Anhelo de hogar
Ana, el personaje principal de las historias de Ana la de Tejas Verdes, anhelaba una familia. Al ser huérfana, había perdido toda esperanza de encontrar un lugar al cual llamar hogar. Pero luego, se enteró de que un hombre mayor llamado Mateo y su hermana Marilla la recibirían. Camino a casa, Ana se disculpó por hablar tanto, pero Mateo, que era callado, dijo: «Puedes hablar todo lo que quieras. No me molesta». Eso fue música para sus oídos. Sentía que nadie quería tenerla cerca, y mucho menos escucharla. Al llegar, sus esperanzas se truncaron cuando supo que la hermana había supuesto que tendrían a un muchacho para ayudar con la granja. Temía que la devolvieran, pero su anhelo de un hogar se plasmó cuando la hicieron parte de la familia.
Fe inconmovible
Kevin entró en la enfermería a buscar las pertenencias de su padre después de su muerte. El personal le entregó dos cajas pequeñas. Dijo que ese día se dio cuenta de que no se necesitaba abundancia de posesiones para ser feliz.
Vivir por fe
Guille tenía problemas de equilibrio, así que su doctor le prescribió terapia física. Durante una sesión, su terapista le dijo: «Confías demasiado en lo que ves. No dependes lo suficiente de tus otros sistemas —lo que está debajo de tus pies y tus señales en el oído interno—, que también tienen el propósito de mantenerte en equilibrio».
Dios amoroso
En cada ocasión, el profesor terminaba su clase en línea en una de dos maneras. Decía: «Hasta la próxima» o «buen fin de semana». Algunos estudiantes respondían: «Gracias, igualmente». Pero un día, uno contestó: «Lo quiero mucho». Sorprendido, respondió: «¡Yo también!». Esa tarde, los compañeros acordaron crear una «cadena te quiero» para mostrar su aprecio al profesor que tenía que dar clase a una pantalla en su computadora; no en persona, como habría preferido. Días después, cuando terminó de enseñar, el profesor dijo: «Hasta la próxima»; y uno tras otro los alumnos respondieron: «Lo quiero mucho». Así siguieron durante meses. El profesor dijo que eso había creado un vínculo poderoso con sus alumnos y que ahora los siente como «familia».
No temas
A Linus, de la tira cómica Peanuts, se lo conoce por su mantita de apego. La lleva a todos lados y no le da vergüenza. A su hermana Lucy le desagrada especialmente, y a menudo, intenta deshacerse de ella. La entierra, la convierte en una cometa y la usa para un proyecto de la feria de ciencias. Linus también sabe que debería depender menos de su mantita, y de vez en cuando la suelta, pero siempre termina volviendo a ella.
Dios sana lo roto
Carlos y su esposa recorrían la tienda de artesanías, buscando un cuadro para su casa. Él pensó que había encontrado la obra justa, y llamó a Julia para que la viera. Del lado derecho estaba la palabra gracia, pero en el izquierdo había dos roturas largas. «¡Ah, está roto!», dijo ella, mientras empezaba a buscar otro. Pero él señaló: «No. Esa es la idea. Nosotros estamos rotos, y entonces aparece la gracia… se terminó el problema». Y decidieron comprarlo. Al llegar a la caja, la empleada exclamó: «¡Uy, no, está roto!». «Sí, y nosotros también», susurró Julia.
Ayuda mutua
Mientras jugaba básquet con sus amigas, Ámbar vio que sería beneficioso para la comunidad tener una liga femenina. Entonces, comenzó una organización sin fines de lucro para fomentar el trabajo en equipo e impactar a la generación siguiente. Las líderes de Ladies Who Hoop [Mujeres que encestan] se esfuerzan para desarrollar confianza y carácter en mujeres y niñas, y las alientan a volverse importantes contribuyentes de sus comunidades locales. Una de las primeras jugadoras dijo: «Hay tanta camaradería entre nosotras. Era algo que me faltaba. Nos apoyamos unas a otras de tantas maneras. Me encanta ver a las chicas crecer y triunfar».
Ningún malentendido
Alexa, Siri y otros asistentes de voz integrados a dispositivos inteligentes pueden malentender lo que estamos diciendo. Un niño de seis años de edad habló con el nuevo dispositivo de su familia sobre galletas y una casa de muñecas. Más tarde, su mamá recibió un email informándole que un pedido de tres kilos de galletas y una casa de muñecas de 170 dólares estaba en camino. Incluso un loro parlanchín en Londres, cuya dueña jamás había comprado nada en línea, de alguna manera hizo una compra sin que ella se enterara. Una persona le pidió a su dispositivo que encendiera las luces de la sala, y este le respondió: «No hay ninguna pala».
La verdadera naturaleza del amor
Durante la cuarentena por la pandemia, a Julio lo obligaron a cerrar su gimnasio y no tuvo un ingreso durante meses. Un día, recibió un mensaje de texto de un amigo que le pedía que se encontrara con él a las seis de la tarde en sus instalaciones. Julio no estaba seguro de por qué pero fue hasta allí. Al rato, los autos empezaron a aparecer en el estacionamiento. El conductor del primer auto colocó una cesta en la acera cerca del edificio. Después, uno tras otro, unos 50 autos pasaron a saludar, se detuvieron donde estaba la canasta y depositaron alguna tarjeta o dinero.
Escuchar y aprender
De un lado de la calle, el dueño de una casa exhibe en su jardín un águila gigante envuelta en la bandera de Estados Unidos. El enorme camión que está en la salida del garaje tiene una bandera pintada en la ventanilla y varios autoadhesivos patrióticos en el parachoques. Justo enfrente, el jardín de un vecino tiene carteles que enfatizan las cuestiones actuales de justicia social.