En todos nuestros tratos
En 1524, Martín Lutero señaló: «Los mercaderes tienen entre sí una regla en común que es su máxima principal […]: No me importa nada de mi prójimo, en tanto obtenga mi beneficio y satisfaga mi codicia». Más de 200 años después, John Woolman, de Mount Holly, Nueva Jersey, permitió que su compromiso con Jesús influyera en su negocio de sastrería. Para apoyar la liberación de los esclavos, se negó a comprar algodón o materiales para tintura a compañías que usaban el trabajo forzado. Con una conciencia limpia, amó a su prójimo y vivió con integridad en todos sus tratos.
Lo suficiente
En la película El violinista en el tejado, Tevye le habla con sinceridad a Dios sobre su economía: «Hiciste a muchas, muchas personas pobres. Comprendo, por supuesto, que no es vergonzoso ser pobre. ¡Pero tampoco es un gran honor! Entonces, ¡¿qué tendría de malo si tuviera una gran fortuna?! […] ¿Se habría arruinado algún vasto plan eterno… si yo fuera un hombre rico?».
No bajes la guardia
Un hombre y varios amigos entraron en un centro de esquí que tenía un cartel con advertencia de avalancha y empezaron a tirarse por las laderas. La segunda vez que bajaban, alguien gritó: «¡Avalancha!». Pero el hombre no pudo escapar y murió en medio de la nieve. Alguien lo criticó y dijo que era un novato. Pero no era así; era un «guía rural certificado en avalanchas». Un investigador dijo que los esquiadores más expertos son los más propensos a llegar a deducciones erradas: «[El esquiador] murió porque se confió demasiado y bajó la guardia».
Dios habló
En 1876, el inventor Alexander Graham Bell habló las primeras palabras por un teléfono. Llamó a su asistente, Thomas Watson, diciendo: «Watson, ven. Quiero verte». De forma entrecortada y tenue, aunque comprensible, Watson oyó lo que había dicho Bell. Las primeras palabras de Bell demostraron que había comenzado un nuevo día para la comunicación humana.
De corazón
Una misión de rescate apodada «Operación Arca de Noé» puede sonar divertida para los amantes de los animales, pero fue una pesadilla para la Sociedad de Prevención de la Crueldad Animal en Nassau. Después de recibir quejas por el ruido y el mal olor que salía de una casa, los colaboradores entraron y encontraron (y luego sacaron) más de 400 animales en condiciones de abandono.
Dos casas
Para probar la estabilidad de dos casas, los ingenieros simularon un huracán de categoría 3, usando ventiladores poderosos que produjeron ráfagas de viento de 160 kph durante diez minutos. La primera estaba construida según un código de construcción que no contemplaba huracanes, y la otra fue armada con un techo y pisos reforzados. La primera se sacudió y finalmente colapsó, pero la otra sobrevivió, mostrando solo unos pequeños daños superficiales. Uno de los ingenieros resumió el estudio, preguntando: «¿En qué casa preferirías vivir?».
Un Padre compasivo
Después de que Gabriel, de ocho años, fue operado para extraerle un tumor cerebral, le quedó una cicatriz notoria al costado de la cabeza. Cuando el muchacho dijo que se sentía un monstruo, su padre tuvo una idea: se hizo un tatuaje al costado de la cabeza, igual a la cicatriz de su hijo, para demostrar cuánto lo amaba.
Huéspedes indeseados
Carlos y Alicia tuvieron una luna de miel maravillosa, pero, cuando volvieron a casa, descubrieron que él tenía un sarpullido extraño. Unos pequeños parásitos se le habían metido en los pies a través de ampollas provocadas por sus chancletas nuevas. Lo que empezó como una vacación de ensueño terminó en una batalla contra «huéspedes» indeseados.
¡Puedes lograrlo!
El ánimo es como el oxígeno… no podemos vivir sin él. Esto fue cierto para el pequeño James Savage, de nueve años. El niño nadó más de tres kilómetros, rompiendo el récord de la persona más joven en lograr esa hazaña. Pero, a los 30 minutos de empezar a nadar, las aguas turbulentas y heladas hicieron que quisiera abandonar. Sin embargo, un grupo de remeros le gritaba: «¡Puedes lograrlo!». Las palabras le dieron el impulso que necesitaba para completar su objetivo.
Dios pelea por nosotros
Una madre demostró que nada la detendría de proteger a su hijo. El niño de cinco años estaba jugando afuera, cuando lo oyó gritar. Salió corriendo, y horrorizada, vio que su hijo tenía un «compañero de juego» inesperado: un puma. El gran felino estaba encima del niño con su cabeza en la boca. Recurriendo a la mamá oso en su interior, luchó contra el puma hasta abrirle las quijadas para rescatar a su hijo. La hazaña de esta madre nos recuerda cómo las Escrituras usan la maternidad para ilustrar el amor tenaz de Dios y su protección a sus hijos.