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Usa tu voz

Me invitaron a conocer a un pianista mundialmente famoso. Como crecí inmerso en música —tocando el violín y el piano, e inicialmente cantando solos en la iglesia y otros eventos—, me emocionó la oportunidad.

Cuando llegué, me di cuenta de que él hablaba poco inglés, y para sorpresa mía, me dio un violonchelo para que tocara… un instrumento que nunca había ejecutado. Insistió…

Vivir. Orar. Amar.

Por la influencia de padres fieles creyentes en Cristo, el destacado atleta Jesse Owens fue un valeroso hombre de fe. En los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, fue uno de los pocos afroamericanos del equipo de Estados Unidos que recibió cuatro medallas doradas en presencia de los renegados nazis y su líder Hitler. También se hizo amigo del atleta alemán Luz Long. Rodeado de propaganda nazi, el simple acto de poner en práctica su fe impactó a Luz. Al tiempo, este le escribió a Owens: «Aquel momento en Berlín en que hablé por primera vez contigo, cuando estabas arrodillado, supe que estabas orando… pienso que podría creer en Dios».

Una razón para cantar

Para un hombre que vive según códigos, por así decir, me pareció un gran fracaso. ¿Qué podía hacer? Y bueno, me quedé dormido. Nuestros hijos tienen un horario establecido para volver a casa cuando salen de noche. Son chicos buenos, pero yo acostumbro esperar hasta que escucho que abren la puerta de casa. Quiero saber que llegaron bien. No tengo que hacerlo, pero lo hago porque quiero. Pero una noche, me desperté con mi hija diciéndome sonriente: «Papá, llegué bien. Deberías irte a la cama». A pesar de nuestras mejores intenciones, a veces, los padres se duermen en sus puestos. Fue muy humillante, pero también muy humano.

Otra oportunidad

En la tienda de bicicletas Segunda Oportunidad, los voluntarios arreglan bicicletas desechadas y las donan a niños pobres. Su fundador, Ernie Clark, también las da a adultos necesitados, sin hogar, discapacitados y a veteranos militares que luchan por sobrevivir en la vida civil. No solo las bicicletas tienen una segunda oportunidad, sino que también los receptores logran a veces empezar de nuevo.

Sorprendido por la sabiduría

«Parece que cuanto más vieja me vuelvo yo, más sabio te vuelves tú. A veces, cuando le hablo a mi hijo, ¡es como si oyera que tus palabras salen de mi boca!».

¡Tienes que relajarte!

«Debes relajarte», ordena secamente un doctor en la película de Disney Bernardo y Bianca en Cangurolandia, intentando curar al lesionado albatros Wilbur, un paciente reacio. «¿Relajarme? ¡Estoy relajado! —responde con sarcasmo el claramente no relajado Wilbur, casi muerto de miedo— Si estuviera más relajado, ¡estaría muerto!».

Corazón de siervo

Cocinera, organizadora de eventos, nutricionista, enfermera. Estas son solo algunas de las responsabilidades habituales de las madres. En 2016, unas investigaciones estimaron que las madres trabajan entre 59 y 96 horas por semana en tareas relacionadas a los hijos.

Más que agudezas

Hace poco, apliqué una «agudeza» (una solución ingeniosa para un problema complicado) después de que mi nieta calentó su conejo de juguete junto al vidrio de nuestra chimenea. Como la falsa piel de conejo quedó pegoteada y se veía mal, un experto en chimeneas brindó una excelente agudeza: un consejo sobre cómo hacer que el vidrio pareciera nuevo. Funcionó… ¡y ahora ya no permitimos que los animales de peluche se acerquen a la chimenea!

Cambios en la vida

Esteban creció en una zona difícil del este de Londres, y a los diez años ya había cometido un delito. Dijo: «Si todos venden drogas y cometen robos y fraudes, uno hace lo mismo. Es solo un estilo de vida». Pero cuando cumplió veinte, tuvo un sueño que lo cambió: «Escuché a Dios que me decía: “Irás a la cárcel por asesinato”». Ese vívido sueño le sirvió de advertencia, y se volvió a Dios y aceptó a Cristo como Salvador; y el Espíritu Santo transformó su vida.

Tocado por la gracia

En la novela de Leif Enger, Paz cual un río, Jeremiah Land es un padre soltero de tres hijos que trabaja de conserje en una escuela. También es un hombre de una fe profunda —y a veces milagrosa— que es probada con frecuencia.