Un cambio de perspectiva
León Tolstói escribió sobre su visión del campo de batalla desde una colina cuando era oficial de la artillería rusa en 1854: «Es una especie curiosa de placer ver personas matándose unas a otras. […] pasaba horas mirando». Pero su perspectiva cambió al presenciar la devastación en Sebastopol, y escribió: «Entiendes en un instante —y muy a diferencia de antes— el significado del sonido de los disparos en la ciudad».
Jugar con el cosmos
En la década de 1980, un destacado astrónomo que no creía en Dios, escribió: «Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto ha jugado con la física, así como con la química y la biología». Para él, la evidencia mostraba que algo había diseñado todo lo que observamos en el cosmos. Agregó: «No tiene sentido hablar de fuerzas ciegas en la naturaleza». Es decir, todo lo que vemos da la impresión de que fue planeado por Alguien. Aun así, siguió siendo ateo…
Que no fuera
«Esperaba que no fuera así», se lamentaba el hombre por un amigo que había muerto joven. Sus palabras enfatizaban el inmemorial clamor del corazón humano. La muerte nos golpea y marca a todos. Ansiamos deshacer lo que no puede ser deshecho.
«Y era ya de noche»
La noche, la novela de Eli Wiesel, nos confronta con los horrores del Holocausto. Basada en su experiencia en los campos de exterminio, invierte la historia bíblica del éxodo. Mientras Moisés y los israelitas escaparon de la esclavitud en la primera Pascua (Éxodo 12), Wiesel cuenta del arresto de líderes judíos por los nazis después de la Pascua.
Perdido en el pasado
Molesto por la corrupción en su reino, Yeongjo (1694-1776) de Corea decidió cambiar las cosas. En un clásico ejemplo de acabar con algo bueno para corregir algo malo, prohibió el arte tradicional de bordar con hilos de oro, por considerarlo muy opulento. Poco después, ese intrincado proceso dejó de conocerse.
El desafío a las estrellas
A principios del siglo xx, el poeta italiano F. T. Marinetti lanzó el futurismo, un movimiento artístico que rechazaba el pasado, se burlaba de las ideas tradicionales sobre la belleza y exaltaba la maquinaria. En 1909, escribió Manifiesto futurista, donde declaró «el desprecio de la mujer», elogió «el puñetazo» y afirmó: «Queremos glorificar la guerra». Concluye diciendo: «¡En pie sobre la cima del mundo arrojamos nuestro reto a las estrellas!».
Búsqueda egoísta
Aaron Burr esperaba ansiosamente el resultado de la votación. Pulseando con Thomas Jefferson en la carrera por la presidencia en 1800, Burr tenía razones para creer que lo declararían ganador. Sin embargo, perdió, y la amargura atrapó su alma. Tras sentirse agraviado porque Alexander Hamilton no había respaldado su candidatura, lo mató en un duelo años después. Indignado por el asesinato, su país le dio la espalda, y Burr murió viejo y amargado.
Volver a las bases
Pareciera que las resoluciones están hechas para romperlas. Algunas personas ponen humor a esta realidad al proponer promesas para el nuevo año que son —por así decir— realizables. Por ejemplo: saludar a los otros conductores en los semáforos; anotarse en una maratón y no correrla; dejar de posponer cosas… mañana; perderse sin que Siri nos ayude, etcétera.
La generación de ahora
«Nunca confíes en nadie que tenga más de 30 años de edad», dijo el joven ecologista Jack Weinberg, en 1964. Su comentario estereotipó a toda una generación, algo que Weinberg terminó lamentando. Al mirar atrás, declaró: «Algo que dije sin pensar […] se malinterpretó».
Alcanzar a otros para Cristo
Hace una década, no conocían el nombre de Jesús. Escondido en las montañas de Mindanao, en Filipinas, el pueblo banwaon casi no tenía contacto con el mundo exterior. Ir a buscar provisiones podía llevar dos días de dura caminata por un terreno escarpado. El mundo los ignoraba.