Categoría  |  Nuestro Pan Diario

Alabar la misericordia de Dios

Un integrante de nuestro grupo de estudio bíblico sugirió: «¡Escribamos nuestros propios salmos!». Al principio, algunos protestaron, diciendo que no eran buenos para escribir, pero después de un poco de estímulo, todos escribimos una conmovedora poesía en la que relatábamos cómo estaba obrando Dios en nuestras vidas. Como en el Salmo 136, cada escrito revelaba la verdad de que la misericordia de Dios es para siempre.

Libertad para seguir

Una vez, mi entrenador de atletismo en la escuela secundaria me aconsejó antes de una carrera: «No trates de ir primera. Por lo general, los que lideran se agotan demasiado rápido». Y me sugirió que siguiera de cerca a los corredores más veloces. Al dejar que ellos establecieran el ritmo, podría conservar la fuerza física y mental necesaria para terminar bien la carrera.

Dios en acción

«¿Cómo has visto a Dios en acción últimamente?», les pregunté a unos amigos. Uno contestó: «Lo veo obrar cuando leo las Escrituras todas las mañanas; lo veo obrar cuando me ayuda a enfrentar cada nuevo día; lo veo obrar cuando sé que ha estado a mi lado a cada paso del camino. Me doy cuenta de que me ha ayudado a enfrentar los desafíos y que, al mismo tiempo, me da gozo». Me encanta su respuesta porque refleja la forma en que, a través de la Palabra de Dios y la morada del Espíritu Santo, el Señor está cerca de aquellos que lo aman, y cómo obra a través de ellos.

Las apariencias engañan

«¡Oye! —me dijo mi esposa por teléfono—. ¡Hay un mono en nuestro jardín!». Y giró el aparato para que escuchara. Y sí, sonaba como un mono, lo cual es raro, ya que el mono salvaje más cercano estaba a más de 3.000 kilómetros de distancia.

Tesoro en el cielo

Cuando era niña, con mis hermanas nos gustaba sentarnos una al lado de la otra sobre el baúl grande de cedro de mamá. Allí, ella guardaba nuestros suéteres de lana y las manualidades en crochet y bordadas de la abuela. Valoraba mucho el contenido del baúl, y confiaba en que el olor fuerte de la madera de cedro espantara las polillas, para que no destruyeran lo que estaba adentro.

Tomarse el tiempo

Rima, una mujer siria que acababa de mudarse a los Estados Unidos, trataba de explicar con ademanes y su limitado inglés por qué estaba decepcionada. Con lágrimas, mostraba un plato hermosamente adornado de fatayer (tartaletas de carne, queso y espinaca) que había preparado. Dijo: «Un hombre», y señaló de la puerta a la sala y de nuevo a la puerta. Su tutor sabía que personas de una iglesia cercana irían a visitarla y llevarle regalos. Pero apareció solamente un hombre; entró apurado, dejó las cajas y se fue, solo para cumplir con su responsabilidad, mientras que Rima y su familia anhelaban compartir su fatayer con sus nuevos amigos.

Perseverar con paz

Mientras sigo confiando en Dios a través de mis luchas con el dolor crónico, aun las dificultades más simples pueden parecer un ataque feroz del enemigo. Problema uno me golpea por la derecha. Problema dos me ataca desde atrás. Problema tres me da un puñetazo en la nariz. En esos momentos, cuando me faltan las fuerzas y no encuentro alivio inmediato, correr y esconderme parece ser una buena idea. Pero, como el dolor no me permite escapar, cambiar las circunstancias ni ignorar mis emociones, estoy aprendiendo lentamente a descansar en Dios para que me sostenga.

La tierra que está lejos

Amy Carmichael es conocida por su labor de rescatar niñas huérfanas en la India. En medio de su tarea agotadora, atravesaba lo que llamaba «momentos de visión». En su libro Gold by Moonlight [Oro a la luz de la luna], escribió: «En medio de un día atiborrado, casi podemos ver “la tierra que está lejos”; y quedamos quietos, absortos en el camino».

Sin retorno

No era tan solo cruzar un río. Por ley, ningún general romano podía introducir sus tropas armadas en Roma. Por eso, cuando Julio César cruzó con su Legio xiii el río Rubicón para entrar en Italia, en el 49 a.C., se consideró un acto de traición. El impacto de su decisión fue irreversible, ya que le siguieron años de guerra civil. Aún hoy, la frase «cruzar el Rubicón» es una metáfora de «llegar a un punto donde no hay retorno».

Seguir la guía de Dios

En agosto de 2015, cuando me preparaba para asistir a una universidad a un par de horas de mi casa, me di cuenta de que tal vez no regresaría a vivir allí después de graduarme. Mi mente se volvió un torbellino: ¿Cómo podré dejar mi casa, mi familia, mi iglesia? ¿Y si Dios me llama a otro estado u otro país?