Porque tú quebraste su pesado yugo, y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor, como en el día de Madián. —ISAÍAS 9:4
Amedida que se acercaba diciembre, no sentía una alegre expectación, sino pavor. Las compras, la repostería y la decoración me agobiaban, lo cual se sumaba a los muchos compromisos que ya tenía. Quería reflexionar sobre el Dios que se hizo hombre, pero en lugar de eso me preguntaba cómo iba a conseguir hacerlo todo.
Cuando leí un pasaje del profeta Isaías sobre la venida del Mesías, me fijé en unos versículos que a menudo se pasan por alto. Dios prometió a su pueblo que engrandecería la nación y aumentaría su alegría (ISAÍAS 9:3); también prometió que rompería «su pesado yugo y la vara de su hombro, y el cetro de su opresor…» (V. 4). Él inauguraría un nuevo gobierno: «Porque un niño nos ha nacido […] Y se llamará: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (V. 6).
Al considerar el don de Jesús como el cumplimiento de la profecía de Dios, pensé también en la gracia del Señor al liberar a su pueblo de la opresión y el conflicto. Sabía que él podía liberarme de la barra que cargaba sobre mis hombros: el peso de mis muchos compromisos. Aunque estar demasiado ocupado palidece cuando se compara con la liberación de los israelitas por parte de Dios, aun así, él me da sabiduría y ayuda.
Dios quiere que disfrutemos de su libertad ahora y después. Al abrazar a su Hijo como nuestro maravilloso consejero, él, como príncipe de paz, nos conducirá a una paz duradera.
AMY BOUCHER PYE
¿Cuándo has experimentado una profunda sensación de bienestar?
¿Cómo pueden incluso las cosas buenas apartar tu atención de Dios?
Dios amoroso, gracias por enviar a Jesús para traer luz y vida a este mundo de tinieblas.