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Lo que Dios ve

Temprano por la mañana, paso en silencio junto a una ventana, mirando el paraje natural detrás de nuestra casa. A menudo, veo un búho o un halcón posado en un árbol y vigilando la zona. Una mañana, me sorprendió encontrar un águila calva que se balanceaba erguida sobre una rama alta, observando el terreno como si todo el lugar le perteneciera. Es probable que estuviera buscando el «desayuno». Su mirada atenta al panorama parecía majestuosa.

Hecho a mano para ti

Mi abuela era una costurera talentosa que ganó varios concursos. A lo largo de mi vida, celebró ocasiones destacadas regalándome cosas hechas con sus manos: un suéter borgoña para mi graduación de la secundaria; una manta turquesa para mi casamiento. En un borde de cada una de esas artesanías encontraba una etiqueta con su firma, que decía: «Hecho a mano para ti por Munna». En cada palabra bordada, sentía el amor de mi abuela hacia mí y una poderosa declaración de confianza en mi futuro.

Fuera de contexto


Mientras esperaba para subir al avión, alguien me tocó el hombro. Me di vuelta y recibí un cálido saludo: «¡Elisa! ¿Te acuerdas de mí? ¡Soy Joan!». La conocía, pero no sabía de dónde. ¿Había sido mi vecina? ¿Una compañera de trabajo? Ay… no me acordaba.


Dimensiones infinitas


Acostada quieta sobre la camilla, mantenía la respiración mientras la máquina zumbaba. Sabía que muchas personas se habían hecho resonancias magnéticas, pero para mí, que soy claustrofóbica, la situación requería que me concentrara en algo —Alguien— mucho más grande que yo.


El arbolito del bebé

Después de rodear el árbol con luces intermitentes, coloqué moños azules y rosa en cada rama, y lo llamé nuestro arbolito de Navidad «esperando al bebé». Mi esposo y yo habíamos estado esperando un bebé en adopción durante más de cuatro años. ¡Seguramente, llegaría para Navidad!

Conversaciones difíciles

Una vez, conduje 80 kilómetros para sostener una conversación difícil con un miembro del personal. Habían informado que estaba desprestigiando a nuestra compañía, y me preocupaba nuestra reputación. Me sentí impulsada a darle mi opinión, para que modificara su proceder.

Brillar

«Brilla, Brilla, estrellita» es una canción de cuna inglesa. Su letra, tomada de una poesía de Jane Taylor, capta la maravilla del universo de Dios, donde las estrellas cuelgan «en lo alto encima del mundo». En la casi desconocida última estrofa, la estrella actúa como una guía: «Mientras tu destello brillante y pequeño alumbra al viajero en la oscuridad».

Hambre del corazón

Mientras iba en el auto con mi esposo, miraba algunos correos en el teléfono, y me sorprendió una publicidad de una tienda local de rosquillas, justo a la derecha de donde acabábamos de pasar. De repente, mi estómago rugió de hambre. Me maravilló cómo logra la tecnología que los comerciantes nos atraigan a sus establecimientos.

Ocultar nuestras heridas

Me habían invitado a hablar en una iglesia, y compartí una historia sincera sobre presentarle nuestro quebrantamiento a Dios y dejar que Él nos sane. Antes del cierre en oración, el pastor se paró en el pasillo central, miró con intensidad a su congregación, y dijo: «Como pastor, tengo el privilegio de verlos durante la semana y escuchar sus conmovedoras historias de quebrantamientos. Luego, en las reuniones del fin de semana, me duele ver cómo esconden sus heridas».

Detenerse

Mi amiga y yo estábamos sentadas en la arena, cerca del ondulante océano. Ola tras ola se encrespaba, hacía una pausa y luego se extendía hacia nuestros pies, deteniéndose casi a punto de tocarnos. «Me encanta el océano —dijo ella sonriendo—. Se mueve para que yo no tenga que hacerlo».