La Vía Dolorosa
En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Hebreos 10:10
Durante Semana Santa, recordamos los últimos días
antes de la crucifixión de Jesús, incluido el largo
camino que recorrió hasta la cruz por las calles de
Jerusalén. En la actualidad, la ubicación más probable
de este camino se conoce como la Vía Dolorosa.
Sin embargo, el escritor de Hebreos
veía el camino que Jesús tomó como algo
más que un sendero de dolor y tristeza.
Esa vía de sufrimiento que el Señor recorrió
voluntariamente hasta el Gólgota
abrió para nosotros «el camino nuevo y
vivo» a la presencia de Dios (hebreos 10:20).
Durante siglos, el pueblo judío había
buscado entrar en la presencia de Dios
mediante el sacrificio de animales y el cumplimiento de la ley.
Pero la ley era solo una «sombra de los bienes venideros»,
porque «la sangre de los toros y de los machos cabríos no
puede quitar los pecados» (vv. 1, 4).
El recorrido de Jesús por la Vía Dolorosa lo llevó a su
muerte y resurrección. Como resultado de su sacrificio, somos
hechos santos al poner nuestra fe en Él para el perdón de
nuestros pecados. Aunque no podemos cumplir la ley a la perfección,
sí podemos acercarnos a Dios sin temor, con la plena
confianza de que somos bienvenidos y de que nos ama (vv. 10, 22).
El sendero de dolor de Cristo nos abrió un camino nuevo y
vivo hacia Dios. AMY PETERSON
LECTURA BÍBLICA PARA HOY Hebreos 10:1-10
1 Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes
venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca
puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen
continuamente cada año, hacer perfectos a los que se
acercan. 2 De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los
que tributan este culto, limpios una vez, no tendrían ya más
conciencia de pecado.
3 Pero en estos sacrificios cada año se hace memoria de los
pecados; 4 porque la sangre de los toros y de los machos
cabríos no puede quitar los pecados. 5 Por lo cual, entrando en
el mundo dice:
Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo.
6 Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron.
7 Entonces dije: He aquí que vengo, oh Dios, para
hacer tu voluntad, como en el rollo del libro está
escrito de mí.
8 Diciendo primero: Sacrificio y ofrenda y holocaustos y
expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron (las
cuales cosas se ofrecen según la ley), 9 y diciendo luego: He
aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad; quita lo
primero, para establecer esto último. 10 En esa voluntad somos
santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo
hecha una vez para siempre.
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