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Lava en el paraíso

Todo está en silencio, excepto por los tentáculos de lava ardiente que se deslizan lentamente por los bordes del follaje tropical. Los residentes están cabizbajos, aunque maravillados. Por lo general, llaman al lugar un «paraíso»; pero hoy, las fisuras encendidas en el distrito de Puna, en Hawái, les recuerdan a todos que Dios formó esas islas mediante un poder volcánico indomable.

Oraciones perseverantes

«Las oraciones son inmortales» es la llamativa frase de E. M. Bounds, cuyos escritos clásicos sobre la oración han inspirado a varias generaciones. Sus comentarios sobre el poder y la naturaleza perdurable de nuestras oraciones siguen diciendo: «La muerte puede cerrar los labios que las han expresado, el corazón que las sintió quizá deje de latir, pero las oraciones continúan vivas delante de Dios; […] sobreviven a una generación, a una era, a un mundo».

¡Fue asombroso!

Era la primera carrera a campo traviesa de los alumnos de séptimo grado, pero ella no quería correr. Aunque se había preparado, tenía miedo de que le fuera mal. De todos modos, empezó a correr. Uno tras otro, el resto de los corredores completó los poco más de tres kilómetros y cruzó la línea de llegada; todos, excepto la reacia corredora. Finalmente, su mamá vio una figura solitaria a lo lejos, y fue a la llegada con la intención de consolar a una angustiada competidora. Sin embargo, cuando la niña vio a su madre, le dijo: «¡Fue asombroso!».

«Lo amo, como un mundo entero»

Mi sobrina de tres años, Jenna, tiene una expresión que siempre me derrite el corazón. Cuando le encanta algo (realmente lo ama) —ya sea pastel de banana, saltar en el trampolín o jugar frisbee— exclama: «Lo amo, como un mundo entero», acompañando ese «mundo entero» con expresivos movimientos de los brazos.

Nunca pierdas la esperanza

Cuando a mi amiga le diagnosticaron cáncer, el médico le aconsejó que pusiera sus asuntos en orden. Me llamó llorando, preocupada por su esposo y sus hijos pequeños. Compartí su urgente pedido de oración con nuestros amigos en común. Luego nos alegramos cuando un segundo médico la alentó a no perder la esperanza y le aseguró que su equipo haría todo lo posible para ayudarla. Aunque tuvo días más difíciles que otros, se centró en Dios en vez de en las pocas probabilidades de mejorarse. Nunca se rindió.

Haz lo que se te presente

¿Cuándo fue la última vez que te sentiste impulsado a ayudar a alguien, pero pasó el momento y no hiciste nada? En The 10-Second Rule [La regla de los 10 segundos], Clare De Graaf sugiere que los impulsos diarios pueden ser una forma en que Dios no llama a profundizar nuestro andar con Él; a una vida de obediencia impulsada por el amor al Señor. El libro alienta a «hacer lo que se te presente y estés razonablemente seguro de que Jesús quiere que hagas», y a hacerlo de inmediato, «antes de que cambies de idea».

Ya no tengo miedo

Cuando la policía etíope la encontró, después de una semana de su secuestro, la niña de doce años estaba rodeada de tres leones que la cuidaban como si fuera de ellos. Siete hombres la habían raptado, llevado al bosque y golpeado. De manera milagrosa, esos leones escucharon los gritos de la niña, fueron corriendo y ahuyentaron a los atacantes. El sargento Wondimu le dijo a un reportero: «[Los leones] se quedaron protegiéndola hasta que la encontramos, y la dejaron como un regalo y volvieron al bosque».

Nueva humanidad

Mientras visitaba la galería Tate Modern, en Londres, una obra de arte captó mi atención. Era una torre gigante hecha de cientos de radios viejas. Estaban todas encendidas en una estación diferente, lo cual creaba una cacofonía de conversaciones confusas e indescifrables. Cildo Meireles, su creador, la llamó Babel.

El lugar más seguro

Cuando el huracán Florence se acercaba devastador a Wilmington, Carolina del Norte, mi hija se preparó para dejar su casa. Había aguardado hasta último momento, esperando que la tormenta se desviara, pero ya estaba seleccionando urgentemente qué papeles importantes, fotos y pertenencias se llevaría. «No pensé que sería tan difícil partir —me dijo después—, pero en ese momento, no sabía si encontraría algo cuando volviera».

Historias de cicatrices

La mariposa iba y venía entre los pensamientos, las hermosas flores de mi madre. Cuando yo era niña, anhelaba atraparlas. Corrí del jardín a la cocina para agarrar una jarra de vidrio, pero en el apuro, tropecé y me caí sobre el piso de cemento del patio. La jarra se hizo añicos y dejó mi muñeca con un horrible corte que requirió 18 puntos para cerrarlo. Hoy, la cicatriz se extiende como una oruga por mi muñeca relatando la historia, tanto de la herida como de su cura.