Voz que clama en el desierto: Preparad camino al Señor; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. —ISAÍAS 40:3
Cuando una fuerte nevada cerró una autopista en el este de Idaho, un dedicado conductor de quitanieves llamado Ray despejó 41 kilómetros de la profunda nieve de la carretera para ayudar a una madre embarazada de treinta y nueve semanas. La pareja había ido en moto de nieve desde su residencia hasta el lugar más cercano donde podían recogerla. El servicio de Ray permitió que una ambulancia llegara hasta ellos y los condujera a un hospital donde el bebé nació sano y salvo.
Lo que Ray hizo en la práctica por aquella futura madre, Dios lo hace espiritualmente por su pueblo. El profeta Isaías comparó el trabajo físico realizado para preparar los caminos a los reyes visitantes con la necesidad de preparar nuestros corazones para recibir al Mesías, animándolos a ellos (y a nosotros): «Preparad camino al Señor» (ISAÍAS 40:3). Su mensaje consoló al pueblo de Jerusalén durante sus días de cautiverio y predijo la labor de Juan el Bautista, que habló de la inminente llegada de Jesús (LUCAS 3:3-4). Mediante su sacrificio por nuestras malas acciones, Jesús hace que los «lugares escabrosos» de nuestro camino espiritual hacia Dios sean «llanos… y suaves» (ISAÍAS 40:4), permitiéndonos recibir a nuestro Rey. Como receptores de ese buen regalo, nos humillamos, rebajando las alturas de nuestro orgullo, y nos limitamos a esperar en el lugar de «recogida» confiando en la obra de Cristo. Podemos deleitarnos expectantes en la entrega de nuestra mayor alegría: una relación correcta con Dios.
KIRSTEN HOLMBERG
¿Qué «nieve profunda» quitó Jesús para despejar tu camino hacia Dios? ¿Cómo te alegra hoy el buen regalo de su obra?
Querido Jesús, gracias por abrirme un camino para conocerte.