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Florecer en el desierto

El biólogo estadounidense Edmund Jaeger descubrió que, cada tantos años, en el desierto de Mojave, una abundancia de lluvia genera «tal riqueza de pimpollos que casi cada centímetro de arena queda escondido bajo un manto de flores». Sin embargo, el espectáculo floral del Mojave no es un fenómeno anual. Los investigadores confirman que la tierra seca debe quedar empapada por las tormentas y calentarse luego con el sol en el momento justo, antes de que los pimpollos cubran el desierto con colores vibrantes.

Encontrar el tesoro

Juan y María paseaban a su perro cuando tropezaron con una lata que las lluvias habían desenterrado. Cuando la abrieron, ¡descubrieron monedas de oro antiquísimas! La pareja encontró siete latas más allí, con 1.427 monedas en total.

¿Podemos relajarnos?

Darío entró a la oficina de la kinesióloga sabiendo que experimentaría mucho dolor. Después de sostenerle el brazo en varias posiciones incómodas durante algunos segundos, la kinesióloga le dijo con suavidad: «Bueno, puedes relajarte». Más adelante, él comentó: «Creo que lo escuchaba al menos 50 veces en cada sesión de kinesiología: “Bueno, puedes relajarte”».

Las vigilias de la noche

Cuando estaba en la universidad, pasaba mis veranos trabajando en una hostería en las montañas. A los miembros del personal se les iba asignando por turnos la «vigilia de la noche»: quedarse cuidando que no hubiera ningún incendio forestal. Lo que al principio parecía una tarea agotadora e ingrata, se transformó en una oportunidad para estar quieto, reflexionar y hallar…

A la imagen de Dios

Cuando su piel morena comenzó a perder color, una joven se sintió aterrada, como si estuviera perdiendo su «esencia». Con un exceso de maquillaje, se cubría las «manchas», como ella las llamaba: porciones de piel más clara causadas por una afección llamada vitíligo. Se trata de una pérdida del pigmento cutáneo melanina.

Objetos en el espejo

«Avancemos… Más… Rápido», dice el Dr. Ian Malcolm en la emblemática escena de la película Jurassic Park, mientras huyen de un tiranosaurio en un Jeep. Cuando el conductor mira por el retrovisor, ve la mandíbula del furioso reptil, justo encima de las palabras: «Los objetos en el espejo pueden estar más cerca de lo que parecen».

Estoy aquí para ti

En muchas ciudades grandes del mundo —entre ellas, París—, la gente se ocupa de ayudar a las personas sin techo en sus comunidades. Cubierta con bolsas impermeables, se cuelga ropa en lugares determinados para que esas personas que viven en la calle las lleven, según lo que necesiten. Las bolsas dicen en su etiqueta: «No estoy perdida; estoy aquí para ti si tienes frío». El emprendimiento no solo abriga a los que no tienen un refugio, sino que también le enseña a la comunidad cuán importante es ayudar a los necesitados.

Amor sin temor

Durante años, usé un escudo de temor para protegerme. Eso se convirtió en una excusa para evitar probar cosas nuevas, seguir mis sueños y obedecer a Dios. El temor a las pérdidas, la angustia y el rechazo me impedían amar al Señor y a los demás. El miedo me convirtió en una esposa insegura, ansiosa y celosa, y en una madre sobreprotectora y preocupada. No obstante, a medida que aprendo cuánto me ama Dios, mi forma de relacionarme con Él y los demás está cambiando. Como sé que el Señor se ocupa de mí, me siento más segura y dispuesta a poner las necesidades de los demás por encima de las mías.

La cama vacía

Estaba ansioso por regresar al Dispensario Saint James, en Montego, Jamaica, y volver a ver a Rendell, quien dos años antes había conocido sobre el amor de Jesús por él. Evie, una adolescente del coro con el que yo viajaba todas las primaveras, le había explicado el evangelio, y él recibió a Cristo como su Salvador personal.

Nunca solos

Mientras redactaba una guía bíblica para pastores de Indonesia, un escritor amigo quedó fascinado con la cultura de unidad de esa nación. Llamada gotong royong —«ayuda mutua»—, el concepto se practica en aldeas, donde los vecinos trabajan juntos para reparar techos o reconstruir puentes o senderos. También en las ciudades, según dice mi amigo: «Las personas siempre van acompañadas; por ejemplo, a una cita con el médico. Es la norma cultural. Por eso, uno nunca está solo».