. El plástico es particularmente perjudicial porque no se recicla.