Comer rápido y barato
Un hotel en Singapur presentó un comedor exprés: ¡Come todo lo que puedas en 30 minutos y paga sólo la mitad del precio! Después de probarlo, un cliente informó: «Perdí el decoro y me llené la boca con comida en exceso. Me olvidé de mis buenos modales, […] y no tuve hambre el resto del día, ya que el ardor de estómago era terrible».
Espejo retrovisor
Siempre he pensado que uno puede ver mejor la mano de Dios en el espejo retrovisor. Al mirar atrás, es más fácil entender por qué nos puso en la casa donde estamos, colocó ciertas personas y circunstancias en nuestra vida, permitió que sufriéramos y que tuviéramos dificultades, nos llevó a distintos lugares y nos dio diferentes trabajos y profesiones.
Andar en bicicleta
En una carta que le envió a su hijo Eduard, Albert Einstein le aconsejó lo siguiente: «La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio hay que seguir moviéndose». El consejo del gran físico es sabio y práctico.
Códigos en común
Durante los frenéticos comienzos de la Internet, aquellos que elaboraban las páginas web establecían sus propias reglas. Todo eso generó una gran confusión. Uno de los problemas era que las cosas que aparecían bien en una computadora, en otra eran indescifrables. Por esta razón, los técnicos en informática se referían a la Internet como la salvaje, salvaje web, en alusión a los días del salvaje, salvaje Oeste, cuando la ley y el orden casi no existían. Para poner fin al caos, los productores de la web empezaron a comunicarse entre sí para establecer algunos códigos en común.
Repaso del año
Durante la última semana de diciembre, los locutores suelen hacer un repaso de los sucesos importantes del año que termina: éxitos y fracasos de personas destacadas, desastres naturales, desafíos económicos y muertes de líderes y celebridades. Por lo general, los acontecimientos más sorprendentes son los más publicitados.
El verdadero dueño
¿Oíste sobre esa iglesia que no tenía suficiente lugar para estacionar los vehículos? Por fortuna, estaba justo al lado de una tienda que los domingos estaba cerrada, así que, un miembro de la congregación le preguntó al dueño si podían ocupar el lugar. «No hay problema— dijo él. —Pueden usarlo 51 semanas en el año. Pero la 52, estará cerrado con una cadena». El hombre de la iglesia estaba agradecido, pero, por curiosidad, preguntó: «¿Qué pasa esa semana?». El dueño de la tienda respondió: «Nada. Sólo quiero que recuerden que el estacionamiento no es de ustedes».
Dice, decimos
Mientras mi esposa me contaba lo que había hecho durante el día, mencionó un incidente con nuestra nieta que estaba de visita en casa. Eliana había estado entreteniéndose con algunos juguetes y después quiso ir a otra parte de la casa. Entonces, la abuela le dijo: «Eliana, primero tienes que guardar los juguetes». Sin dudar ni un instante, la pequeña le contestó: «No tengo tiempo».
¡Asombroso!
La historia de la Navidad, registrada en Mateo y en Lucas, se ha vuelto tan conocida que me pregunto si llegamos a captar la importancia de lo que realmente sucedió: Un ángel le dijo a una muchacha virgen que ella concebiría un hijo por el poder del Espíritu Santo (Lucas 1:26-38). Después, ese ángel le dijo al novio de la joven que se casara con ella y que le pusiera al niño el nombre Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mateo 1:21). Los pastores vieron ángeles en el cielo que les comunicaban que un Salvador nacería en Belén (Lucas 2:11). Unos hombres sabios viajaron miles de kilómetros para adorar a Aquel a quien denominaron «el rey de los judíos, que ha nacido» (Mateo 2:2). ¡Asombroso!
¿Paz en la tierra?
No querría provocar una pelea contra un cielo repleto de ángeles, pero debo admitir que siempre me he preguntado sobre la promesa de paz que la hueste angelical les hizo a los pastores en los campos aledaños a Belén. En los últimos 2.000 años, la paz en nuestro planeta ha sido, al menos, un ente extraño. Las guerras siguen cobrándose vidas inocentes, la violencia doméstica es una tragedia creciente, los divorcios aumentan terriblemente, las iglesias se dividen y la paz en nuestro corazón intranquilo y descarriado parece ser un sueño inalcanzable.
Navidad: cura divina
Si tu médico te llamara y te dijera con voz seria: «Por favor, venga lo antes posible. Tengo algo que conversar con usted», ¡sabrías que hay malas noticias! Tu primera reacción podría ser: «No, no quiero enterarme». Pero igualmente vas, porque sólo cuando averiguas el diagnóstico puedes saber cómo se cura.