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Dios de las profundidades

«Cada vez que tomas una muestra en lo profundo del mar, encuentras especies nuevas», dijo el biólogo marino Ward Appeltans. En el último año, se han identificado 1.451 clases nuevas de vida marina. No conocemos ni la mitad de lo que está allí abajo.

¡Calla, alma mía!

Imagina a un padre o una madre con el dedo extendido sobre su nariz y su boca, tranquilizando a su hijo con palabras suaves: «shhh… está todo bien». El gesto y las palabras sencillas buscan consolar y tranquilizar al pequeño en su descontento, incomodidad o dolor. Escenas como esta son universales y constantes, y casi todos hemos dado o recibido tales expresiones de amor. Esta es la imagen que me viene a la mente cuando medito en el Salmo 131:2.

Muchos dones, un propósito

El maíz, también llamado mijo, es el alimento básico en mi país natal, México. Hay una enorme cantidad de variedades: con mazorcas amarillas, marrones, rojas, negras, e incluso unas con diseños hermosos. Pero la gente de las ciudades no suele comer estos últimos. Amado Ramírez, investigador y dueño de un restaurante, explica que esa gente cree que uniformidad es sinónimo de calidad. Sin embargo, esas mazorcas se usan para hacer tortillas excelentes y muy sabrosas.

Declaración de dependencia

La madre de Laura luchaba contra el cáncer. Una mañana, una amiga de Laura, quien, por años, había quedado minusválida por una parálisis cerebral, oró con ella: «Señor, tú haces todo por mí. Por favor, haz todo por la mamá de Laura».

Belleza oculta

Nuestros hijos necesitaron cierta persuasión para aceptar que valía la pena usar el equipo de snorkel para ver debajo de la superficie del Mar Caribe. Sin embargo, después de sumergirse, salieron extasiados: «¡Hay miles de peces de todos colores! ¡Es hermoso! ¡Nunca vimos peces tan coloridos!».

La gran creación de Dios

Hace poco, fuimos a visitar a nuestros nietos, y nos encantó ver las imágenes de una cámara web que enfocaba a una familia de águilas. Todos los días, observábamos a la mamá, el papá y el bebé mientras seguían su rutina diaria en el nido ubicado a bastante altura del suelo. Los padres vigilaban constantemente para proteger el aguilucho, y le llevaban peces de un río cercano, para alimentarlo.

Un mundo perfecto

A Catalina le asignaron la tarea escolar de escribir un ensayo titulado «Mi mundo perfecto». Escribió: «En mi mundo perfecto, […] el helado es gratis, los dulces están por todas partes, y el cielo está azul todo el tiempo y con unas pocas nubes de formas interesantes». Luego, su ensayo se volvió más serio. Continuó diciendo que, en ese mundo: «Nadie regresará a casa con malas noticias. Y nadie tendrá que estar encargado de darlas».

Te veo

Cuando Xavier tenía dos años, iba de un pasillo a otro por una pequeña zapatería. Escondido detrás de las cajas de zapatos, se reía cuando Alan, mi esposo, decía: «Te veooo».

Vidas que testifican

Mientras me hospedaba en un hotel, noté una tarjeta sobre el escritorio de mi cuarto, que decía: Bienvenido Nuestra oración es que tenga una estadía reposada y un viaje fructífero.

¿Cómo es Dios?

Para celebrar una fecha especial, mi esposo me llevó a una galería de arte y dijo que podía elegir un cuadro, para regalármelo. Escogí uno pequeño de un arroyo que corría por un bosque. La corriente ocupaba casi toda la tela, así que gran parte del cielo no se veía. No obstante, el reflejo en el agua revelaba dónde estaban el sol, las copas de los árboles y la atmósfera brumosa. La única manera de «ver» el cielo era mirando la superficie del agua.