Lectura de hoy: Juan 4:4–10
Vino una mujer de Samaria para sacar agua, y Jesús le dijo: —Dame de beber. — Juan 4:7
Una vez me senté con una amiga que se sentía ansiosa por compartir su historia en un grupo; una historia marcada por un profundo dolor y por la pérdida. No estaba buscando respuestas sobre cómo contarla; se sentía abrumada por las emociones que salían a la superficie cada vez que intentaba hablar. Sentada frente a ella en una cafetería, la escuché y le hice preguntas con delicadeza. Dejé espacio para sus lágrimas. En ese espacio de sentirse escuchada, algo se aflojó. La sanidad comenzó a echar raíces.
La sanidad rara vez comienza con respuestas e intentos de «arreglar» las cosas. A menudo comienza con la escucha. La curiosidad y la presencia suavizan los bordes duros de nuestra vida, moldeados por la vergüenza, el dolor y el temor. Mucho antes de que el cuidado informado por el trauma o la justicia restaurativa tuvieran nombre, Jesús entendía el corazón humano y el poder sanador de ser verdaderamente escuchados.
En su evangelio, el apóstol Juan describe una escena junto a un pozo en Samaria, donde Jesús se encontró con una mujer (4:6-7). En lugar de instruirla o corregirla, comienza con una conversación. Al cruzar barreras sociales y religiosas, Jesús la honra y la dignifica escuchándola. Luego le habla del «agua viva» (v. 10), y la historia de ella empieza a cambiar. Ella pregunta: «¿De dónde, pues, tienes el agua viva?». A través de su conversación con Jesús, se da cuenta de que él es esa agua viva, como él mismo dice: «pero el que beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna» (v. 14). Después de encontrarse con Jesús, la mujer es sanada de su pasado quebrantado y comienza una nueva vida siguiendo al Mesías.
Jesús sigue sanando de esta manera, y nos invita a hacer lo mismo. Escuchar como una forma de sanidad significa ir más despacio, resistir el impulso de arreglar la situación y crear espacio para que la historia de alguien se despliegue sin juicio. Significa hacer preguntas reflexivas y confiar en que el Espíritu está obrando en el espacio que queda entre las palabras.
Lisa Rodriguez-Watson
¿Qué historia puedes compartir hoy con Dios? ¿Cómo puedes ser un oído atento para otra persona?
Jesús, por favor, enséñame a escuchar a los demás con valentía y compasión. Ayúdame a estar atento y abierto cuando alguien comparta su historia conmigo. Que tu Espíritu traiga sanidad y esperanza. Amén.