Vidas ofrecidas a Dios
«Estoy agradecido a Dios por su bondad», dice la placa, «por permitirme participar en la construcción de esta gran carretera como marco para la magnífica imagen que Él creó». La inscripción se atribuye al ingeniero Samuel Lancaster en 1915, ubicada en un hermoso mirador escénico en la carretera que diseñó, la cual lleva a los viajeros por el impresionante desfiladero del río Columbia, con bosques, cascadas y rocosos acantilados.
Eterno amado de Dios
Una de las cartas de amor más dramáticas y misteriosas fue escrita por el compositor Ludwig van Beethoven, descubierta después de su muerte en 1827. Escrita apresuradamente, está llena de líneas apasionadas como: «Mi eterna amada […], solo puedo vivir completamente contigo o no vivir en absoluto». Trágicamente, parece que nunca fue enviada y la destinataria sigue siendo desconocida.
La misericordia y nuestro desastre
Durante la escuela dominical, mi paciencia con Pedrito, de tres años, se estaba agotando. Estaba inquieto, trataba mal a los otros niños y se negaba a estar contento, incluso cuando le ofrecíamos los juguetes más codiciados. Mi compasión se transformó en fastidio. Si insistía en ser difícil, lo enviaría de vuelta con sus padres.
Jesús, el mejor regalo
«¿Qué música más dulce podemos traer / que un villancico para cantar/ el nacimiento de nuestro Rey celestial?» (trad. lit.). La letra de este poema del siglo xvii, de Robert Herrick, fue reinterpretada por el compositor coral contemporáneo John Rutter, convirtiéndose en un favorito de la temporada de Adviento. Su suave melodía describe una larga y fría espera que se disipa con la sensación primaveral de la llegada de Jesús. Los cantantes le ofrecen un villancico navideño, mientras se invita a los oyentes a ofrecer sus corazones.
¿Una ciudad que vale la pena buscar?
En mayo de 1925, Percy Fawcett envió una última carta a su esposa antes de ingresar en las inexploradas selvas de Brasil. Buscaba una legendaria y esplendorosa ciudad perdida, decidido a ser el primer explorador en compartir su ubicación después de años de búsqueda. Pero su equipo de exploradores se perdió, la ciudad nunca fue encontrada y muchas expediciones fracasaron en recuperarla.
Mantenerse enseñable en Dios
Cuando Kat supo de su embarazo, abandonó la escuela secundaria para cuidar a su hija. Quince años después, era una esforzada madre de tres hijos que soñaba con convertirse en esteticista profesional. Con humildad y tenacidad, volvió a estudiar en un programa gratuito de desarrollo educacional. Aunque fue humillante volver a la escuela después de tanto tiempo, Kat dijo: «¡Este programa cambió mi vida! Mi profesora fue increíble y me alentó mucho».
Paz con Dios
Cuando acompañé a mi amiga al salón de belleza en su cumpleaños, nos encantaron las atenciones que recibimos. Una música relajante y un asistente personal nos dieron la bienvenida al spa tranquilo y con luz tenue. Toda la experiencia fue calma y reparadora. Sin embargo, tuve que reprimir una risita al ver un cartel en una mesa que afirmaba: «Esta línea de cuidado capilar te da más que un cabello bonito… te da paz mental».
Abrazar la verdad de Cristo
Cuando mi amigo Connor toma fotos con su vieja cámara de carrete, no se molesta en buscar una iluminación atractiva, retocar imperfecciones ni recortar nada antiestético. Sus fotos son auténticas. Se destacan en mis redes sociales frente a fotos muy editadas de personas y lugares maravillosos. Aunque poco convencional, su obra es hermosa porque transmite la realidad.
Hacer lugar para otros
Cada año, mi familia diseña un calendario de pared personalizado, pero últimamente se ha vuelto un poco abarrotado. Decoramos cada mes con nuestras fotos favoritas del año anterior y resaltamos las fechas importantes. Como han ingresado nuevos cónyuges y niños, tuvimos que colocar más fotos para asegurarnos de que estén todos. Ahora hay cumpleaños compartidos y días festivos junto con aniversarios. Pero en lugar de desmerecerlo, todos los nuevos miembros lo hacen aún más valioso para mí.
Los hábitos y el Espíritu Santo
«¿Creciste aquí?». Era difícil responderle a mi dentista porque sus instrumentos para limpiar los dientes todavía estaban en mi boca. Luego explicó que, en 1945, nuestra ciudad se había convertido en la primera del mundo en agregar flúor al agua potable pública. El tratamiento no requiere más de 0,7 miligramos por litro de agua. Sus efectos positivos son evidentes para un profesional capacitado. Pero yo no tenía idea… ¡había estado bebiéndola toda mi vida!