Dice, decimos
Mientras mi esposa me contaba lo que había hecho durante el día, mencionó un incidente con nuestra nieta que estaba de visita en casa. Eliana había estado entreteniéndose con algunos juguetes y después quiso ir a otra parte de la casa. Entonces, la abuela le dijo: «Eliana, primero tienes que guardar los juguetes». Sin dudar ni un instante, la pequeña le contestó: «No tengo tiempo».
¡Asombroso!
La historia de la Navidad, registrada en Mateo y en Lucas, se ha vuelto tan conocida que me pregunto si llegamos a captar la importancia de lo que realmente sucedió: Un ángel le dijo a una muchacha virgen que ella concebiría un hijo por el poder del Espíritu Santo (Lucas 1:26-38). Después, ese ángel le dijo al novio de la joven que se casara con ella y que le pusiera al niño el nombre Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). Los pastores vieron ángeles en el cielo que les comunicaban que un Salvador nacería en Belén (Lucas 2:11). Unos hombres sabios viajaron miles de kilómetros para adorar a Aquel a quien denominaron «el rey de los judíos, que ha nacido» (Mateo 2:2). ¡Asombroso!
¿Paz en la tierra?
No querría provocar una pelea contra un cielo repleto de ángeles, pero debo admitir que siempre me he preguntado sobre la promesa de paz que la hueste angelical les hizo a los pastores en los campos aledaños a Belén. En los últimos 2.000 años, la paz en nuestro planeta ha sido, al menos, un ente extraño. Las guerras siguen cobrándose vidas inocentes, la violencia doméstica es una tragedia creciente, los divorcios aumentan terriblemente, las iglesias se dividen y la paz en nuestro corazón intranquilo y descarriado parece ser un sueño inalcanzable.
Navidad: cura divina
Si tu médico te llamara y te dijera con voz seria: «Por favor, venga lo antes posible. Tengo algo que conversar con usted», ¡sabrías que hay malas noticias! Tu primera reacción podría ser: «No, no quiero enterarme». Pero igualmente vas, porque sólo cuando averiguas el diagnóstico puedes saber cómo se cura.
Nivel de bulldog
Mi hijo y su esposa tienen un perro bulldog que pesa casi 55 kilos, con cuerpo fornido y una cara que da miedo. Sin embargo, hasta que nos hicimos amigos, «Buddy» no estaba seguro de confiar en mí. Mientras yo estaba de pie, se mantenía lejos y no me miraba. Con el tiempo, descubrí que si me agachaba, la expresión de su cara abultada cambiaba. Al percibir que ya no era una amenaza, juguetonamente se acercaba corriendo como un tren de carga, me saltaba encima con sus grandes patas y quería que le rascara su musculoso cuello.
Universos paralelos
De vez en cuando, descubro que estoy pensando en el sorprendente esquema de la fe. Por ejemplo, parado en un aeropuerto, observo personas de aspecto importante, vestidas con trajes de negocio y con portafolios a su costado, que se detienen en una cafetería antes de salir apurados hacia otra explanada. ¿Hay alguno que piense en Dios?, me pregunto.
Notable sumisión
A lo largo de la historia, a María, la madre de Jesús, se la ha tenido en alta estima. ¡Y está bien que sea así! Dios la escogió para dar a luz al Mesías largamente esperado.
Newgrange
Newgrange es un cementerio en Irlanda, de 5.000 años de antigüedad. Construido por los miembros de una comunidad agrícola en el valle de Boyne, esta magnífica estructura cubre una superficie de casi una hectárea. La gente iba a ese sitio para enfrentarse con la realidad de la muerte. Es mayormente famoso por el rayo de luz solar que el día del solsticio de invierno, la jornada más corta del año, aproximadamente entre el 19 y el 23 de diciembre, recorre el pasadizo durante 17 minutos. Algunos dicen que este es un símbolo poderoso de la victoria de la vida sobre la muerte.
Jesús en el centro
¿Alguna vez oíste acerca del «principio cristocéntrico» para interpretar la Biblia? Dicho sencillamente, significa que todo lo que sabemos sobre Dios, los ángeles, Satanás, las esperanzas humanas, el universo en su totalidad se entiende mejor cuando se vincula con Jesucristo. Él está en el centro.
Canales de Su amor
Durante un tiempo devocional en una conferencia, nuestro líder nos pidió que leyéramos 1 Corintios 13:4-8 en voz alta y que reemplazáramos la palabra «amor» por «Jesús». Parecía tan normal decir: «Jesús es sufrido, es benigno; Jesús no tiene envidia, Jesús no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo […]. Jesús nunca deja de ser».