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Articles by Amy Boucher Pye

Una cosa es necesaria

En un remoto lugar de la costa inglesa, lideré un retiro sobre el tema de María y Marta, las hermanas de Lázaro, que vivían en Betania y a quienes Jesús amaba (Juan 11:5). Inesperadamente, una tormenta de nieve nos impidió salir, y muchas de las participantes señalaron cómo el día extra juntas significó que pudiéramos practicar sentarnos a los pies de Jesús, como hizo María. Querían experimentar ese «solo una cosa es necesaria» (Lucas 10:42) que Jesús amorosamente le dijo a Marta que debía buscar: acercarse a Él y aprender.

El Dios de las sorpresas

El centro de convenciones se oscureció y miles de estudiantes universitarios inclinamos la cabeza mientras el orador nos guio en una oración de consagración. Cuando pidió que pasaran al frente los que se sintieran llamados a la obra misionera en el extranjero, vi que mi amiga Lynette se levantó, y sabía que estaba prometiendo servir en Filipinas. Pero yo no pasé. Viendo la necesidad en los Estados Unidos, quería compartir el amor de Dios en mi tierra natal. Pero una década después, formé mi hogar en Gran Bretaña, procurando servir a Dios entre las personas que Él me puso de vecinos. Mis ideas de cómo vivir mi vida cambiaron.

Liberación de la esclavitud

«¡Son como Moisés, sacándonos de la esclavitud!», exclamó Jamila. Ella y su familia trabajaban en un horno de ladrillos en Pakistán, y estaban agobiados por la exorbitante cantidad de dinero que le debían al dueño. Gran parte de lo que ganaban lo usaban solo para pagar los intereses. Pero cuando recibieron una donación de una organización sin fines de lucro que los libró de su deuda, sintieron un alivio tremendo. Jamila, que creía en Jesús, comparó lo sucedido con la liberación de la esclavitud que Dios les dio a Moisés y los israelitas.

Empapado por el Espíritu

El escritor Scot McKnight cuenta que, cuando estaba en la escuela secundaria, tuvo lo que llama una «experiencia de ser empapado por el Espíritu». En un campamento, el orador lo desafió a someterse al Espíritu para que Cristo fuera el Señor de su vida. Más tarde, se sentó bajo un árbol y oró: «Padre, perdona mis pecados». Y agrega que sucedió algo poderoso: «El Espíritu Santo entró en mi vida y me llenó. Desde ese momento, mi vida ha sido completamente diferente. No perfecta, sino diferente». De repente, tuvo deseos de leer la Biblia, orar, reunirse con otros creyentes y servir a Dios.

La fe proviene del oír

Cuando el pastor Roberto tuvo una lesión que le afectó la voz, entró en quince años de crisis y depresión. Se preguntaba qué hace un pastor que no puede hablar. Mientras luchaba con esta pregunta, derramaba su angustia y confusión ante Dios. Sabía que lo único que debía hacer era leer la Palabra de Dios. Mientras lo hacía, su amor a Dios fue creciendo. Dijo: «Dediqué mi vida a absorber las Escrituras y sumergirme en ellas, porque la fe viene por oír una y otra vez la palabra de Dios».

Fortalecido por las pruebas

Me inundaron los recuerdos cuando revisaba unos sobres y vi una calcomanía que decía: «Me hicieron una prueba de visión». Evoqué a mi hijo de cuatro años llevando esa pegatina después de que le pusieran gotas para los ojos. Por una debilidad en los músculos oculares, tenía que usar un parche cuatro horas por día en el ojo sano, para obligar al débil a desarrollarse. También necesitó cirugía. Enfrentó un desafío tras otro, buscando consuelo en nosotros, sus padres, y dependiendo de Dios con la fe de un niño. Todo eso lo volvió resiliente.

Tristeza y alegría

Después de la muerte repentina de su sobrino, Angela y sus dos hermanas se reunieron alrededor de la mesa de la cocina durante tres días, y solo se levantaron para comprar una urna, algo de comida y asistir al funeral. Mientras lloraban por su muerte, también se regocijaban por las fotos de la ecografía de una nueva vida que crecía dentro de la hermana menor.

Un amor mayor

Pocos días antes de Semana Santa, cuando los cristianos recuerdan el sacrificio de Jesús y celebran su resurrección, un terrorista irrumpió en un supermercado en el sudoeste de Francia, abrió fuego y mató a dos personas. Después de negociar, liberó a todos los rehenes menos a una, a la que convirtió en un escudo humano. Sabiendo del peligro, el oficial de policía Arnaud Beltrame hizo lo impensable: se ofreció para ocupar el lugar de la mujer. El criminal la liberó, pero en el altercado, Beltrame fue herido y más tarde murió.

Un oasis refrescante

Cuando Andrés y su familia hicieron un safari en Kenia, tuvieron el placer de ver diversos animales que frecuentaban un pequeño lago en un terreno irregular. Jirafas, ñus, hipopótamos y aves acuáticas viajaban a esta fuente de agua vivificante. Mientras observaba, Andrés pensó que «la Biblia es como un bebedero divino»; no solo una fuente de sabiduría y guía, sino un oasis refrescante donde personas de todas las esferas de la vida pueden apagar su sed.

Agua de vida

La vida familiar de Andrea era inestable, y se marchó a los catorce años y buscó trabajo. Como anhelaba amor y afirmación, más adelante fue a vivir con un hombre que la introdujo en el mundo de las drogas, lo cual se sumó al alcohol que ya bebía. Sin embargo, la relación y las sustancias no satisfacían sus anhelos. Siguió buscando, y después de varios años, conoció a unos creyentes en Jesús que le ofrecieron orar por ella. Unos meses después, por fin encontró a Aquel que saciaría su sed de amor: Jesús.