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No temeré mal alguno

En 1957, Melba Pattillo Beals fue seleccionada para los «Nueve de Little Rock», un grupo de nueve estudiantes afroamericanos que se incorporaron a la Escuela Secundaria Central de Little Rock, donde anteriormente, todos los alumnos eran blancos. En su libro de memorias, en 2018, Beals relata la conmovedora historia de injusticias y acoso que enfrentó valientemente cada día cuando tenía quince años.

Cuando sabemos quién gana

Mi supervisor es fanático de un equipo de básquet universitario. Este año, ganaron el campeonato nacional, así que un compañero de trabajo le escribió, felicitándolo. ¡El único problema fue que mi jefe todavía no había podido ver el último partido! Este dijo que estaba frustrado, pero admitió que al menos, cuando lo vio, no se puso nervioso cuando el marcador era tan ajustado cerca del final. ¡Ya sabía quién había ganado!

Líneas azules

Las pistas de carreras de esquí de montaña suelen marcarse con franjas de pintura azul rociada sobre la superficie de nieve blanca. Las toscas curvas pueden distraer la visual de los espectadores, pero son indudablemente vitales, tanto para el éxito como la seguridad de los competidores. La pintura sirve de guía para que los esquiadores visualicen el recorrido más veloz hacia el pie de la colina. Además, el contraste de la pintura contra la nieve los ayuda con la perspectiva, que es fundamental para protegerlos al andar a tan alta velocidad.

Caminar hacia atrás

Flannery O’Connor, quien llegó a ser una aclamada escritora estadounidense, también atrajo la curiosidad de muchos porque a los seis años de edad y en la granja de su familia, le enseñó a su gallina a caminar hacia atrás. Este suceso, además de resultarme novedoso, me pareció una metáfora perfecta. Debido a su sensibilidad literaria y sus convicciones espirituales, Flannery pasó 39 años de su vida caminando hacia atrás: pensando y escribiendo en dirección contraria a la cultura reinante. Todos quedaban totalmente desconcertados por la forma en que sus temas bíblicos iban en contra de las perspectivas religiosas esperadas.

Sí, claro

Silvia se acomodó en un sillón después de un largo día. Miró por la ventana y vio a una pareja anciana luchando para mover un trozo de una cerca vieja que tenía una etiqueta que decía: «gratis». Silvia llamó a su esposo y fueron a ayudarlos. Los cuatro se esforzaron para subir la cerca a un carro y empujarlo hasta la casa de la pareja, a la vuelta de la esquina, riéndose todos en el trayecto por el espectáculo que darían. Cuando volvieron para buscar la segunda parte, la mujer le preguntó a Silvia: «¿Ser mi amiga?». «Sí, claro», le contestó. Más tarde, se enteró de que su nueva amiga vietnamita sabía poco inglés y que se sentía sola, lejos de sus hijos.

La última palabra

Se llamaba Saralyn, y era la chica que me gustaba en la escuela. No sé si ella se daba cuenta de lo que yo sentía, pero sospecho que sí. Después de graduarnos, le perdí el rastro. Nuestras vidas fueron en diferente dirección, como suele suceder.

Luz guiadora

El restaurante era encantador, pero oscuro. Solo iluminaba una pequeña vela en cada mesa. Para poder ver, la gente usaba la linterna de sus teléfonos para leer el menú, mirar a sus compañeros de mesa y ver lo que estaba comiendo.

¡Está resbaladizo!

Hace años, cuando estaba aprendiendo a esquiar, seguí a mi hijo Josh en lo que parecía una pendiente leve. Con los ojos fijos en él, no me di cuenta de que había girado hacia la bajada más rápida de la montaña, así que me encontré intentando doblar de golpe, totalmente fuera de control. Por supuesto, caí violentamente.

Un legado duradero

Tomás Edison inventó la primera bombilla de luz eléctrica. Jonás Salk desarrolló una efectiva vacuna contra la poliomielitis. Amy Charmichael escribió muchos de los himnos que cantamos en la iglesia. ¿Y tú? ¿Por qué estás en este mundo? ¿En qué invertirás tu vida?

Inalterable

Hace poco, mi esposa y yo viajamos a Santa Bárbara, California —la ciudad donde nos conocimos y enamoramos hace 35 años— para asistir a nuestra reunión de exalumnos. Planeamos visitar varios lugares donde pasamos algunos de los mejores momentos juntos, pero cuando llegamos a nuestro restaurante mejicano favorito, nos encontramos con una tienda de artículos de construcción. Solo quedaba en la pared una gastada placa de hierro en conmemoración de las cuatro décadas de servicio a la comunidad de aquel restaurante.