Recuperarse de una traición

En una de sus novelas, Toni Morrison cuenta la historia de Nel y Sula, amigas desde la infancia. Pero esa amistad se desgasta a medida que el egoísmo de Sula crece, culminando en que seduce al esposo de Nel. «¿Por qué no pensaste en mí? —pregunta Nel—. ¿No importaba yo?». Lamentablemente, Sula ni siquiera se preocupa en responder.

Transmítelo

Después de cincuenta y cinco años, la selección de Inglaterra llegó a la final de la Copa Europea de Fútbol. El partido con Italia se decidió por penaltis. La última oportunidad de Inglaterra recayó en un joven jugador: Bukayo Saka. Pero el guardavalla italiano desvió el tiro. Los aficionados ingleses lloraron; la Copa se perdió.

La gloria y majestad de Dios

El techo del Banqueting House en Londres es magnífico. Fue pintado por Sir Peter Paul Rubens entre 1629 y 1634 por encargo del rey Carlos I para glorificar el reinado de su familia. En una de las pinturas, la diosa Minerva celebra los logros del padre de Carlos, el rey Jacobo I. En otra, Jacobo es llevado al cielo sobre las alas de un águila. Al mirar el techo, los invitados a los banquetes recibían un mensaje claro: reyes como Carlos y su padre eran virtualmente divinos.

Imitar el perdón de Dios

Solía trabajar con una mujer llamada Madge, una cocinera maravillosa. «¡Tendrías que probar mi sopa de arvejas con jamón!», me dijo un día. Cuando respondí que no me gustaban las arvejas, sonrió y dijo: «Te gustarán después de probar mi sopa». Al día siguiente, me entregó un recipiente con su sopa, hecha especialmente para mí.

Oración disfrazada

Después de los horrores de Auschwitz, Elie Wiesel perdió su fe. «¿Dónde estabas, Dios de bondad? —preguntó, recordando el mal que él y otros sufrieron—. En mi infancia no esperaba mucho de los seres humanos, pero esperaba todo de ti».

Impulsado por el amor

Emily Kenward caminaba por la calle Lavender, en Brighton, Inglaterra. Tras aceptar poco antes a Jesús como su Salvador, veía la calle de manera diferente. Notó que muchas casas tenían las cortinas cerradas y se veían pocas personas mayores, a pesar de que la zona tenía una alta población de adultos mayores. Entonces, tuvo una idea: investigó dónde vivían los ancianos de Brighton y los invitó a una merienda. Los que asistieron contaron historias similares: vivían solos y solían pasar meses sin ver a nadie. Lo que más anhelaban era una visita.

Definido por Cristo

Hace unos años, el artista Michael Landy enumeró todo lo que poseía: 7.227 pertenencias. Después hizo algo impactante: instaló una fábrica en el distrito comercial más concurrido de Londres y destruyó todo en público. Ropa, obras de arte, cartas de amor, incluso su auto, fueron colocados en una cinta transportadora y triturados. Mientras la gente entraba y salía de las tiendas cercanas, la obra de Landy planteaba una pregunta: «¿Quiénes somos sin nuestras posesiones?».

Un anhelo cumplido

Blas Pascal dijo que hay un «abismo infinito» dentro de nosotros que solo un Dios infinito puede llenar. Agustín oró: «Nos has hecho para ti, oh Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti». David expresó que, como personas sedientas en el desierto, nuestro ser «anhela» a Dios (Salmo 63:1).

Ojos abiertos por Dios

Una tarde, en una cafetería, observé a una niña pequeña con sus padres en una mesa cercana. Mientras ellos conversaban con sus amigos, una paloma entró y comenzó a picotear migajas del suelo. Asombrada ante la escena, la pequeña trató de captar la atención de los adultos con gritos de alegría, pero ellos nunca llegaron a ver lo que ella veía. Solo le sonrieron y siguieron conversando.

La posesión más preciada

Mi padre vio a mi madre por primera vez en una fiesta en Londres. Luego se coló en una segunda fiesta y organizó una tercera, solo para volver a verla. Finalmente, la invitó a dar un paseo, recogiéndola en su viejo Rover sedán, su posesión más preciada.