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Amar orando

«¿La gente sigue orando por mí?».

Ahora, ¿y luego qué?

Hace poco, asistí a una graduación de escuela secundaria, en la que el orador presentó un desafío imprescindible para los jóvenes que esperaban recibir sus diplomas. Dijo que era un momento en que todos les preguntaban: «¿Qué vas a hacer ahora?». Qué carrera les gustaría seguir, y a qué universidad iban a ir o dónde trabajarían. Pero luego, dijo que la pregunta más importante era qué estaban haciendo ahora.

Fracasar de nuevo

En la época en que preparaba sermones, algunos domingos por la mañana me sentía como un pobre gusano. No había sido el mejor esposo, padre ni amigo. Creía que antes de que Dios pudiera utilizarme otra vez, tenía que cumplir con una serie de requisitos de rectitud. Entonces, prometía dar el mensaje lo mejor posible y tratar de vivir mejor la semana siguiente.

Dios entiende

Después de mudarse, Diego, de siete años, se quejaba mientras se preparaba para un campamento de verano en su nueva escuela. La madre lo alentaba asegurándole que entendía que el cambio era duro. Una mañana, el enojo del niño parecía exagerado. Compasivamente, ella le preguntó: «Hijo, ¿qué es lo que más te molesta?». Mirando por la ventana, él se encogió de hombres y dijo: «No lo sé, mamá. Siento muchas cosas».

¡Habla!

Brenda exclamó a su compañera de trabajo en el restaurante: «¡Ese es el hombre! ¡Ese es el hombre!». Se refería a Melvin, a quien había conocido antes bajo circunstancias diferentes. Mientras cortaba el césped de la iglesia, el Espíritu lo impulsó a hablar con una mujer que parecía ser prostituta. Cuando la invitó a la iglesia, ella respondió: «¿Usted sabe lo que hago? No querrían que entrara». Cuando Melvin le habló del amor de Jesús y de su poder para cambiar su vida, ella comenzó a llorar. Unas semanas después, Brenda estaba trabajando en un entorno distinto… una prueba viviente del poder de Cristo para cambiar vidas.

Temores irracionales

Carece de toda lógica, pero cuando mis padres murieron en un lapso de tres meses, temía que se olvidaran de mí. Por supuesto que ya no estaban más en la tierra, pero eso me dejó una enorme incertidumbre. Era una adulta joven soltera, y me preguntaba cómo seguir la vida sin ellos. Sintiéndome realmente sola y solitaria, busqué a Dios.

La galería de los susurros

En la cúpula de la Catedral de San Pablo, en Londres, los visitantes pueden subir 259 escalones hasta la Galería de los Susurros, donde uno puede susurrar palabras que otros podrán oír en toda la circunferencia de la pasarela y hasta unos 30 metros de distancia. Los ingenieros explican que esto se debe a la forma esférica de la cúpula y las ondas de baja intensidad de los susurros.

Sufrir juntos

En 2013, James McConnell, un veterano de guerra de la Marina Real Británica, murió a los 70 años de edad. Como no tenía familia, el personal del hogar de ancianos donde vivía temía que nadie asistiera a su funeral. El hombre designado para oficiar su servicio de recordación publicó en Facebook: «En esta época, es trágico que alguien tenga que dejar este mundo sin que nadie lamente su partida, pero este hombre era familia […]. Si puedes, trata de acercarte a su tumba […] para honrar a este hermano de armas». ¡Doscientos marinos colmaron los asientos!

El siervo oye

Si la radio hubiese estado encendida, habrían sabido que el Titanic se estaba hundiendo. Cyril Evans, el operador de radio de otro barco, había tratado de enviar un mensaje a Jack Phillips, el operador del Titanic, para avisarle que habían encontrado una capa de hielo. Pero Phillips estaba ocupado enviando mensajes de los pasajeros y le dijo a Evans que se…

Autoexamen

Hace poco, leí varias cartas que mi padre le envió a mi mamá durante la Segunda Guerra Mundial. Él estaba en el norte de África, y ella, en Estados Unidos. Mi papá, subteniente del ejército norteamericano, estaba encargado de censurar las cartas de los soldados, para evitar que el enemigo se enterara de información reservada. Fue cómico ver en el…