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Articles by Nancy Gavilanes

Un verdadero tesoro

Jaime lanzó una larga cuerda con un imán a las aguas de un lago de Nueva York. Quedó atónito cuando sacó una mugrienta caja fuerte llena de fangosos billetes de cien dólares. La policía dijo que podía quedarse con el dinero, ya que no estaba vinculado a ningún delito.

Plan de rescate de Dios

Un padre se enteró de que su hija de cinco años había caído por la borda desde el crucero en el que viajaban y se lanzó al océano para rescatarla. Se aferró a ella mientras se mantuvo a flote por más de diez minutos, hasta que el equipo de rescate del barco los llevó sanos y salvos a bordo. En cuanto el padre supo que su hija estaba en peligro, arriesgó todo para salvarla.

Consuelo divino

El sonido del agua confirmó que había llegado a las piscinas conmemorativas del 11 de septiembre en la ciudad de Nueva York, un lugar que había evitado visitar por temor a sentirme triste y dolida por lo que ocurrió allí en 2001. Caminé por donde antes se alzaban las Torres Gemelas. Fue profundamente conmovedor ver grabados los nombres de quienes murieron; algunos con rosas colocadas por sus seres queridos.

Preciosas palabras de despedida

Mi amigo José estaba en cuidados paliativos. Había estado lúcido en mi visita anterior, pero una semana después, estaba frágil y sin habla. Al final de la que sería mi última visita, fui la última en la sala con él. Finalmente, me dirigí hacia la puerta, pero me volví una última vez para decir: «Te quiero», sin esperar respuesta. Entonces, vi a José moviendo los labios. Me respondió: «Te quiero».

Compartir nuestros dones espirituales

«Eres bueno tocando la guitarra», le dije a un nuevo amigo en la iglesia. «Gracias —respondió—. Es mi ministerio». Otra vez esa palabra: ministerio. No sabía qué era exactamente ni cómo alguien «tenía» un ministerio, pero mi amigo simplemente estaba usando el talento musical que se le había dado para servir a otros. Cuando descubrí que uno de mis dones era la exhortación, o animar, me sentí un poco decepcionada. Me parecía demasiado sencillo. Pero pronto comprendí que, como líder en nuestro pequeño grupo, me alegraba escribir notas de aliento o llamar a nuestros integrantes. Estaba usando uno de mis dones espirituales sin siquiera saberlo.

Andar por fe

La mujer subía con cautela cada escalón de la iglesia para el servicio de esa noche. Cuando se detuvo por el dolor o la falta de aire, un hombre que pasaba le dijo: «Un paso a la vez. Es la única manera de lograrlo. Tómalo con calma». Su intención fue animarla, y quizá le dio el impulso que necesitaba para llegar hasta arriba. Eso también alentó mi alma cansada durante mi visita aquella noche.

Correr hacia Dios en oración

En un momento, Adrián Simancas iba en un kayak junto a su padre en el Estrecho de Magallanes, en Chile. Al siguiente, al joven lo embocó una ballena jorobada. «Pensé que estaba muerto», contó Adrián a un medio de comunicación. Segundos después, la ballena lo soltó en las aguas heladas. Su chaleco salvavidas lo hizo flotar y su padre lo ayudó a ponerse a salvo.

Esperar en Dios

Cuando era niña, me entusiasmaba al ver coloridos carteles especiales al costado del camino. Creía que ya habíamos llegado al parque de diversiones al que íbamos. Comenzaba alegremente a recoger mis cosas, solo para decepcionarme al ver más carteles y tener que esperar aún más antes de llegar. Finalmente, entendí que esos carteles anunciaban que los visitantes estaban cerca, pero que aún faltaban unos kilómetros.

Crecer en el conocimiento de Dios

No bien me lancé a la piscina, mis gafas se llenaron de agua y apenas podía ver. A pesar de no haber tomado clases de natación, perseveré lentamente durante las dos vueltas de una carrera en la que me había inscrito impulsivamente. Como adolescente, fue una experiencia embarazosa. Pero años después, disfruté tomando clases y aprendiendo las técnicas adecuadas de los cuatro estilos de nado.

Perdido, pero ahora encontrado

Cuando visité la región amazónica de Ecuador con mi padre hace muchos años, hicimos un divertido paseo en lancha hacia una pequeña aldea para conocer el lugar y aprender sobre las tribus locales. Mi querido papá me compró joyas artesanales, incluido un par de pendientes. Solo los usaba en ocasiones especiales, como cuando fui a visitar a mi hermana por mi cumpleaños. Al regresar de ese viaje, me horrorizó descubrir que había perdido uno. Busqué por todas partes.