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Oración y sierra eléctrica

Respeto el espíritu intrépido de mi tía Gladys, aunque a veces, ese espíritu me preocupa. La fuente de mi preocupación llegó a través de una noticia que me compartió en un email: «Ayer, corté un nogal».

La satisfacción suprema

Mientras distribuíamos el refrigerio en una actividad de la escuela bíblica, notamos que un niño devoraba su porción. Luego, se comió también lo que dejaron en la mesa los otros niños. Incluso, le di después una bolsa de palomitas de maíz, y seguía comiendo. Entonces, nos interesó saber por qué tenía tanta hambre.

Juicio deficiente

He sido rápida para juzgar a cualquiera que veo por la calle mirando su teléfono. ¿Cómo puede estar tan ajeno a los autos que pueden atropellarlo?, me he preguntado. ¿Acaso no le importa su propia seguridad? Pero, un día, mientras cruzaba un callejón, estaba tan absorta en un mensaje de texto que no vi un auto a mi izquierda. Gracias a Dios, el conductor me vio y frenó en seco. Pero yo me sentí avergonzada. Me acordé de todas las veces que había juzgado a los demás. Me había creído superior, y había caído en el mismo error.

Consejo de mi padre

Después de que me despidieron de un trabajo editorial, le pedí a Dios que me ayudara a encontrar otro. Pero, cuando pasaban las semanas y nada daba fruto, empecé a hacer pucheros. «¿No sabes lo importante que es para mí tener trabajo?», protesté ante Dios, por lo que parecía ser una oración desatendida.

Una nueva comunidad

Maija, la hija de cinco años de mi amiga Carrie, tiene una manera interesante de jugar. Le encanta mezclar muñecas de diferentes clases para formar una comunidad nueva. En su imaginación, todas son iguales. Cree que son más felices si están juntas, a pesar de sus diferentes tamaños y formas.

Cuando uno sufre, todos sufren

Cuando un compañero de trabajo avisó que no vendría debido a un dolor terrible, todos nos preocupamos. Después de ir al hospital y de un día de reposo, volvió a trabajar y nos mostró la causa del dolor: un cálculo en el riñón. Le pidió al médico que le diera la piedra como souvenir. Al mirarla, sonreí con empatía, recordando el cálculo en la vesícula que yo había tenido hacía años. El dolor había sido insoportable.

Llévame a la roca

Mientras buscaba un humidificador en una tienda, noté a una mujer anciana que caminaba de un lado al otro del pasillo. Me pregunté si estaba buscando lo mismo, entonces, me corrí para dejar que ella se acercara. Poco después, hablábamos de un virus de la influenza en la zona, que la había dejado con tos y dolores de cabeza.

Alabar en los problemas

«Es cáncer». Quise ser fuerte cuando mi mamá dijo esas palabras. Rompí en llanto. Uno jamás quiere escucharlas; ni siquiera una vez. Pero era la tercera vez que ella luchaba contra ese mal. Después de unos exámenes de rutina, se enteró de que tenía un tumor maligno debajo del brazo.