El regalo de la promesa
Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros, no temáis. —HAGEO 2:5
Pocos conocen el nombre de Charles Jennens. Es el hombre que puso letra a muchas de las piezas musicales de George Frideric Handel. A pesar de sus frecuentes desacuerdos, Jennens y Haendel produjeron juntos obras magníficas. El Mesías de Haendel se ha convertido en un estándar de la temporada navideña. Jennens seleccionó las letras del oratorio directamente de la Biblia, gran parte de las cuales proceden de pasajes del Antiguo Testamento que apuntan al Mesías largamente esperado.
Uno de esos pasajes es del profeta Hageo: «De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca» (2:6). El pueblo estaba obsesionado con su propio bienestar y descuidaba a Dios. Él les dijo: «Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa» (1:9). La «casa» de Dios, el templo, prefiguraba su plan de morar con su pueblo, que no comprendía plenamente lo que eso significaba. Hablando en nombre de Dios, Hageo les recordó: «Según el pacto que hice con vosotros cuando salisteis de Egipto, así mi Espíritu estará en medio de vosotros…» (2:5). Y añadió: «… y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa…» (V. 7).
Quinientos años después, el ángel Gabriel se apareció a María para anunciarle la llegada de ese Deseado de las naciones. «No temas», le dijo. «concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo» (LUCAS 1:30-31).
Sea lo que sea que enfrentemos este año, no debemos temer. Tenemos el don de la promesa: la presencia de Jesús.
TIM GUSTAFSON
¿Qué te distrae en Navidad? ¿Cómo puede animarte la promesa de la presencia de Dios en esta época?
Querido Padre, gracias por la promesa de tu presencia.
El mayor regalo de Dios para nosotros es su Hijo Jesús, nuestro Salvador, quien murió y resucitó para que pudiéramos vivir eternamente con él. Este regalo eterno es para todos. Gracias a esta verdad, podemos unirnos como una familia de creyentes alrededor del mundo.
En esta época navideña, te invitamos a reservar 10 días para reflexionar sobre lo que esto significa para ti, y cómo podrías compartir esta buena noticia con otros.
