Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. —Matteo 2:11
Al igual que los magos que viajaron «desde tierras orientales» para encontrar al niño Jesús (MATEO 2:1), el pueblo walanga de la República Democrática del Congo hace un viaje para celebrar el nacimiento de Jesús. El pastor Kizombo Kalumbula recuerda a las familias que viajan a pie, a menudo más de cuarenta kilómetros a través de la selva, trayendo arroz, mandioca, cacahuetes, pollos y cabras para el festín del día de Navidad, regalos para compartir con todos.
En Nochebuena, los viajeros se reúnen en una iglesia para celebrar hasta medianoche. A la mañana siguiente, vuelven a reunirse para celebrar el culto. Las mujeres se visten con yolas de vivos colores mientras todos escuchan la historia de la Navidad, disfrutan de una representación teatral y cantan alegremente. El nacimiento de Jesús es la motivación del viaje.
En el relato de Mateo, no sabemos muy bien cómo supieron los sabios anticipar la llegada del Mesías. En cualquier caso, estos viajeros venían en su búsqueda.
Cuando el rey Herodes se enteró de que los magos buscaban al «rey de los judíos, que ha nacido», «se turbó» (VV. 2-3) y preguntó a los «principales sacerdotes, y los escribas del pueblo» (V. 4). Sabían que el Mesías nacería «en Belén de Judea» (V. 5) y citaron al profeta Miqueas (V. 6). Sin embargo, nunca lo buscaron. Sí lo hicieron los magos, que trajeron regalos al que es el Regalo (V. 11).
Dondequiera que nos lleven nuestros viajes, imitemos a los antiguos sabios y a aquellos aldeanos de Walanga compartiendo lo que tenemos con los demás. Que nuestras acciones honren a aquel que dio su vida por nosotros.
TIM GUSTAFSON
¿Qué tienes que puedas compartir con los demás?
¿A quién puedes ayudar en tu vida?
Gracias, Padre, por enviar a tu Hijo al mundo para rescatarme.